Por Marta Peñalver
- El dinero viene del trabajo. Es importante que los padres expliquen a los hijos que el dinero viene del trabajo. Puede parecer una obviedad, pero si los padres no lo verbalizan, trabajo y dinero pueden ser conceptos inconexos en la mente de los niños. De esta manera, los padres consiguen dos cosas: que los niños entiendan que el hecho de que sus padres trabajen tiene una razón de ser, aunque eso les haga llegar tarde a casa; y que interioricen desde pequeños que el dinero es fruto del esfuerzo. El juez Emilio Calatayud, en su decálogo sobre cómo formar a un delincuente, dice irónicamente: “Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar”.
- Paga: ¿sí o no? Rodríguez Cuadrado sentencia que sí. “Darle paga es la única manera de enseñar a tu hijo a ahorrar”. Hay padres que se pasan la vida tapando los agujeros de sus hijos: “Quiero comprar esto, se me ha roto este juguete…” y se extrañan cuando su hijo, al recibir su primer salario, lo malgasta o con 25 años cobra 1200 € al mes y no consigue ahorrar… Esto es porque nunca han tenido la necesidad de hacerlo. A partir de los 6 años, más o menos, pueden empezar a recibir una pequeña paga a la semana. Los padres deben acompañar en las decisiones económicas que tomen sus hijos: ¿me lo gasto en chuches el domingo o lo guardo para conseguir los 5 € que cuesta el álbum de cromos que quiero? Este ejercicio es muy valioso porque, además de enseñarles a ahorrar, les anima a posponer la recompensa, algo que fortalecerá su paciencia, su templanza y su voluntad.
- A partir de cierta edad, ¡a trabajar! No hay que sentir pena porque tu hijo imparta clases particulares, cuide niños o pasee perros. A partir de cierta edad pueden realizar pequeños trabajos que, sin interferir en sus estudios, les den un ingreso y la conciencia de que el dinero cuesta ganarlo.
- El ahorro sirve para imprevistos. En la vida hay imprevistos y disponer de un pequeño ahorro es bueno para afrontar unas gafas rotas o una reparación del coche. Los padres deben transmitir ese concepto a los hijos enseñándoles a afrontar sus propios imprevistos: que se les ha roto un juguete que les gustaba o han perdido a su hermano la peonza en el colegio. Entender que esos percances los puede y debe subsanar él mismo es clave.
- Educar en la austeridad. La austeridad es la única forma de enseñar a gastar bien el dinero. Pero ¿cómo? A ningún niño le hace falta tener las zapatillas más caras, ni cambiar de mochila cada año, ni tener lo último en juegos o en cualquier otra cosa. En definitiva, ser austeros pasa por no comprar lo que nos apetece, sino lo que necesitamos.
- El ejemplo educa. Como en todos los aspectos de la educación, educar con el ejemplo es fundamental. No educaremos hijos austeros, responsables ni comedidos si nosotros no lo somos.
- Como montar en bici… Guiar sí, dirigir no. Con el dinero hace falta equivocarse. Igual que nadie aprende a montar en bici sin caerse, nadie aprende a gastar bien sin equivocarse. Y eso es algo que tienen que aprender de niños, porque si no se equivocan y aprenden la lección de pequeños, no serán capaces de controlar sus ganas de gastar cuando sean mayores. Eso sí, los padres deben estar ahí y enseñarles a interiorizar esas lecciones ayudándoles a hacer examen de conciencia con preguntas como: “Compraste eso sin pensar mucho, ¿verdad? ¿Lo volverías a hacer? ¿Crees que ha merecido la pena?”.
- Hazle partícipe de los gastos. No es necesario entrar en detalles, pero es bueno que los hijos sean conscientes de lo que supone para sus padres pagar los gastos en vivienda, colegios, comida…Con frases como: “Un tercio de nuestro sueldo lo empleamos en el alquiler (o en la hipoteca); un 10% los ahorramos para imprevistos; la comida se lleva otro 20 % de nuestros ingresos; los colegios un 15 %; las cosas a renovar otro 10 %; el 5 % lo donamos a causas benéficas y el resto se va en pagar los suministros. Si alguna partida se queda larga ahorramos algo más; si se queda corta, tenemos los ahorros para afrontar ese imprevisto”.
- Nos vamos a la compra. Un buen ejercicio para entender cómo manejar el dinero es llevarlo a la compra desde pequeño. En la mayoría de los supermercados encontramos ejemplos que le harán aprender lecciones muy valiosas como que las ofertas no siempre son la mejor opción, que a veces comprar lo más barato no compensa o que comprar por impulso casi siempre es un error (hoy no lo voy a comprar, me voy a casa, lo pienso bien y si creo que es algo bueno, vuelvo y esta vez sí, lo compro).
- Que conozca la situación. No pasa nada porque el niño sepa que sus padres no pueden permitirse ciertos gastos o, por el contrario, que este verano irán más días de vacaciones porque han recibido un bono por objetivos que les permite darse el capricho. No hay que maquillar la primera escena con excusas ni endeudarse hasta el cuello para llevar al niño a Disney, pero tampoco hay que ocultar el motivo de que, gracias a Dios, la situación se ha tornado por un tiempo algo más holgada.
La regla de oro
Para José Rodríguez, si los padres quieren que su hijo aprenda a valorar el dinero y sea capaz de gastar de la manera más responsable posible, hay una norma de oro que todas las familias deberían respetar: “no conviertas lo extraordinario en ordinario. Esto se traduce en cosas como que comer en un restaurante o comprar un helado deberían ser la excepción y no la norma”.
Artículo publicado en la edición número 75 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





