Por Alicia Gómez-Monedero
En un mundo en el que, según el promedio anual, se rompe un matrimonio cada siete minutos, Teresa Pueyo Toquero, doctora en Humanidades, y su marido, el ingeniero, filólogo inglés y profesor de Literatura, José María Forment, se embarcaron en la traducción de una obra –“una pequeña joyita”– de la filósofa Alice von Hildebrand enfocada a que el matrimonio sea, como comentó en su día la propia autora, “el remanente del cielo en la tierra”.
Es cierto que “el primer año de matrimonio es difícil porque hay que fundir dos vidas en una y estamos heridos por el pecado, lo que nos dificulta la labor”, explica Teresa Pueyo, esposa y madre de familia numerosa, quien tras estudiar durante mucho tiempo a Alice von Hildebrand se dio a la tarea, junto a su marido, de hacer una nueva traducción de esta obra. “La iniciativa partió de mí –explica Teresa–, pero enseguida fue acogida por mi marido, con el que imparto cursillos prematrimoniales, por lo que el tema del libro nos era muy familiar”. Y, como nada pasa por casualidad, El amor que transforma. Cartas a una joven esposa (Eunsa, 2025), fue publicado el 21 de noviembre de 2025, fecha en la que Teresa y José María cumplían 16 años de matrimonio.
A medida que avanzaban en la traducción del libro, estos esposos se veían reconocidos: “Hemos podido ver el camino ya andado y recordar situaciones de recién casados que hemos superado”, cuenta Teresa. “Ha sido un camino de crecimiento juntos muy bello, que nos ha enriquecido y por el que estamos tremendamente agradecidos”, señala.

Los consejos de von Hildebrand ayudan a unos esposos que, tras darse el sí en el altar, quieren prepararse para lo que pueda venir. Von Hildebrand “combina una gran profundidad teológica y antropológica, ilustrada en pequeñas escenas cotidianas que hemos vivido todos”, explica Teresa. Carta tras carta, la filósofa belga habla de esos primeros malos entendidos, de la diferencia en puntos de vista, de los gustos que no siempre coinciden o de los roces en la convivencia. Y es que aunque Alice y su marido, Dietrich von Hildebrand, que se casaron con 36 y 69 años respectivamente, no tuvieron descendencia, acompañaron a muchos matrimonios jóvenes y a alumnos suyos –los dos fueron profesores de universidad– durante la etapa de noviazgo. “Ellos tuvieron un matrimonio tremendamente fecundo, a pesar de que no tuvieron hijos”, comenta Pueyo.
“El matrimonio tiene que ser sacramental porque sin Cristo no podemos nada”
Dos pilares
Pueyo explica que el hilo conductor del libro se asienta en dos pilares para que el matrimonio sea para toda la vida. El primero consiste en que el amor es algo grande, elevado, y también difícil: “Tiene que ser sacramental porque sin Cristo no podemos nada, y todo lo que sean imitaciones de este amor no son verdaderas”, aclara Pueyo. El otro pilar es la entrega en la vida cotidiana, porque el amor es sublime y necesita ser alimentado humanamente haciendo pequeñas cosas con gran amor aunque no salgan perfectas.
Aunque las cartas estén dirigidas a una “joven esposa”, en realidad el libro es una fuente de sabiduría para novios, matrimonios recién casados y matrimonios que llevan tiempo casados. Para las esposas y también para los esposos. “Nosotros también descubrimos piedras en el camino del matrimonio que se han normalizado y pequeñas faltas cotidianas que se pueden mejorar”, comenta Pueyo. De esta manera, a lo largo del libro se traza un camino para “ser conscientes y purificar vicios o situaciones que se han enquistado y por los que hemos dejado de esforzarnos en el día a día: detalles que cuando se hacen con y por amor, marcan la diferencia”, apostilla la profesora.
