Madre bebé en brazos

El aborto: la madre de todas las batallas

España gasta diez veces más dinero en abortos que en ayudas a embarazadas. Y aunque las amenazas contra el movimiento provida pueden dar la impresión de que el aborto es una batalla perdida, expertos, psicólogos y, sobre todo, las madres que han seguido adelante cuando se les prestó ayuda recuerdan que defender al no nacido es cada vez más urgente para combatir el resto de las injusticias sociales.

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Nayara tiene ocho años y le encanta bailar coreografías de Tiktok, jugar con su hermana Cloe –que acaba de cumplir los 3–, comer paella y pasear por el campo del pueblo de Guadalajara en el que vive, junto a sus padres, Andrea y Jose. En las pasadas Navidades le pidió a los Reyes Magos un bebé reborn, y su cara desbordaba ilusión cuando abrió la puerta del salón el 6 de enero y vio que Sus Majestades se lo habían traído.

Aunque la mascarilla le resulta incómoda, se esfuerza a diario en el colegio “y es de las primeras de su clase”, nos dice Jose con orgullo. Sus abrazos y besos son la alegría de sus padres –la cuenta de Instagram de Andrea es un book de felicidad familiar–, y el pasado otoño estaba deseando celebrar con sus amigas, aun con las restricciones por la pandemia, su cumpleaños.

En medio de un mundo en ocasiones sórdido y triste, Nayara es una niña feliz que hace felices a los demás.Lo que en su inocencia aún desconoce es que, pocos meses antes de aquel 12 de octubre de 2013 en el que vio la luz por primera vez, sus padres, que entonces tenían 14 y 15 años, ya habían cerrado la cita para abortarla en un centro quirúrgico de Madrid. Jose provenía de una familia de okupas politoxicómanos y Andrea era una menor tutelada. El embarazo les pilló por sorpresa y todo el mundo les animó a abortar, incluidos los responsables de la Comunidad de Madrid que tenían la tutela de Andrea. La ley se lo permitía y en la clínica aceleraron los trámites cuando vieron que les entraron las dudas.

“Las amenazas contra los provida reflejan que la industria del aborto está nerviosa”

Sin embargo, justo antes de entrar en el abortorio donde Nayara (a sus pocas semanas de gestación) iba a ser succionada del vientre de su madre y cuyo cuerpo iba posteriormente a ser triturado junto con coágulos y tejidos, justo antes de entrar, decimos, se toparon con el doctor Jesús Poveda, que estaba llevando a cabo rescates provida. “Cuando me contaron su caso solo tenía dos opciones: o les pagaba el aborto para que no se arruinasen económicamente, o les ayudaba a seguir con el embarazo para que no se arruinasen la vida”, dice para Misión.

El coraje de Andrea y Jose, su apuesta a fondo perdido por la vida de su hija, junto a la ayuda del doctor Poveda, hicieron posible que hoy Nayara pueda reír, jugar, estudiar y soñar con mejorar el mundo.

Si la Policía hubiese impedido al doctor Poveda ofrecer su ayuda, como contempla la inminente reforma de la Ley del Aborto, Cloe no tendría una hermana mayor que le contase cuentos, y Nayara no sería la niña adorable que es, sino un número, uno más, entre los 108.690 bebés que fueron abortados en España en el año en que ella nació. Uno antes, en 2012, ese dato había superado los 112.300 abortos.

Madre abraza a su bebé recién nacido
Ayudas solo para abortar

Hoy, casi diez años después, las cifras de bebés abortados en España siguen disparadas, aunque empiezan a descender. “Las amenazas contra los grupos provida reflejan que la industria del aborto y sus promotores están nerviosos”, argumenta Poveda. “Aunque las cifras aún siguen siendo infames y queda mucho por hacer”, matiza.

