La revista más leída por las familias católicas de España

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Simona Atzori: “Mis padres no vieron una hija sin brazos, sino, simplemente, una hija”

La vida de Simona Atzori no se entiende sin la voluntad férrea de una familia que aceptó que su hija sin brazos tendría “una vida distinta, pero igualmente válida y plena”. Una artista que comunica sus ganas de vivir “a pesar de las dificultades”, a través de la danza, la pintura, y ahora, la literatura.

Artículo publicado en la edición número 41 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Blanca Ruiz Antón

Simona Atzori (Milán, 1974) se convirtió en una luchadora desde el mismo día en que nació. Pero, sin duda, la fuerza con la que ha afrontado la vida hasta llegar a ser bailarina profesional, tener su propia compañía de danza, exponer sus cuadros por todo el mundo y abrir los Juegos Paralímpicos de Turín 2006 le viene de familia. “Sin el apoyo de mis padres desde que nací, no hubiera sido posible.

El modo en que ellos me acogieron y me amaron me ha permitido afrontar las dificultades, siempre juntos y con mucha serenidad, porque era el amor lo que me permitía superarlo todo, así como el ver las dificultades como posibilidades de crecimiento”, explica la bailarina.

Según asegura, su familia sabía desde el momento en que nació que su vida no sería sencilla o, por así decirlo, “como la de los demás”. “Mi vida iba a ser diferente, particular; por eso, mis padres trabajaron para que fuera distinta en sentido positivo”, afirma.

“Mis padres y mi hermana sabían que tenían que hacerme fuerte y que comprendiera que, a pesar de mis diferencias, mi vida era igualmente válida e importante, y que podría hacer todo lo que hicieran los demás”, insiste. Por eso, fue a un colegio como otro cualquiera, en su Milán natal, y aprendió a hacer todo con los pies, “de la misma manera que el resto de niños aprenden a hacerlo con las manos”.

Desde pequeña, Simona sabía que cada día, incluso todavía hoy, era un reto. “No podía dejar que, desde fuera, me pusieran un límite, porque, de otra manera, no habría hecho nada en la vida”; “todavía hoy, cada día, aprendo cosas nuevas”, asegura.

Su carácter extrovertido y alegre le facilitó congeniar con sus compañeros en el colegio. Por eso, cuando recuerda esos años de infancia, precisa que  “me gusta y me gustaba ser como soy; por eso, siempre estaba contenta con mi vida e iba feliz al colegio”. En el año 2001, se licenció en Artes Visuales por la Western University de Ontario, en Canadá.

El éxito de Simona es el éxito de una familia que entendió pronto que “todos tendrían que aprender a hacer las cosas de una manera distinta”

Sin duda, el éxito de Simona es el éxito de una familia que entendió pronto que  “todos tendrían que aprender a hacer las cosas de una manera distinta. Si mi familia me hubiera dicho que no lograría hacer tal o cual cosa, seguramente así habría sido”. Fe y esperanza sin límites que Simona atribuye a la importancia que sus padres le dan “al regalo de la vida”.

Comunicar la alegría de vivir

“En todos estos años, ha sido fundamental creer que el Señor no me ha quitado algo, sino que me ha diseñado así, y como pintora me gusta pensarlo así. Simplemente, es un don que me ha dado. Me ha querido así, como soy, y doy gracias por el don de mi vida pintando, bailando y creando. Este don no es solo para mí, sino para muchas otras personas. No tengo ningún otro modo de dar las gracias, si no es a través del arte”, afirma la bailarina.

Simona comenzó desde pequeña en el mundo de la danza clásica. “Era un sueño, y, aunque me parecía imposible ser bailarina, al final lo he conseguido”, afirma. “A veces me paro a pensar en todas las cosas que he logrado hacer y ni me lo creo  -asegura–. Tener mi propia compañía de danza, haber inaugurado las Paraolimpiadas en Turín, haber bailado en el Festival de San Remo, que en Italia es importantísimo…

Era un sueño y, como todo sueño, cuando se lucha por él, se consigue”. “He hecho y logrado muchas cosas, y tengo muchas ganas de conseguir muchas más… Quiero llevar este mensaje de vida, de ganas de vivir, de posibilidades y no de límites. Hay momentos en la vida en que necesitamos tener confianza, creer en que vamos a conseguir lo que nos hemos propuesto y saber que las cosas suceden por algo, que tienen un sentido, aunque, quizá lo descubriremos después”, explica.

Agradecer el don de la vida

Si algo discurre por toda la historia de Simona Atzori es su amor incondicional a la vida. Por eso, cuenta que, en algunas ocasiones, le han pedido que hable con padres cuyos hijos nacerán sin pies o sin brazos.

“No puedo decirles qué hacer y qué no. Simplemente, me limito a ayudarles a reflexionar sobre la importancia de la vida, sobre el hecho de que, si yo estoy aquí, es porque hay un sentido en la vida y mis padres lo han visto y confiado en este gran regalo”, afirma.

Y subraya: “Mis padres, en lugar de haber visto una hija sin brazos, han visto, simplemente, una hija. Animo a mirar al amor que nos ha creado. No es que esta vida sea un camino de rosas, pero es posible. Sé que mi valor es el mismo que el de una persona que tiene todo en su sitio. Mi madre me dijo una vez que ella entendió que había nacido para ser mi madre”, por eso, precisa que “si mis padres hubieran decidido no tenerme, no habría podido hacer las cosas que he hecho en mi vida para mí y para otras personas”.

Arte y danza

La Simona Art Dance Company está compuesta por cinco artistas que llevan un espectáculo por toda Italia. Además de la danza, se ofrece un encuentro con el público en el que Simona cuenta su experiencia vital, lo que hace que las funciones de este ballet sean, según su directora, “tremendamente especiales”.

Ese espíritu libre y artístico que caracteriza a Simona también se complementa con la pintura. Comenzó a pintar con tan solo cuatro años porque su hermana también lo hacía. Con ocho años, entró en la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie. “He hecho exposiciones en Italia y en el resto del mundo, y esto me ha permitido descubrir otra forma de expresión”, apunta. Y, de un modo sinérgico, sus dos pasiones se unen porque, según explica, “llevo el tema de la danza a los cuadros y siempre pienso que, cuando deje de bailar, seguiré haciéndolo a través de la pintura, así que, de hecho, creo que no lo dejaré nunca”.

Dos de sus cuadros más especiales no se encuentran en ninguna exposición sino que se los llevó personalmente a los Papas Juan Pablo ii y Francisco. “Fue un honor poder entregárselos, fue algo único”. Y es que, según explica, “a través del arte quiero hacer llegar un mensaje de ánimo a todo el mundo y, sobre todo, de ganas de vivir”.

Simona resume su historia en ¿Qué te falta para ser feliz? (Palabra, 2016). “Estoy muy feliz por poder contar mi historia también en España; este es otro gran regalo que me ha dado la vida”.

Artículo publicado en la edición número 41 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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