“Hay que purificar vicios que se han enquistado en tu matrimonio y por los que has dejado de esforzarte”

Crecer juntos
“El amor que viene al cien por cien de cada uno –dice Pueyo– nos tiene que pulir mutuamente para hacernos más santos, porque el matrimonio es un camino de santificación mutua”. Este camino cuesta, y en ocasiones habrá que renunciar a defectos que son moralmente “neutros”, pero que al otro no le hacen un bien o le molestan. “Es muy fácil quererse dos horas al día cuando somos novios, pero es muy difícil quererse todo el rato, todos los días, cuando estamos cansados o enfermos o si la familia política me ha ofendido”, explica Pueyo.
Todas estas situaciones –a la luz de los consejos de von Hildebrand– provocan que el matrimonio vaya creciendo, adaptándose los esposos el uno al otro, forjando un hogar donde se van dando cuenta de que el centro tiene que ser Cristo y la vida matrimonial debe girar en torno al amor que hace fecunda esa unión.
UN BUEN NOVIAZGO
Teresa Pueyo y su marido son monitores de cursillos prematrimoniales y ofrecen unas claves para que el matrimonio empiece bien: “Uno tiene que tomarse con diligencia el noviazgo, saber escoger y prepararse bien uno mismo, hacerse capaz de la entrega gratuita antes de que llegue el matrimonio”. Apuntan que esta entrega gratuita se trabaja a lo largo de toda la vida, por ejemplo, ayudando en casa cuando somos niños o haciendo algún tipo de voluntariado.
Es fundamental durante el noviazgo rezar y hablar mucho y ver a la otra persona desenvolverse en comunidad, con su familia, con sus amigos. La forma como trata a su familia de origen muestra cómo te acabará tratando a ti. Es imprescindible que la persona con la que vas a casarte tenga claro que el matrimonio es para siempre y “lleve una vida de virtud: constancia en el trabajo, libre de pereza, sinceridad, que trate de vivir las dificultades con alegría… Siempre se puede tropezar, pero tiene que haber una tendencia a la virtud y no al vicio para enfrentarse a semejante empresa como es el matrimonio”, explica Teresa.
TRES CLAVES ESENCIALES
El libro está lleno de consejos sabios, entre los que Teresa y José María destacan tres:
TODO MATRIMONIO NECESITA SU TABOR. Una de las intuiciones más luminosas de von Hildebrand sobre el matrimonio es la llamada “visión de Tabor”. En el Monte Tabor, Jesucristo se reveló en toda su gloria ante Pedro, Santiago y Juan. Aquella experiencia resultó decisiva para que los apóstoles enfrentaran el Calvario. Siguiendo este paralelismo, Alice afirma que todo matrimonio necesita su “Tabor” para afrontar las dificultades de la vida conyugal. Como explica Pueyo, el Tabor es ese privilegio que tienen los esposos de haber contemplado “la belleza del alma de la persona amada tal como Dios la ve, con su valor infinito. Es ese instante en el que se descubre aquello que suscita admiración y enamoramiento, hasta el punto de inclinar el corazón a fijarse más en el bien que en el mal”. Esta experiencia es un fundamento profundo capaz de renovar el amor a lo largo de la vida.
FAMILIA Y TRABAJO. “Que la mujer trabaje menos que el hombre fuera del hogar no es una renuncia, es un privilegio”, asegura Teresa Pueyo. Sin dejar de lado que a veces es necesario que la mujer trabaje fuera de casa, von Hildebrand hace hincapié en que el trabajo no debe estar por encima del cuidado de la vida familiar, sino siempre al servicio de la familia, y esta máxima “aplica tanto a hombres como a mujeres porque cuando a un hombre su trabajo le impide hacer vida familiar, también tiene que plantearse cambiar”, señala Pueyo.
MIRAR AL OTRO. Alice von Hildebrand toca también un tema tan actual como el autocuidado, que hoy nos parece novedoso y que, sin embargo, viene de serie para un buen matrimonio. Pueyo señala que Alice da en la diana: “No es que tengamos que buscar nuestro momento, sino que el otro nos lo tiene que regalar y nosotros a él. Cuando el otro hace todo lo posible para que tú tengas tiempo para ti y viceversa, se dan esos momentos de descanso con un gozo mayor, porque hay más alegría en recibir un regalo que en comprarlo tú mismo”.
Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