Y es que según especifica el Mapa de la Maternidad 2020 elaborado por REDMADRE (con datos de los Ministerios de Sanidad y de Derechos Sociales, así como de administraciones autonómicas y locales), una de cada cinco embarazadas en España termina abortando. En 2020, el número de abortos fue de 88.269.
Marta Lozano, psicóloga de REDMADRE y activista provida casi desde la cuna (es hija del recordado Rafa Lozano, uno de los referentes provida más queridos en España) explica para Misión que “uno de los grandes problemas es que los mensajes y ayudas que encuentra una embarazada en riesgo son para que aborte, no para que siga adelante con el embarazo”. Y los datos lo confirman: el análisis del Mapa de Maternidad revela que las administraciones públicas dedicaron diez veces más presupuesto a financiar el aborto que a ayudar a mujeres embarazadas: más de 32 millones de euros de dinero público (32.218.185) para abortos, frente a poco más de 3 millones para ayudar a embarazadas vulnerables (3.392.233).

Raíz de toda desigualdad

“La experiencia de REDMADRE (que ha asistido a casi 190.000 mujeres en 15 años) demuestra que el 80 % de las mujeres que necesitan ayuda y se plantean abortar sigue adelante con su bebé cuando se les ofrece lo que necesitan”, explica Lozano.

Por eso, “es incomprensible que no se haga todo lo posible por ayudar a estos niños, a sus madres y a sus familias, porque al ayudarlas, no solo se salva la vida del bebé, sino que se apoya a grupos desfavorecidos, víctimas de otras injusticias sociales: inmigrantes, jóvenes sin recursos o con escasa formación, madres de niños pequeños en situación de dependencia, familias con problemas de desempleo o precariedad laboral, personas con desarraigo familiar, mujeres acosadas en su trabajo y, sobre todo, mujeres solas o abandonadas, muchas veces víctimas de maltrato físico o psicológico relacionado con su embarazo o su maternidad”.

También la neuropsiquiatra italiana Mariolina Ceriotti, autora entre otras obras de Erótica y materna (Rialp, 2018) y La familia imperfecta (Rialp, 2019), apunta para Misión por qué la batalla del aborto está en la base de la lucha contra todas las desigualdades sociales y, por tanto, por qué la defensa de la vida en gestación es más necesaria que nunca: “El aborto, que en muchas legislaciones se pensó como un mal menor, ha entrado en la mentalidad común como un derecho, tanto que el presidente francés Macron ha pedido su reconocimiento a nivel europeo”. Sin embargo, “la actitud de una cultura hacia la vida naciente es reflejo de su vitalidad y apertura al futuro, y hoy, cuando todos sentimos la inquietante sensación de que nuestro mundo se dirige hacia una implosión y no es capaz de encontrar creatividad y esperanza, vale la pena seguir luchando esta batalla, sobre todo aquellos que aún creen profundamente en la belleza de la vida”.

“Hoy son los abortistas quienes tienen que justificar el asesinato de un humano por nacer”

Cambio de signo

De hecho, como constata Tomislav Cunovic, responsable internacional del movimiento 40 Días por la Vida, la lucha provida de las últimas décadas ya está dando frutos, como la lenta reducción del número de abortos y la creación de redes de asistencia no solo para embarazadas, sino también para familias y personas en riesgo de exclusión. La labor de entidades provida como la fundación Madrina, que durante la pandemia dio de comer a más de 4.000 familias al día, así lo corrobora.

Este ejemplo cívico deja más en evidencia a los proabortistas: “Atrás quedaron los días en que el aborto era visto como un tema de religión frente a libertad. Ahora es una cuestión de ciencia frente a emoción. No es el movimiento provida el que tiene que justificarse, sino que los abortistas deben justificar el asesinato de un ser humano por nacer, para lo cual no hay excusa posible”, afirma Cunovic.

