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Apollinaire Cibaka

Apollinaire Cibaka: “Corrí por la selva mientras nos disparaban”

El sacerdote Apollinaire Cibaka denuncia con dolor la persecución silenciada que sufren los católicos del Congo a causa de su fe.

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

La región de Kasai es el centro geográfico de la República Democrática del Congo, y desde hace meses, también es el foco de los horrores que tiñen de sangre el país.

Desde 2016, las luchas entre líderes de tribus locales, la oposición y el Gobierno de Joseph Kabila han dejado episodios de película de terror: civiles tiroteados en la calle, militares decapitados, fosas comunes…

En este tsunami de violencia y ambición, la Iglesia se ha convertido “en el blanco de todas las iras”, como explica a Misión el sacerdote Apollinaire Cibaka. Él mismo sabe lo que es huir a través de la selva, mientras una horda de salvajes arrasaba el seminario del que es formador. Su relato describe la persecución a la que se ve sometida la Iglesia en el Congo: secuestros, profanaciones, asaltos… y también el silencio internacional que le ha llevado a Europa para denunciar este caos.

“Nuestras instituciones carecen de legitimidad: el mandato del presidente caducó en diciembre de 2016; el del Parlamento, en enero de 2017; los gobiernos regionales, en 2011… Hay un golpe de Estado de facto, y quienes ocupan el poder bloquean cualquier cambio”, explica. A esto hay que añadir conflictos tribales “alentados por facciones políticas enfrentadas y por multinacionales con intereses económicos”; el papel de las sectas evangélicas, “alineadas con el Gobierno para seguir recibiendo subvenciones”; y una creciente influencia del islam, “financiado desde el exterior”, detalla.

La única que denuncia

Actualmente, “la Iglesia es la única que denuncia los abusos del poder y defiende los Derechos Humanos. Nuestros colegios, parroquias y hospitales son la única esperanza para los congoleños: evitamos la discriminación de la mujer, cuidamos de los pobres, llamamos a la conversión…”, explica el padre Cibaka, fundador también de Projet Ditunga, una ONG de cuyos trabajos Misión se hizo eco el pasado mes de marzo.

La labor de la Iglesia pone en evidencia a quienes luchan por el poder, y ha despertado los odios del Gobierno y de las milicias. Ambas facciones han aprovechado el intento de los obispos de mediar en la crisis como excusa para sus ataques.

“La mediación no dio fruto por el incumplimiento de los políticos, pero se presentó a los obispos como cómplices y los ataques se multiplicaron: amenazas de muerte diarias, conventos profanados… Aún no hay víctimas mortales, pero es cuestión de tiempo”, alerta. De hecho, el 17 de julio dos sacerdotes fueron secuestrados en Beni por una milicia, sin que se conozca su paradero. Tampoco hay noticia de otros tres curas secuestrados en 2012 en idénticas circunstancias.

Un chivatazo en la noche

El propio Apollinaire sufrió uno de estos ataques en febrero, cuando la milicia de un jefe tribal enfrentado al Gobierno quiso establecerse en un barrio construido en torno al seminario de Kasai. “Nos opusimos –recuerda– porque es una tribu muy violenta que engaña a los jóvenes con brujería: les hacen creer que con un baño ritual y una pócima, que es droga, las balas del enemigo no les herirán y su bastón se convertirá en serpiente, machete o fusil. Por respuesta, ocuparon parte de la finca del seminario. Pensamos que no harían nada más…”. Pero se equivocaron.

“Una noche nos dieron el chivatazo de que nos atacarían al amanecer. Evacuamos a los seminaristas y avisamos a las autoridades, y cuando llegó el Ejército les exigimos que negociasen sin derramar sangre, porque la ONU ha denunciado 17 fosas comunes de asesinados por el Gobierno”.

Tras un cúmulo de despropósitos, el seminario y dos conventos aledaños sufrieron dos ataques de la guerrilla, que incendió los edificios y arrasó habitaciones, ordenadores, sistemas eléctricos e hídricos, e incluso dos capillas, en las que el Santísimo fue profanado. Apollinaire, las religiosas y otros sacerdotes salvaron la vida de milagro: “Huimos por la selva mientras disparaban, pero no fuimos alcanzados”. El Ejército se estableció en el seminario para protegerlo, “pero saquearon lo que quedaba”, lamenta.

Lejos de perder la esperanza, los católicos del Congo abrazan la cruz y alzan la voz: “Nadie desea la cruz, pero cuando te toca te hace valorar hasta dónde estás dispuestos a seguir al Señor. La Iglesia del Congo es hija de la Iglesia de Occidente y necesitamos sentir su maternidad: rezad por nosotros, denunciad la situación, ayudadnos en lo material. Somos una Iglesia joven que vive momentos oscuros”, concluye.

¿Cómo ayudar?

Puedes colaborar con los católicos perseguidos del Congo a través de la ONG del padre Apollinaire, Projet Ditunga, desde la web www.mutokamwoyo.org, o llamando al teléfono 650 86 15 00. También desde Ayuda a la Iglesia Necesitada, llamando al 91 725 92 12, o en la página web www.ayudaalaiglesianecesitada.org

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