7 argumentos en contra de la eutanasia

Poco a poco se intenta cambiar la percepción social sobre la eutanasia para normalizarla, pero acabar con una vida es perverso
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Por Rut Sanchez

Por Isabel Molina Estrada

La experta en bioética Mónica López-Barahona, miembro del Consejo Directivo de la Academia Pontificia para la Vida, da 7 argumentos que explican que el suicidio asistido y la eutanasia son “un asesinato-homicidio” y que “establecer categorías en las que se justifica acabar con una vida es perverso”.

1. Es una “pendiente resbaladiza”.

“Se comienza por despenalizar situaciones ‘límite’ y se va avanzando hasta convertir el morir en un derecho, de modo que el individuo pueda llegar a elegir cuándo y cómo morir”, dice López-Barahona. “Está comprobado que en los países donde está legalizada la eutanasia, el número de fallecimientos por eutanasia se incrementa de forma alarmante”, añade la doctora.

2. Promueve la falsa autodeterminación.

Uno de los argumentos a favor de la eutanasia es que la persona, como paciente, tiene el máximo derecho en la toma de decisiones médicas que a ella se refieren. Sin embargo, López-Barahona explica que la vida no nos pertenece: “La vida es un don. Por tanto, no podemos ejercer sobre ninguna vida humana acciones que impliquen su muerte. Este tipo de acciones se denominan asesinato-homicidio y están tipificadas en los códigos penales de los Estados de Derecho. Tratar de establecer categorías en las que se justifica acabar con una vida es una práctica perversa. No es algo que se pueda explicar de forma racional puesto que es una acción contra natura”.

3. El Estado puede decidir quién debe morir.

Así ha ocurrido en países como Holanda o Bélgica, con trayectoria de años en la despenalización de la eutanasia y su posterior legalización. “Una vez un Estado otorga el derecho a morir, tiene que plantearse que si el paciente que quiere morir no encuentra cerca a un médico, enfermera, amigo o familiar que cometa su asesinato, tendría que garantizar que el ciudadano pueda ejercer su derecho mediante ‘agentes’ encargados de acabar con su vida”, explica López-Barahona.

4. La eutanasia pervierte la ética médica.

“Se ha llegado a situaciones en las que los ancianos no se atreven a acudir al hospital porque temen que en vez de que se les cure y se les cuide, se acabe con su vida”, señala López-Barahona. Los médicos, que siempre han tenido como fin inviolable de su profesión curar y aliviar el sufrimiento, hoy comienzan a ver como “normal” suministrarle un fármaco mortal. “Es algo que está en contra de la razón de ser del médico y de la Medicina. De hecho, el código deontológico médico vigente, en su artículo 27.1, dice: ‘El médico tiene el deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Y cuando ya no lo sea, permanece su obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir el bienestar del enfermo, aun cuando de ello pudiera derivarse, a pesar de su correcto uso, un acortamiento de la vida’”, indica López-Barahona.

5. Desincentiva la inversión en cuidados paliativos.

Existe una especialidad de la medicina que se encarga de acompañar y cuidar al enfermo y a sus familiares en situación terminal: los cuidados paliativos. Sin embargo, en España, menos de un 50 por ciento de los enfermos graves recibe cuidados paliativos adecuados. López-Barahona recuerda que “es imprescindible aceptar que la medicina no siempre puede curar, pero siempre debe cuidar y acompañar, y este servicio debe incorporarse en la sanidad pública de manera efectiva y eficiente”.  

6. La persona que pide la eutanasia no actúa libremente.

Por lo general la eutanasia la pide quien padece mucho sufrimiento (puede tener dificultad para respirar, estar postrada, tener depresión…), y “experimenta sentimiento de ser una carga para los demás, le preocupa no poder soportar ese dolor, no ser capaz de valerse por sí mismo o no ser querido como está en ese momento”, dice López Barahona. “La decisión de solicitar la eutanasia está condicionada por todos estos factores, o se toma considerando una circunstancia que no se ha vivido aún: se hace una valoración subjetiva de cómo podría llegar a estar o en qué situación desearía que se le aplicara la eutanasia”, añade la experta en bioética 

7. Pone en riesgo a padres “no deseados”.

De igual modo que los padres eligen abortar a hijos “no deseados”, los hijos podrían solicitar la eutanasia para padres “no deseados”. Y no es una mera hipótesis: López-Barahona asegura que este caso ya se ha observado, por ejemplo, en situaciones donde “los hijos quieren el dinero de la herencia de sus padres y los padres plantean utilizar ese dinero para ser cuidados en caso de enfermedades incurables como el Alzheimer o el Parkinson…”.

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