“Y le pondrás por nombre Jesús”

En el Año de San José, nos acercamos a la figura de este gran santo a través de una talla de Gregorio Fernández
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Por Isabel Fernández Abad, presidenta de Nártex / Fotografía José Miguel Travieso

La talla San José y el Niño Jesús (1623) de Gregorio Fernández se encuentra en la Iglesia del convento de la Concepción del Carmen (Valladolid). En manos de este maestro castellano de origen gallego, cualquier imagen cobraba una nueva y singular fuerza. De profundo carácter religioso, Gregorio Fernández imbuía sus imágenes de novedades y detalles nacidos de una profunda contemplación interior. Así lo hace con esta delicadísima talla de San José en madera policromada y orfebrería de plata, acompañado del Niño, que porta en su mano una cruz, anuncio de su Pasión, y seguramente en la otra llevara algún utensilio de carpintero como era habitual, hoy perdido.

Semblante de padre

Aunque con aire de regio labriego castellano, nos muestra el autor con naturalidad la figura de este humilde carpintero que tuvo la valentía de asumir la paternidad del Hijo de Dios, y ponerle por nombre Jesús, como el ángel le indica. Con su brazo izquierdo extendido en un gesto de protección, acoge y a la vez nos muestra al que es nuestro Salvador.

Vara florida

La vara florida es el atributo más conocido de su iconografía. Este elemento procede de un texto apócrifo en el que los sacerdotes del templo convocan a los hombres casaderos de la estirpe de David, para hacerse cargo de María, que ya había proclamado su intención de permanecer Virgen consagrada a Dios. Al poner su vara junto a la de los otros pretendientes, en la de José se produjo el signo milagroso de florecer en su extremo.

Mirada pensativa

Su mirada al horizonte produce sensación de angustia y tristeza, y nos remite a esos momentos de tribulación que el santo pasaría cuando se enteró del embarazo de María o, sencillamente, al pensar en el destino que su querido Hijo correría. No en vano, san José nos enseña que “tener fe en Dios implica, además, creer que Él puede actuar a través de nuestros miedos” (Carta Patris Corde del Papa Francisco).

Padre tierno, valiente y fuerte 

Su frente alta, su postura abierta, el vigor y la juventud con que nos representa el artista al santo dan buena cuenta de ese hombre valiente que llevó a María hasta Belén y que, tras ser avisado en sueños, coge al Niño y a su Madre y huye a Egipto.

Color de humanidad

La rica policromía y el exquisito trabajo de dorado en la túnica de san José nos dejan advertir los colores con los que habitualmente le vemos vestido: el verde y el marrón, dos colores relacionados con lo terreno, con esa naturaleza humana de José que nos lo hace cercano, y de la que se sirve Dios para obrar el milagro de salvarnos a pesar y a través de nuestra debilidad.

Custodio que acompaña

Una suave oscilación sugiere el ligero caminar que padre e Hijo emprenden juntos. Al fijarnos en la figura del Niño, parece saber bien a donde va, con la cruz en mano, y san José, que no se aparta de su lado, le acompaña sin rozarlo calladamente en la sombra, mostrando esa presencia fiel y discreta del padre cuidadoso que vela los pasos de su Hijo.

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