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En busca del auténtico velo de la Verónica

La búsqueda del velo de la Verónica es un reflejo de la vida cristiana, porque “buscar el rostro de Jesús debe ser el anhelo de todos los cristianos”, como decía Benedicto XVI. Explicamos el origen y las vicisitudes de esta reliquia en el XX aniversario de la visita del entonces Papa al santuario de Manoppello.

Por Rubén Risco

Verónica, según la tradición, era una de las mujeres que acompañaban a Jesús. No aparece en los evangelios canónicos, sino en el apócrifo Evangelio de Nicodemo o Actas de Pilato, donde es identificada como la hemorroísa del Evangelio.

Del velo no hay noticia hasta el Cura Sanitatis Tiberii (s. VII), donde se cuenta que el emperador Tiberio fue curado al contacto con el mismo. La devoción a la santa y su velo se extendió durante la Edad Media ligada al viacrucis, conformando la sexta estación.

La beata Emmerick

Otra fuente notable de la existencia del velo son las visiones de la beata estigmatizada Ana Catalina Emmerick (1774-1824), transcritas por el poeta romántico Clemens Brentano (1778-1842).

La monja alemana narra así el encuentro de Verónica con Cristo:

“Salió de una hermosa casa situada a la izquierda, y se puso delante. Era Serafia, mujer de Sirac, miembro del Consejo del templo, que (se) llamó Verónica, de Vera Icon (verdadero retrato), a causa de lo que hizo ese día”.

Y continúa: “Los que iban delante quisieron rechazarla; mas ella se abrió paso en medio de la multitud, de los soldados y de los alguaciles: llegó hasta Jesús, se arrodilló, y le presentó el lienzo extendido, diciendo: ‘Permitidme que limpie la cara de mi Señor’. El Señor tomó el paño, lo aplicó sobre su cara ensangrentada, y se lo devolvió, dándole las gracias. […] Un amigo que venía a verla la halló al lado de un lienzo extendido, en que la cara ensangrentada de Jesús se veía estampada de un modo maravilloso”.

Los cuatro velos

Varios velos pugnan por ser el auténtico, mas el problema tiene dos posibles soluciones. La primera es que, según una tradición, la Verónica llevaba el velo doblado en cuatro partes, por lo que al desplegarlo le saldrían cuatro rostros.

De ellos, se dice que tenemos dos en España –la Santa Faz de Alicante y el Santo Rostro de Jaén– y los otros dos en Italia, uno en San Pedro del Vaticano y otro en la basílica de Manoppello.

Este último ha sido el más estudiado y fue considerado el auténtico por el padre Pfeiffer S. I., profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, quien defendía la segunda posibilidad: los demás son copias de este. Los análisis muestran que el velo está hecho de biso, un tejido transparente que no se puede pintar, extremo confirmado al no hallarse ningún rastro de pigmentos, además de coincidir con el rostro de la Sábana Santa de Turín .

“Los análisis muestran que el velo está hecho de biso, un tejido transparente que no se puede pintar, extremo confirmado al no hallarse ningún rastro de pigmentos, además de coincidir con el rostro de la Sábana Santa de Turín”

En todo caso, los cuatro “velos” tienen una historia asociada a milagros, peregrinaciones y bendiciones de la Iglesia. 

Benedicto XVI en su visita al santuario de Manoppello en 2006 mostró el camino: “Buscar el rostro de Jesús debe ser el anhelo de todos los cristianos […]. Si perseveramos en la búsqueda del rostro del Señor, el final de nuestra peregrinación terrena será Él, Jesús, nuestro gozo eterno, nuestra recompensa y gloria para siempre”. 

La Santa Faz de Manoppello
En italiano, Volto Santo di Manoppello, es una reliquia custodiada en la basílica del Santuario del Volto Santo en Manoppello, una pequeña ciudad en la región de Abruzzo, Italia, a unos 160 km al este de Roma.
Los estudios científicos han demostrado que en la tela (seda de mar) no hay pigmentos, pintura ni tintes. Al superponer esta imagen con la del rostro de la Sábana Santa de Turín, coinciden perfectamente los puntos de las heridas, las facciones y las dimensiones.

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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