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Alejandra Salinas: “Estos productos monásticos están hechos rezando por la persona que los va a consumir, eso no tiene precio”

La Fundación Contemplare es un puente entre la vida contemplativa en España –aún la más numerosa del mundo– y la sociedad. Profesionales de éxito de distintos ámbitos se unieron para poner su talento al servicio de decenas de monasterios y conventos para impulsar la venta de sus productos. Gracias a su labor, muchas comunidades consiguen sostenerse mientras los consumidores descubren elaboraciones artesanales de gran calidad hechas en oración. Sobre esta misión hablamos con la directora de Contemplare, Alejandra Salinas.

Por Javier Lozano

Alejandra, ¿cuál es la misión de la Fundación Contemplare?

Ayudar a que las monjas y los monjes puedan vender los productos que elaboran con tanto cariño. Su vida está centrada en la oración, no en el marketing ni en estudiar herramientas de venta. Por eso nosotros nos ocupamos de todo lo que tiene que ver con la comercialización para que puedan sostenerse.

¿Es fácil comprender las particularidades de su trabajo?

Lo primero es comprender la esencia de la vida contemplativa. A veces pensamos que la solución es que vendan mucho más, pero no siempre quieren eso: sólo necesitan vender lo suficiente para mantenerse. No tienen más capacidad de producción y tampoco buscan tenerla. Su vida se rige por la premisa del ora et labora: rezan la mayor parte del día y dedican unas horas al trabajo. Necesitan que el fruto de ese trabajo llegue al mercado, porque no reciben ayudas fijas y tienen gastos importantes, incluido ser custodios y mantener edificios muy antiguos que dependen de ellos.

¿Dirías que vosotros sois sus manos fuera del convento?

Exacto. Venimos del mundo de la empresa y sabemos cómo funciona. Es fascinante porque te das cuenta de que las religiosas lo necesitan y cuando llega un pedido grande, lo agradecen muchísimo. Es una alegría enorme para ese monasterio. Y lo mismo pasa con las empresas: cuando visitamos una empresa y le mostramos una cesta de Navidad, una canastilla de nacimiento o un detalle institucional, lo agradecen porque es algo que necesitan comprar. Además, saben que están hecho en un monasterio, que es una ayuda social. Son productos genuinos, muy exquisitos, y eso es algo que se valora mucho.

¿Ayudáis en algo más?

Sí. No sólo vendemos lo que hacen, sino que les sugerimos ideas de productos fáciles de elaborar que quizá no habían considerado. También trabajamos mucho la presentación. A veces basta con mejorar un poco el packaging para marcar la diferencia. Ese cuidado es parte de nuestro valor añadido: no sólo es un producto exquisito, sino que va presentado con gusto y manteniendo un estilo monástico.

¿Qué valor añadido ofrecen estos productos monásticos?

Que están hechos con oración y con amor. No salen de una máquina. Pero voy más allá: son hechos mientras rezan por la persona que los va a consumir. Imagina: algo que comes o disfrutas estaba destinado a ti. Eso no tiene precio. Que personas que entregan su vida y viven en oración por la humanidad elaboren productos en oración y en silencio por las personas que lo van a recibir es algo muy especial.

Incluso una persona no creyente puede valorar esto.

Genera perplejidad en el mundo entero, porque nos hemos encontrado personas que no son particularmente creyentes, pero quieren ayudar a las monjas porque hacen un bien enorme y son un patrimonio nacional. El mundo tiene sed, y todo esto enciende en las personas esa lucecita. Genera un asombro que es muy bonito de ver.

¿Qué buscan realmente los clientes? ¿Ayudar o un producto de calidad?

Ambas cosas. Es muy divertido ver eso porque hay personas que vienen a Contemplare buscando el producto de un monasterio concreto al que tiene cariño. Otras personas vienen a por un producto específico que saben que está allí y no les interesa nada más. Pero, por ejemplo, en una de las ferias vino una chica y me dijo: «Quería que me dijeras qué producto no se vende para comprarlos». Casi me caigo. Era una chica que tenía mucha sensibilidad y había venido porque quería ayudar.

Se acerca la Navidad y los productos estrella son las cestas de Navidad.¿Funcionan bien las cestas navideñas?

Muchísimo. Son muy bonitas y hacemos una combinación que las hace muy completas. Ponemos por supuesto el polvorón y el turrón, pero además hay chocolate exquisito, pastas un poco más modernas o la yema de toda la vida. También ahora hay mucho interés por los patés. Hay cervezas, licores, quesos o aceites… Vemos los intereses que tiene el cliente y le hacemos una oferta. Son muy bien recibidas, incluso entre empresas nunca imaginarías. Además, en la web ya hay cestas listas para comprar.

Pero esta obra social no acaba aquí.

Exacto. Las cestas se montan en la Fundación A la Par, que trabaja con personas con discapacidad intelectual. Tienen talleres donde preparan todo con muchísimo cariño. Así que cuando alguien compra una cesta, ayuda a los monasterios y también a estos jóvenes. Es una obra social completa.

¿En qué grado esta ayuda que prestáis es un auxilio para su subsistencia?

No es algo anecdótico. Tiene un peso importante en los fondos que necesitan para mantenerse durante el año. A veces una empresa nos encarga miles de cestas, llamamos a las hermanas… y cuando se confirma el pedido nos dicen: “Es providencial, necesitábamos cubrir tal gasto”.  Gracias a eso saben que podrán hacerlo. Esto es muy impresionante. Por eso, nosotros vamos a seguir ampliando la oferta y buscando más empresas de modo que los monasterios puedan vender durante todo el año. Así reciben una ayudar permanente.

Religiosas de distintas congregaciones en la sede de Contemplare en Madrid.
Religiosas de distintas congregaciones, en la sede de Contemplare en Madrid.
¿Alguna anécdota?

Una hermana a la que llamamos para decirle que el pedido se confirmaba no contestó enseguida.  Al día siguiente me llamó y me dijo: “Perdón, perdón, no podía contestar, me fui directamente al sagrario”. Tenemos mucha presión para ir sembrando y es muy bonito porque siembras y siembras y siempre te sorprendes. De repente te sale un cliente que no te esperabas. Estamos continuamente sorprendidos de las cosas que ocurren.

Y gracias a esta estabilidad ellos pueden centrarse mejor en su vocación.

Exacto. Dios provee siempre, pero es una gracia poder ser instrumento. Un día llamé a una monja para sugerirle un pequeño cambio en sus productos para incluirlos en las cestas de Navidad, y me respondió: “Justo ahora estaba rezando, y le decía a mi Señor: ‘Necesitamos vender a empresas; tienes que mandarme a empresas’. Y justo me llamas tú’”. Cuando experimentas cosas así ves que viven en la pobreza y cómo Dios provee. No hay nada que te dé más satisfacción que ver las maravillas que ocurren.

CONTEMPLARE ESTA NAVIDAD

En esta campaña de Navidad la Fundación Contemplare va a estar presente en distintos puntos físicos para vender productos monásticos.

En la Plaza Mayor de Madrid estarán entre el 4 y el 8 de diciembre por tercer año consecutivo vendiendo productos de más de 80 monasterios.

En el Centro Comercial ABC Serrano de Madrid (Calle Serrano, 61) Contemplare estará presente entre el 4 y el 20 de diciembre.

En Oviedo, Contemplaré estará presente en la Feria del Camino entre el 5 y el 23 de diciembre.

En la sede de la Fundación Contemplare, La Casita, situada en la calle Anita Vindel número 8 de Madrid también se pueden comprar estos productos monásticos.

Para más información y compras online visite: https://www.fundacioncontemplare.org/

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