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Sagrado Corazón revista Misión

El triunfo de la devoción al Sagrado Corazón

Santa Margarita María de Alacoque, en 1673, en Francia, y el beato Bernardo de Hoyos, 60 años después, en España, fueron los dos apóstoles elegidos por el Sagrado Corazón para darlo a conocer en el mundo.

Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Isabel Molina Estrada

En los albores de nuestra era, Dios reveló su Corazón a los hombres. Fue el 27 de diciembre de 1673, en Paray-le-Monial, una comuna francesa de Borgoña. Dios hecho hombre se le mostró a una monja visitandina, santa Margarita María de Alacoque, y le descubrió su Corazón encendido de amor por los hombres, con la llaga abierta y muy visible, reposando sobre un trono de llamas, rodeado por una corona de espinas y presidido por una cruz. Con estos símbolos, comprensibles aun para los que no sabían leer ni escribir, Jesucristo dio a conocer su amor infinito utilizando una pedagogía riquísima en contenido teológico, pero a la vez sencilla. 

Pilar Álvarez, voluntaria en la Basílica Nacional de la Gran Promesa en Valladolid y responsable de la acogida de peregrinos, explica a Misión que esta pedagogía hoy cobra nueva vitalidad en nuestra cultura netamente visual. Y apunta que la imagen que entonces hizo las veces de libro para que los hombres de hace más de tres siglos “leyeran” su mensaje de Amor hoy sigue siendo muy apropiada porque se lee muy poco. 

Esos símbolos que usó el Sagrado Corazón para darse a conocer no sólo “siguen siendo de gran utilidad”, tal y como manifiesta Pilar Álvarez, sino que también adquieren una especial relevancia porque los hombres hoy desconocen más que nunca el Amor de Dios. Es en este contexto en el que la Iglesia celebra el jubileo por los 350 años de las apariciones a santa Margarita. 

“La pedagogía del Sagrado Corazón es rica en contenido teológico y a la vez sencilla”

¿Una devoción optativa?

Este gran jubileo, con una duración total de año y medio, comenzó en diciembre de 2023 y culminará en la Solemnidad del Sagrado Corazón, el 27 de junio de 2025. José María Alsina, superior general de los Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y presidente del Instituto del Corazón de Cristo, asegura que en este jubileo están ocurriendo muchas cosas: familias, parroquias y diócesis enteras se están consagrando al Sagrado Corazón, el Papa Francisco ha publicado la encíclica Dilexit nos, muchos sacerdotes jóvenes están promoviendo esta devoción, y muchos obispos del mundo han escrito bellas cartas sobre el Corazón de Jesús. “Necesitamos una chispa aquí y otra allí para que esta devoción prenda en el mundo entero”, reclama.

Y es que esta devoción “no es optativa”. Aunque es cierto que en la Iglesia hay incontables devociones –“que si a las santas llagas de Cristo, a su Divina Misericordia– hay una, sólo una, que no es opcional: ¡la de la escuela del Sagrado Corazón!”, explica Álvarez. “Por eso los Papas, en sus numerosas encíclicas, exhortaciones y mensajes llegan a decir que es la síntesis y el núcleo del cristianismo”, puntualiza Álvarez.

Más aún: es la devoción que abarca a todas las demás. Por eso, Alsina insiste a sus alumnos: “Si la Iglesia ha dicho que la devoción al Corazón de Jesús es la quintaesencia del cristianismo, la síntesis más perfecta de toda la religión, la norma más perfecta que nos conduce a Dios –porque todo eso lo dice el Magisterio–, hay que estudiarla”.

Para un mundo herido

¿Por qué es tan importante?, le preguntamos a Pilar Álvarez. Ella responde acudiendo a santa Margarita: “La santa aseguraba que ‘no hay camino más corto para llegar a la perfección ni medio más seguro de salvación que estar consagrado al Corazón divino”. Pero, además de ser un camino de santificación perfecto, el Corazón de Jesús es también el remedio para todos los males de nuestro tiempo.

Lo explica bien el padre Alsina, quien está convencido de que todos los males que nos afligen hoy tienen respuesta en el Corazón de Jesús, y sólo en su Corazón: “Hoy vivimos en un mundo fracasado: ya no somos capaces de tener hijos, y los pocos que tenemos los matamos; ni de vivir un matrimonio, y recurrimos al divorcio; ni de cuidar a nuestros mayores, y a cambio les ofrecemos la eutanasia; ni de aceptar nuestro cuerpo, y ahí tenemos la ideología de género… El Corazón de Jesús se manifestó a santa Margarita (un siglo antes de la Revolución francesa) en los umbrales de este mundo roto y herido, que se aparta de Dios y que en consecuencia va a estar cada vez más herido”.

