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Milagro del primer matrimonio santo: la curación de una niña española

Tiene tan solo siete años. Crece feliz en Valencia junto con sus padres y su hermano, casi ajena a lo que vivió nada más nacer: fue curada gracias a un milagro.

Por Álvaro de Juana

Artículo publicado en la edición número 38 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Al día siguiente de rezar a Luis y Celia, Carmen mejoró”

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Fotografía: cortesía de la familia
Carmen, la niña valenciana curada milagrosamente por Luis Martin y Celia Guérin, porta sus reliquias

La pequeña llegó al mundo con tan solo seis meses de gestación, y al segundo día sufrió una hemorragia cerebral. Los médicos tenían pocas esperanzas de que saliera adelante, pero la oración de sus padres y de las carmelitas de Serra, un municipio de Valencia, dieron esquinazo a la muerte.

Luis Martin y Celia Guérin, padres de Santa Teresita de Lisieux, fueron quienes obraron el milagro y salvaron a la pequeña Carmen. Un hecho extraordinario que la Iglesia ha certificado como auténtico y que ha servido para que, el pasado 18 de octubre, el Papa Francisco los proclamara santos en el marco del Sínodo de la Familia. Ha sido el primer matrimonio en subir a los altares en una misma ceremonia. Los padres de la niña, Carmen y Santos, relataron a Misión cómo sucedió todo.

¿Qué ocurrió exactamente con Carmen?

Nuestra hija nació con apenas seis meses de gestación, después de un embarazo muy delicado. Sus órganos estaban aún poco desarrollados y pronto empezó a complicarse todo: hemorragia cerebral, doble septicemia, trombopenia, etc. Su estado fue empeorando, hasta llegar a una situación de máxima preocupación.

¿Qué les decían los médicos?

Nada más nacer Carmen, nos dijeron que había que esperar lo peor y que las primeras 24 horas eran cruciales. Luego, cada día que pasaba era fundamental, pero Carmen empeoraba más y más, hasta que nos preparamos para lo peor, sobre todo cuando, después de 35 días sin poder tocarla para evitar infectarla, los médicos nos dijeron que, llegados a aquel punto, ya podíamos hacerlo.

Y aquí “entró en juego” la fe…

Somos una familia católica que, a lo largo de todo el proceso, jamás hemos perdido la fe; es la base de nuestra familia. Nos aferramos a ella desde el principio de la gestación de Carmen y nos ayudó muchísimo. “Casualmente”, Carmen nació en la fiesta de santa Teresa de Ávila… Cuando mi mujer se puso de parto le dije: “¿Sabes qué día es hoy?”. Era una fecha muy importante para nosotros. A día de hoy creemos que, gracias a que nació ese día, está con nosotros, porque el embarazo fue muy duro.

¿Ese fue el motivo por el que fueron a rezar a un convento carmelita?

Dada la gravedad de Carmen, quisimos hacernos presentes en algún monasterio o en alguna iglesia relacionados con Santa Teresa. Comprobamos que la oración hacía efecto, porque Carmen seguía viviendo, pero queríamos hacerlo con más intensidad, así que busqué en Google un lugar donde rezar a la santa, y encontré el monasterio de San José y Santa Teresa en el municipio de Serra.

Una tarde salí en su busca. Llegué casi de noche y no pude entrar porque estaba cerrado. A través del telefonillo le conté a una de las hermanas lo que le sucedía a nuestra hija. Me dijeron que rezarían por ella y me informó de que podíamos ir a misa allí los domingos. Desde entonces así lo hicimos.

¿Cómo se les ocurrió pedir la intercesión de los padres de santa Teresita de Lisieux?

Los padres de santa Teresita fueron beatificados un 19 de octubre, cuatro días después de nacer Carmen. A las dos semanas más o menos llegaron al convento unas estampas que narraban la vida del matrimonio. Contenían una oración y también una breve biografía. A las hermanas se les ocurrió dárnoslas ese domingo. La priora nos dijo que quizá esos beatos, que habían curado milagrosamente a un niño, podrían ayudarnos.

Esa misma noche comenzamos a rezarles, y sabemos que ellas, junto con otras hermanas de otros conventos de la misma orden, se unieron a la oración. Al día siguiente de rezar a Luis y Celia, Carmen mejoró. La trasladaron de hospital y comenzó a recuperarse: empezó a respirar por sí sola sin necesidad de una máquina, las sepsis empezaron a remitir y, al tercer día, salió de la UCI.

¿Cuándo salió del hospital?

El 2 de enero, el día que nació santa Teresita del Niño Jesús. Los médicos nos iban diciendo que la niña estaba mejorando, pero siempre fueron muy prudentes. Cuando los entrevistaron tiempo después, en el proceso de investigación del milagro, reconocieron que había sido una recuperación extraordinaria.

“Es distinto vivir algo así a que te lo cuenten. Cuando te pasa a ti, tu fe se reafirma.”

¿Aumentó la fe de la familia a raíz de su curación?

Para nosotros siempre fue un milagro. Es distinto vivir algo así a que te lo cuenten. Cuando te pasa a ti, tu fe se reafirma. Para nosotros la fe no tiene grados. Sería egoísta por nuestra parte pensar que tenemos más porque hemos visto en nuestra casa la gracia del Señor. Antes de que sucediera todo esto ya éramos muy creyentes, pero ahora somos más practicantes.

¿Cuándo se puso en contacto con ustedes el Vaticano?

Carmen salió del hospital en enero y, a los quince días, las reliquias de los beatos Luis y Celia fueron a Lleida en uno de esos peregrinajes que se hacen por el mundo. Nos lo dijeron las carmelitas y nos animaron a ir. Allí nos encontramos con el postulador de la Causa. Fue a la primera persona a quien explicamos nuestro caso. El postulador volvió a Italia y, meses después, en noviembre de 2009, recibimos una llamada diciéndonos que habían revisado el caso y que querían hablar con nosotros, con la niña, ver su estado; en definitiva, iniciar la investigación.

¿Cuándo les confirmaron oficialmente que se trataba de un milagro?

El 18 de marzo, Fallas de Valencia, íbamos toda la familia por la calle San Vicente de Valencia, en el momento de la ofrenda de flores a la Virgen de los Desamparados, a la que íbamos a entregar nuestro ramo. De repente, sonó el móvil y nos dieron la gran noticia. ¡Imagine cómo nos sentimos! Fue muy especial y emotivo; no podía ser en otro momento: tenía que pasar justo a los pies de la Virgen.

¿Cómo vivieron la canonización?

Desbordados de alegría y emoción durante toda la ceremonia. Nosotros solo hemos sido la herramienta de una mano maestra para hacer su obra. Carmen, como es fallera, está acostumbrada a participar en actos, así que estuvo muy tranquila y contenta.

Artículo publicado en la edición número 38 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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