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Santa Juana de Arco 2

La conversión tumbativa de Sonia Drapeau al tocar el anillo de Santa Juana de Arco

De santa Juana de Arco no se conservan sus restos. Fue quemada viva en Rouen en 1431, entre cuyas cenizas apareció su corazón incorrupto. Sus verdugos, movidos por el odio, arrojaron todo lo que quedaba de ella al río. Sólo un objeto se salvó: su anillo

Por Javier Lozano y Viviana Mourgeon
Fotografía: Cortesía HM Televisión

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

El anillo de la doncella de Orleans es la única reliquia suya que queda y se debe, paradójicamente, a que los que querían matarla se lo apropiaron. En 2016 regresó a Francia gracias a Philippe de Villiers, fundador del parque Puy du Fou, que lo compró en una subasta en Londres. “Para Juana ese anillo era un símbolo del Cielo y de la tierra. Tiene inscrito en letras góticas su programa de vida: JHESUS-MARIA”, cuenta a Misión la hermana sor María de la Sagesse, SJM. “Las reliquias son un tesoro para los católicos. El anillo no es Juana, pero la representa y tiene un poder de intercesión inimaginable. Dios hace milagros a través de este instrumento para invitarnos a profundizar  en el misterio de la comunión de los santos”, añade.

“Al tocar el anillo de Santa Juana sentí un calor abrasador”

Ahora esta reliquia se puede contemplar en Puy du Fou Francia, en la región de la Vendée, y con él las gracias comienzan a aflorar con una fuerza tan inusitada como la de la propia Juana. Es el caso de Sonia Drapeau, voluntaria del parque y atea convencida que experimentó una conversión tumbativa al tocar el anillo, hecho que relata en su libro Convertie par l’anneau de Jehanne d’Arc (Salvator, 2023). 

Relata a Misión que cuando el anillo llegó al parque los trabajadores pudieron contemplarlo como primicia. Tras dudar si acercarse a él, finalmente se lanzó y ocurrió algo “sobrenatural”. “Al tocarlo sentí un calor abrasador que pasó de mi dedo al corazón. Es difícil de explicar, porque entonces fui invadida de una emoción que me llenó por completo, sentí un amor inmenso, pero no un amor que yo conociera, como el amor a mis hijos o a mi marido. Nunca había experimentado algo igual”, confiesa.Al retirarse de la fila, Sonia estaba en shock. “Me sentía como en otro mundo. Estaba en la sala, sin estar ahí. Veía que los labios de la gente se movían, pero no podía oír lo que decían. No comprendía nada, sin embargo, en ese instante se me hizo evidente que Dios existía, que había un amor más poderoso en alguna parte”, agrega. 

“Fui invadida de una emoción que me llenó por completo, sentí  un amor inmenso” 

Rápidamente, regresó a casa para hablar con su marido, Philippe, que sí era católico, aunque poco practicante. “Te conozco, Sonia, cuando entraste no te vi como siempre, algo te ha pasado”, le dijo. Tras contarle su experiencia mística, él se emocionó: “Sonia, esto es hermoso, es el Señor que te tocó”. Ella, sin embargo, aún creía que a la mañana siguiente todo aquello no sería más que un sueño. Pero no, no era ya la misma. 

“La primera vez que fuimos a misa juntos lloraba porque no podía comulgar, fue doloroso. Mi marido también lloraba, pero porque había sido golpeado por el Señor. Estaba feliz y su rostro resplandecía”, reconoce esta mujer de 56 años. Empezó un camino de fe en el que acompañada de su marido fue recibiendo los sacramentos. 

Lo que no podía imaginar es que sus cuatro hijos, todos ellos sin bautizar, se irían convirtiendo. Y el anillo de Santa Juana también jugó un papel importante. En la primera exposición abierta al público, su hija Pauline entró en una especie de éxtasis frente al anillo. Se quedó paralizada y hasta el personal de seguridad tuvo que intervenir para apartarla. Al alejarse se puso a llorar sin saber qué le había pasado. Al igual que Pauline, sus otros hijos, François, Thibault y Clothilde irían, poco a poco, bautizándose. “Para mí todo esto es algo increíble. En cinco años toda nuestra familia ha entrado en la Iglesia Católica”, concluye Sonia. Y todo empezó con el anillo. 

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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