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Pep Borrell, el dentista que habla del amor: “El matrimonio es un chollazo”

Médico odontólogo, marido de Mercè desde hace 38 años y coach del amor para miles de solteros y casados. Este año Pep Borrell tiene más de cien charlas previstas. “Se nos ha ido de las manos”, comenta divertido a Misión.

Por Israel Remuiñán / Fotografía: Gabi de la Torre

“Papá, vamos a crearte una cuenta de Instagram”, le dijeron sus hijos. Acababa de decretarse el confinamiento por la pandemia y a Pep esto le pareció una buena idea. No imaginaba que a sus 62 años supondría un giro total a su vida.

Ahora acumula 160.000 seguidores en redes sociales y su agenda está repleta de conferencias dentro y fuera de nuestras fronteras. ¿Y qué ofrece Pep Borrell a los que le escuchan? Pues algo muy sencillo: consejos de amor. Pero desde la experiencia, sin teorías ni imposiciones, con Dios en el centro y su historia como ejemplo de que “el matrimonio no es perfecto, pero es un chollazo”. 

Padre de cinco hijos y abuelo de siete nietos, habla de amor con la misma naturalidad con la que arregla bocas en la consulta. Su vida tiene ese contraste: dentista de profesión, consejero de amor por vocación. “Este año tengo más de cien charlas. Se nos ha ido de las manos”, reconoce a Misión emocionado.

“¿Pero cómo termina un dentista hablando de amor?”, le preguntamos. Pep se ríe y empieza a contarnos.

“Es una historia larga, todo empezó cuando después de siete años de novios me iba a casar con Mercè. Queríamos recibir un curso prematrimonial, pero en nuestra parroquia no los organizaban.  Me puse a buscar como un loco y solicité lo que yo creía que era una formación a distancia, con VHS y libros. La pedí por correo y cuando la recibí en mi casa, me di cuenta de que no era exactamente lo que buscaba. No se trataba del curso de preparación al matrimonio, sino de las clases que reciben los monitores para formar luego a las parejas”, recuerda Pep. 

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Tiempo después de su boda, con la experiencia de una vida juntos, desempolvaron las viejas cintas de VHS para ofrecer esos consejos que a ellos les faltaron. Y así fue durante varios años; parejas que se juntaban en una casa, cena sencilla, conversación larga. Un tipo de formación que no hace ruido, pero deja poso.

Hasta que llegó la pandemia y cerró puertas. De pronto, el encuentro físico era imposible, y alguien dijo: “¿Por qué no lo hacemos por Zoom y lo abrimos a la gente?”.

Pero el Zoom se quedó pequeño y llegó la propuesta de sus hijos. En Instagram, Pep se hizo famoso por sus retransmisiones en directo contestando preguntas a los jóvenes.

También a matrimonios. Escuchando sus inquietudes y aconsejando sin tapujos. Sin vender un amor infantil. “Nos obsesionamos con el sentimiento, pero el sentir va y viene. Si quieres sentir de nuevo, madruga para prepararle el desayuno a tu mujer. Si lo trabajas, el sentimiento vuelve”.

Cómo elegir correctamente 

Lo que más repite Pep no es una frase teórica, sino un eco que le llega al móvil. Mensajes diarios de gente joven: “Pep, nunca nadie me había hablado del amor así”.  Y es que hemos crecido oyendo advertencias como “no te quedes embarazada”, “no embaraces”, “no te compliques”, pero no hemos aprendido a construir un amor de verdad, a apostar por lo que vale la pena.

Pep habla del amor como quien habla de un oficio. No lo reduce a sentimiento, ni lo convierte en una idea gaseosa. Le gusta una afirmación que a muchos los descoloca porque rompe el mito romántico: “Yo me puedo comprometer a amar, pero no me puedo comprometer a sentir”. Porque para él, “no nos casamos para ser felices, sino para hacer feliz al otro”. Ese es el quid.

Por eso, cuando acompaña a matrimonios que llegan desgastados, insiste en lo concreto: “Prepárale una sorpresa, dile que está guapa, mándale un wasap preguntándole qué tal está, prepárale su plato preferido…”.  Detalles que vuelven a crear el clima donde el sentimiento, según Pep, reaparece. 

“¿Quién es tu príncipe azul o tu princesa rosa? La persona con la que decides casarte. Una vez que has elegido, no hay que darle muchas más vueltas. Siempre digo que en el noviazgo hay que abrir bien los ojos y en el matrimonio, cerrarlos un poco”, asegura entre risas.

“En el noviazgo hay que abrir bien los ojos y en el matrimonio, cerrarlos un poco”

Pero antes de elegir, en el noviazgo hay que tener en cuenta los matices: lo opinable, lo importante y lo grave. Lo opinable se sostiene con humor.  Y aquí aparece el Pep más cotidiano: “Si tienes la desgracia de que tu novio es del Real Madrid, con aprenderte un nombre te basta: Mbappé”. Luego está lo importante: “Esto es lo que define a cada uno y no es una broma. En mi caso lo tenía claro, debía casarme con una mujer enamorada de Cristo.

Y así fue. ¿Podría funcionar un matrimonio sin esto? Puede -funcionar,  pero sería mucho más difícil”.  Y luego está lo grave: “Con las diferencias graves, ni agua. Eso no va a ningún lado. Te pongo un ejemplo exagerado: resulta que tú eres católico, estás de viaje en Afganistán y te enamoras de la hija de un talibán. Permíteme decirte que lo mejor es que salgas de ahí corriendo. No te imagino rezando el padrenuestro con tu suegro ni casándote en la iglesia de tu pueblo”. 

“En mi caso lo tenía claro, debía casarme con una mujer enamorada de Cristo”

Pep es fan de las segundas oportunidades. Cree que dejar un noviazgo por un motivo no grave puede ser positivo si sirve para  “valorar lo que se tenía”. También cree que el mundo se ha quedado pequeño:  “Hoy conoces a alguien en Salamanca, luego a otro en Estocolmo, después por Instagram a otro más joven en Canadá. Tanta opción, paradójicamente, paraliza”. 

“¿Alguna vez has tenido dudas de Dios?”, le preguntamos. A lo que Pep responde que no. “Para mí es todo, lo he mamado, lo he recibido en casa y nunca como una imposición. ¿Dudas? Cuando algo te hace bien, no lo cuestionas. Si vas al gimnasio y te encuentras muy bien, no dudas del gimnasio… Y mucho menos piensas que el dueño del gimnasio no existe”.

Aun así, reconoce el misterio, la fe como don: “¿Por qué yo tengo fe y otra persona no? Me lo pregunto muchas veces, pero en el Evangelio sucede lo mismo. ¿Por que Jesús cura a  algunos y a otros no?, ¿Por qué llama solo a unos pocos? Es un misterio”. 

PEP Y DIOS
Quizás esta relación íntima con Dios puede explicar la ausencia de grandes crisis en su matrimonio: “Sí que hemos discutido alguna vez, pero no recuerdo una etapa complicada entre nosotros. Mi mujer es muy buena”, asegura.
Pep, que está convencido de que el sentido del humor es clave para compartir la vida con alguien y bailar en la cocina puede ser una buena solución a los problemas.
“¿Es posible que un matrimonio funcione sin Dios?”, le preguntamos. “Sí”, responde sin dudar, “porque aunque no sean conscientes, si se aman de verdad, Dios está en medio de ellos. Dios siempre es amor”, sentencia.

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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