Es a este mundo roto –declara Alsina– al que Dios se presenta, llamando de nuevo a su puerta, para descubrirle su Corazón. “El día que este mundo escuche por fin que Dios tiene Corazón, que nos está esperando, que no sólo no se aparta de nosotros por ser miserables, sino que nos pide sólo que aceptemos nuestra miseria, ese día el mundo cambiará”, sentencia Alsina. 

“No hay medio más seguro de salvación que estar consagrado a este corazón divino”

LOS CINCO SÍMBOLOS DEL SAGRADO CORAZÓN
Al revelar su Corazón, Jesucristo lo reviste con cinco símbolos de profundo contenido teológico, pero fáciles de comprender: 1. Los rayos de luz: emanan de su naturaleza divina, por tanto, representan la divinidad, la gracia y la virtud de Cristo. Margarita describe al Corazón de Jesús como un sol que la fulmina con sus rayos. 2. La cruz: a Cristo le hemos costado la vida en la cruz, por lo tanto, todo lo nuestro le interesa. Santa Margarita dice “que esta cruz la llevó en su corazón desde el primer instante de su encarnación hasta su muerte”. 3. Las llamas: indican la “temperatura” de su amor, un fuego que derrite hasta los corazones más fríos. Es ardiente, sufre pasión de amor por el hombre. Y tiene una sed ardiente de ser correspondido. 4. La corona de espinas: es símbolo de su soberanía real, y está en su Corazón porque sólo Él es Rey de los corazones. Pero su corona no está confeccionada con oro ni diamantes, sino con espinas, con nuestros pecados. Y la entrega de su propia vida tiene la fuerza redentora para instaurar su Reinado. 5. La llaga: recuerda que su intimidad está abierta. Tenemos acceso a los tesoros del Padre depositados en Él. Para gustar de ellos hay que hacerse pequeño y entrar por la llaga. Estos misterios sólo se revelan “a los humildes y sencillos”, dice san Mateo.

Lo esencial de la devoción 

Vivir la devoción al Sagrado Cora-zón se resume en hacerse un solo corazón con Jesucristo, como lo hizo su Santísima Madre, la primera discípula de los secretos de su amor. De la misma manera que Madre e Hijo están unidos en un sólo corazón, Él espera que los hombres se hagan un solo corazón con Ellos.

El gran filósofo católico del siglo XX, Dietrich von Hildebrand, explicó en su libro El Corazón (Ediciones Palabra, 1996) que el fin de esta devoción no es otra que hacer viva la letanía al Sagrado Corazón “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”, del latín: “Haz nuestro corazón semejante al Tuyo”.

Dice von Hildebrand que es en la Encarnación cuando Dios se manifiesta de la manera más profunda: Dios asume “un corazón capaz de amar, un corazón que puede conocer la ansiedad y el sufrimiento, que puede afligirse y conmoverse”, y es en esta esfera más tierna, más interior, más secreta de la persona de Jesús “donde habita la plenitud de la divinidad”, en palabras del filósofo.

Por su parte, santa Margarita explicaba que el Sagrado Corazón es “un último esfuerzo” del amor de Dios “por sustraernos del imperio de Satán para colocarnos bajo la libertad del imperio de su amor”, relata Álvarez. Su objetivo es “renovar en nosotros los efectos de la redención, ganar nuestro corazón y apartarlo del pecado”, añade. Ella invita a que quien quiera vivir las virtudes en grado heroico, quien quiera ser santo, entre de lleno en esta devoción.

“¡Hay que ver todos estos santos que emergen como fruto de esta devoción al Sagrado Corazón! Los santos son quienes nos muestran la plenitud de lo que es un hombre, son personas sanadas. Y todo el que viva en el Corazón de Jesús será una persona sanada”, apostilla Alsina.