Y tanto él como Ceriotti coinciden en alentar al compromiso provida. “Hoy tenemos la oportunidad y el deber de testimoniar que la vida tiene sentido, que tener hijos es hermoso, que criarlos es emocionante y da a nuestra vida un valor y una riqueza que ningún otro acto creativo es capaz de dar. Que los niños dan más de lo que quitan: dan vida, imaginación, futuro, alegría, aunque nos quiten sueño y dinero. Hemos de testificar que vale la pena seguir trayéndolos al mundo”, afirma la italiana. “Por eso, quien se sienta llamado a tomar parte en la batalla más importante de todos los tiempos, que se ofrezca a Dios y ocupe su puesto”, remata Cunovic.

El genocidio Down
Niño síndrome de down saluda sonriente

Uno de los argumentos más esgrimidos por los abortistas es que no merece la pena traer al mundo a niños enfermos. Aunque es un criterio insostenible (pues también podría emplearse para asesinar a niños que enferman gravemente en su infancia), el pretexto de la salud del bebé está sirviendo para eliminar a seres humanos con cualquier discapacidad o malformación, aunque no sean incompatibles con la vida ni causa de dolor.

Un artículo del The New York Times publicado el 1 de enero de este año denunciaba un tipo de tecnología creada en Silicon Valley, que está siendo utilizada para impulsar la industria del aborto a través de unos test que, en teoría, detectan los más variados síndromes. Sin embargo, advertía el diario, en el 85 % de los casos sus resultados son erróneos. Es decir, de 100 fetos abortados porque esta prueba les detectó una discapacidad, 85 habrían nacido perfectamente sanos.
El ejemplo más evidente de esta obsesión por dar vida solo a niños “aceptables” es el del síndrome de Down. Las cifras, dentro y fuera de España, muestran que los abortistas están llevando a cabo un exterminio sistemático, que encaja con la definición de genocidio de la Real Academia de la Lengua (“exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”; en este caso, por no ajustarse al estándar de la “raza humana sana”). Como denuncia la Fundación Jérôme Lejeune, en Francia, el 96 % de los bebés a los que se les detecta síndrome de Down son abortados. En Islandia llega al 100 % y solo nacen a los que no se les detecta este rasgo, que no es una enfermedad, sino una alteración cromosómica compatible con una vida sana y feliz. En España, el índice de bebés abortados por tener (o sospecha de tener) síndrome de Down supera el 95 %, y la ley lo contempla como razón para abortar hasta la semana 22. Algo que indigna a las personas con Down, como denunciaba el actor Pablo Pineda a Misión: “El aborto me parece un latrocinio, y más en los niños con síndrome de Down. Un hijo no es un plato de comida que puedes escoger. Un hijo es una persona que tiene derecho a vivir. Al abortar, matas a tu hijo y te privas de experiencias extraordinarias”.

Una triple violencia

La neuropsiquiatra, psicoterapeuta y escritora italiana Mariolina Ceriotti explica que luchar por la vida y contra el aborto implica combatir una triple violencia. Primero y de forma radical, una violencia contra la vida inocente del bebé, pues “el niño concebido es un niño ya presente”. En segundo lugar, el aborto es un acto de violencia contra la mujer, que es obligada “a silenciar de forma dramática la conciencia de que lo que tiene en su vientre es un hijo único que ha comenzado a vivir en ella”, con unas consecuencias que “son una profunda carga que sufre hasta mucho tiempo después”. Y en tercer lugar, es una violencia contra el varón: “Para quienes defienden el aborto, el padre es solo un espectador a quien se puede mantener en la oscuridad. Esto tiene dos efectos en las relaciones personales y a nivel social: por un lado, se produce una creciente irresponsabilidad del varón hacia la mujer, y por otro, se da su progresiva marginación hacia los hijos. El mensaje es que el niño pertenece a la madre, y esto afecta profundamente al ya delicado equilibrio de las familias”.

Artículo publicado en la edición número 63 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

DICIEMBRE 2022, ENERO, FEBRERO 2023

DICIEMBRE 2022, ENERO, FEBRERO 2023