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Shane Paul O´Doherty, exterrorista del IRA

Shane Paul O’Doherty, ex terrorista del IRA: “Fue un alivio ser arrestado”

Sean O´Doherty fue el primer miembro del grupo terrorista IRA en retractarse, lo que le llevó a un cambio radical de vida, por "gracia de Dios", sobre el que habla en Misión.

Por Margarita García

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Tras cinco años poniendo bombas, me sentía feliz por saber que mi guerra había terminado. Me sorprendía estar vivo, pues creía que moriría antes de los 21 años, como muchos de mis compañeros”.

Con una condena de veinte años encima, y treinta más por las bombas (de los cuales cumplió catorce), O’Doherty cuenta en una entrevista concedida a Misión que llegó a la cárcel con muchas dudas acerca de si la actividad terrorista era o no el camino para liberar a Irlanda del Norte de lo que ellos llamaban la “opresión inglesa”.

Además, le sobrevino un inesperado sentimiento de culpa, que crecía cada vez que leía en la prensa cómo se le asociaba con la actividad que desarrollaba el ira cuando él ya se encontraba en prisión. Así lo cuenta también en su libro No más bombas (LibrosLibres, 2008), en el que reconoce que, al leer la noticia de un atentado perpetrado por el ira, “sentí de modo penetrante mi culpa por las heridas que había provocado a aquellas secretarias que habían abierto cartas bomba destinadas a sus jefes”.

La culpa, las dudas, la vergüenza y “la Gracia de Dios” lo llevaron a cuestionar definitiva y públicamente el uso de la violencia, las injusticias y las violaciones de los derechos humanos.

Fue así como O’Doherty se desligó del ira. El perdón vino después. “En el aislamiento que experimenté en la cárcel, buscaba la verdad. Quería tratar de entender a Dios”, explica. “Y, tras una noche leyendo los Evangelios, cambió mi vida”. Llegó a la conclusión de que “todo el esfuerzo que estaba haciendo por cambiar se quebrantaba por el hecho de que no había tratado el problema de mis víctimas. Entendí que mi violencia no había dañado una relación, sino tres: con mis víctimas, conmigo mismo y cualquier relación que intentara tener con Dios.

Decidí de inmediato que escribiría cartas de perdón a mis víctimas”. Y así lo hizo, aunque no sin trabas: las de sus propios excompañeros del ira, que lo tacharon de loco e, incluso, trataron de agredirlo por traidor, y las de las autoridades de la prisión que “pensaron que era parte de un plan para engañarlos. Incluso el Gobierno se horrorizó por el hecho de que un terrorista pudiera alcanzar una cierta integridad moral”.

“La víctimas reaccionan como en la parábola del hijo pródigo: unas dan la bienvenida al penitente, otras te rechazan”

Un sentimiento de culpa “bajo control”

“El lado bueno de la culpa es que te motiva a cambiar tu vida, a reconciliarte con Dios y con las personas a quienes has herido”, afirma O’Doherty, pero “es necesario mantener la culpa bajo control”, ya que puede tirar para atrás “el trabajo de la gracia”, asegura. En su “camino hacia el perdón”, ha estado acompañado por sacerdotes católicos e, incluso, por el obispo de Derry, su ciudad natal, pero el sentimiento, que aún perdura en su alma es el de un hombre estigmatizado. “Las víctimas y la sociedad han reaccionado como en la parábola del hijo pródigo: unos dan la bienvenida al penitente, otros te rechazan”.

A día de hoy, O’Doherty se sabe perdonado por Dios; sin embargo, asegura sentir que la Iglesia en Irlanda –como institución– está tan centrada en lidiar con los casos de abusos a menores que “pocos quieren saber de un ex paramilitar. Siento que, para algunos de ellos, soy una vergüenza”. Más allá de la verdad que haya tras esta percepción, O’Doherty ha integrado el sentimiento de rechazo de parte de la comunidad católica dentro de su proceso de redención, ya que, según explica, está convencido de que esa soledad “prueba la fe y me lleva a la oración y al servicio”. Además, sostiene que “nadie merece el perdón”, sino que, por el contrario, “es un bien que hay que buscar y pedir para, luego, producir frutos”. “Yo todavía estoy intentando vivirlo todos los días”, reconoce.

Entonces, “¿cómo sabemos cuándo hemos sido perdonados?”, preguntan con frecuencia a O’Doherty los jóvenes a quienes imparte conferencias. “El viaje hacia el perdón –contesta– es el menos recorrido, y se hace solo. La certeza de ser perdonado surge de este viaje a nuestra conciencia” , para lo cual es crucial el perdón sacramental.

¿Y hasta el mayor de los asesinos recibe el perdón de Dios?, le preguntamos. “Si el perdón de Dios no fuese para todos los que se arrepienten, si el sacerdote no dijera sinceramente ‘yo te absuelvo de tus pecados’, el mensaje de Jesús sería falso, y no lo es”, zanja contunden.

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