Consagración y reparación

El padre Alsina, que está dedica-do a impulsar desde el Instituto del Corazón de Cristo junto a la Archidiócesis de Valladolid el congreso Cor Iesu, Spes Mundi (Corazón de Jesús, Esperanza del Mundo), que tendrá lugar del 6 al 8 de junio de 2025 en Valladolid, explica también que “la devoción al Sagrado Corazón de Jesús tiene dos fines: la consagración, que es la práctica central de este culto, y la reparación, que es su sustancia”. Por eso se dice que Paray-le-Monial tiene como dos caras de una misma moneda: la consagración y la reparación. La reparación mira al sufrimiento del Corazón de Jesús por las ofensas de los hombres y busca consolarlo. Y la consagración es vivir dedicado a amarle. Por eso mismo, no hay mejor reparación que la consagración.

En palabras de Alsina: “El Sagrado Corazón le dice a Margarita: ‘Tengo sed de tu amor, ámame porque el mundo no me ama’. En esas palabras de Jesús está contenida la reparación; y también la consagración, porque le está pidiendo que consagre su vida a amarlo, que toda su vida sea una consagración”. Y aunque sabemos que la consagración fundamental de todo católico es el bautismo, para que este se vaya perfeccionando es preciso ir renovando la entrega en sucesivas consagraciones. “La consagración personal al Sacratísimo Corazón de Jesús viene a ser, en definitiva, la consagración por excelencia “en la que el bautismo se confirma”, añade este sacerdote. 

“Quien quiera vivir las virtudes en grado heroico que entre de lleno en el Sagrado Corazón”

El triunfo del Corazón

En el 1899, el Papa León XIII consagró el mundo al Corazón de Jesús, y hace 100 años, en 1925, el Papa Pío XI, instituyó la fiesta de Cristo Rey “como culminación de esa fiesta del Sagrado Corazón”, en palabras de Alsina, porque la devoción al Corazón de Jesús es espiritual y también social. “Esta devoción tiene dos pulmones: uno personal, que es la reparación, la fiesta del Corazón de Jesús, y otro social, la consagración, que es la dimensión social representada en la fiesta de Cristo Rey”. 

En este 2025 se celebrará el centenario de la institución de esta fiesta, la cual “es también una fiesta del Corazón de Cristo, ideal para conocerlo a fondo y reparar por su amor”, enfatiza Alsina. Y es que, tal y como concluye Álvarez, “Nuestro Señor desea de nuevo ‘prender fuego a la tierra’. Quiere caldearnos en el fuego de su amor porque hemos dejado envejecer nuestro espíritu”. Por eso, este doble jubileo del Sagrado Corazón es un tiempo propicio para volver a esa “segunda redención” de la que habla santa Margarita: “¡Es tiempo de que la caridad resfriada y apagada encienda de nuevo los -corazones!”. 

UN MIOCARDIO VIVO Y EN AGONÍA La principal práctica para quien quiere identificarse con el Corazón de Jesús es recibirlo a menudo en la Eucaristía. Este sacramento excelso de su amor es es también el sacramento eximio para fundirse con Él en un sólo corazón. Y eso no sólo lo dice la teología, sino también milagros sorprendentes examinados por la ciencia que nos demuestran que cuando recibimos el cuerpo y la sangre de Jesús, su Corazón está presente, ¡realmente vivo y palpitante! Se trata de milagros eucarísticos como los de Tixtla (México, 2006), Sokółka (Polonia, 2008), Buenos Aires (1992, 1994 y 1996) y Legnica (Polonia, 2013), cuatro milagros eucarísticos que coinciden en demostrar que lo que se ha encontrado en las sagradas formas es carne y sangre de un miocardio humano, que además está vivo y en estado agonizante. Lo cuenta el cardiólogo italiano Franco Serafini en su libro Un cardiólogo examina a Jesús: la asombrosa ciencia detrás de los milagros eucarísticos (disponible en italiano y en inglés), donde explica “el tejido cardíaco analizado presenta una doble característica: por una parte, la fragmentación de las fibras y, por la otra, la infiltración leucocitaria”. Y afirma que, según este análisis anatomopatológico o histopatológico, es posible deducir que este corazón realmente está sufriendo. Además, concluye que sabemos que está vivo, porque los leucocitos del tejido “están activos”. Según este cardiólogo, los leucocitos sobreviven en agua, sin disolverse, sólo unos minutos, máximo una hora. Pero en el estudio de la reliquia de Buenos Aires, por ejemplo, el tejido estudiado se conservó en agua destilada y sin nutrientes durante más de tres años. Esto indica que “la muestra de tejido, en el momento en que fue recogida para ser analizada, ¡todavía estaba viva!”, dice el cardiólogo… ¡Y continúa viviendo!, podemos concluir nosotros. 

Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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