Por Javier Lozano
No hay Leyenda Negra que soporte el peso de la verdad, más aún ante una verdad visible y, a la postre, visitable. “Tenemos que dejar de navegar en canoas cada uno por su lado, porque tenemos un galeón dispuesto para zarpar, sólo tenemos que darnos cuenta de que está ahí y que es nuestro”, comenta José Luis López-Linares a Misión. El viaje nos lleva a conocer qué es en realidad la Hispanidad.
Antes de zarpar hay que entender que el mestizaje es un elemento clave de la Hispanidad. Por ello, nuestra primera parada es la Virgen de Guadalupe, emperatriz de América. “Esta virgen mestiza no es ni nuestra ni de ellos, sino de ambos mundos, como me dijo el deán de la basílica”, rememora López-Linares. La Hispanidad sólo se entiende a partir de Guadalupe y de lo que Ella representa, la transformación del mundo desde el seno de la fe católica. Y esta fe, en vez de dividir y destruir, fundió a los pueblos hispanoamericanos, y así también sus comidas, tradiciones y danzas, dando origen a una cultura que pervive siglos después.

El país de la Hispanidad
Para el director de Hispanoamérica, “México es el gran país de la Hispanidad, un mundo en sí mismo”. Define a la Ciudad de México como “la más rica del mundo” en su tiempo, mucho más que otras capitales europeas y que cualquier ciudad española. Esta herencia queda patente hoy en numerosas construcciones como la catedral metropolitana de México, el palacio virreinal de Hernán Cortés o la antigua basílica de Guadalupe, hoy conocida como el templo Expiatorio a Cristo Rey.
En su recorrido por México, López-Linares nos conduce también a la ciudad de Puebla, de la que quedó prendado al observar “palacios y calles con una abundancia de detalles y una calidad tan impresionante que cuesta encontrar en España”.
Tlaxcala, un pequeño estado mexicano, es otro lugar imprescindible. “Allí reivindican la victoria sobre los mexicas y ves con claridad la armonía entre Cortés y el pueblo de Tlaxcala. Es sorprendente porque destroza la Leyenda Negra”, afirma el director de cine.


De México al Perú
Pese a la grandeza de Nueva España, la debilidad de López-Linares está más al sur, en el virreinato del Perú. “Tengo esta debilidad y por eso recomendaría empezar por Lima para luego seguir por los Andes”, confiesa. En la capital peruana el mestizaje cobra todo su esplendor en la gastronomía, el arte o la música. Y su arquitectura, grandiosa tras un pasado glorioso, está salpicado de grandes obras como la catedral de Lima, el Palacio Arzobispal o el Convento de San Francisco, entre otros.
El barroco tuvo en la América un desarrollo único, “con una expresividad y una conexión con el pueblo que no tuvo en Europa”. Esto se aprecia, de manera admirable, en la ruta del barroco andino: iglesias construidas en la cordillera de los Andes en pequeñas aldeas que son joyas dignas de ser contempladas. Pocos se imaginan encontrar estas obras de arte en un lugar así. Entre ellas destaca la iglesia de San Pedro Apóstol de Andahuaylillas, conocida popularmente, y no sin razón, como la “Capilla Sixtina” de América. Allí se encuentra el órgano más antiguo del continente, que data de entre 1606 y 1620.

“España fue un imperio generador de riqueza, y eso se ve en todos los rincones de la América hispana”
Precisamente, el inicio de esta ruta es Cuzco, otro lugar que enamoró a López-Linares. “Cuando miras desde la ventana del hotel, piensas que podrías estar perfectamente en Cáceres o en otra histórica ciudad española. Es una sensación especial, porque es algo completamente familiar, y a la vez muy exótico; reconoces todo lo que ves, pero tiene un punto diferente y maravilloso”, agrega. Se refiere concretamente al Corpus Christi, fiesta que se celebra durante varios días, donde los santos son sacados a la calle entre cantos y danzas populares, y toda la ciudad sale a rendirles su homenaje.

Del Perú a Ecuador
El director de cine nos lleva ahora hasta la capital de Ecuador. “Quito es una sorpresa de ciudad”, señala, pues su centro histórico –de origen virreinal– es considerado el mejor conservado de América. Pero si tuviera que destacar un solo monumento elegiría la iglesia de la Compañía de Jesús, en cuyo interior, totalmente cubierta con láminas de oro, se calcula que emplearon 54 kilogramos de oro. “¿Dónde está el oro?”, se preguntan los que acusan a España de haber expoliado. “Mira a tu alrededor y es lo primero que verás en América”, responde López-Linares. Tantos monumentos y obras de arte no se hubieran construido si el objetivo fuera llevárselo al otro lado del mar. “Lo del expolio no se sostiene. Como decía Gustavo Bueno, España fue un imperio generador de riqueza allí adonde fue. Esto se ve en todos los rincones de la América hispana”, concluye.
Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





