Por Mar Solís / Fotografía: Cortesía Apostolado Cristo de la Calle
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Cuanta más pobreza material existe, mayor urgencia hay de llevar el amor de Dios a todos los rincones, especialmente a donde se encuentran los últimos, los olvidados. Esto es lo que hacen los jóvenes que participan en el apostolado Cristo de la Calle: salir a repartir ropa, mantas, rosarios y comida a todo aquel que lo necesite, especialmente a las personas que no tienen hogar.
“Siempre decimos que el bocadillo es la excusa, realmente lo que nosotros buscamos con esta actividad es salir al encuentro del otro”, explica Natalia Zamora, responsable de este apostolado. Partiendo de su experiencia, habla de la propia transformación que se va dando entre los voluntarios. “Nuestros corazones se van ablandando cada vez más, te cambia la mirada, ya no ves a alguien que no tiene techo, sino a alguien que espera recibir el amor de Dios”, confiesa.
“Reconociendo tu pequeñez te encuentras con tu propia pobreza y con la grandeza del amor de Cristo”
Los propios voluntarios se encargan de la compra y preparación de los alimentos y de la ropa. El Regnum Christi proporciona apoyo logístico y espiritual, asegurando que cada salida sea un acto de amor bien planificado y ejecutado. De este modo, este compartir se convierte en un intercambio de amor y esperanza, donde el alimento físico es sólo el vehículo para algo mucho más profundo y significativo: el encuentro con el amor de Dios.

Mucho más que solidaridad
A Natalia, el pasaje del Evangelio de san Mateo “en verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40) le da luz en este apostolado. Al poner este apostolado a la luz de la fe, ya no es simplemente la entrega de un bocadillo, sino que “lo realmente valioso que llevamos es el compartir un poco de ese amor de Cristo que nosotros hemos vivido en nuestra vida”, añade. Esta perspectiva transforma un acto de ayuda en una manifestación del amor divino.
Natalia destaca el impacto emocional y espiritual que ha tenido participar en esta iniciativa. Ha experimentado una gran impotencia frente a la magnitud de las necesidades de las personas en situación de calle, pero también se ha dado cuenta de que no es ella quien puede hacer el cambio, sino Cristo actuando en ella. En este reconocimiento de la propia pequeñez “te encuentras con tu propia pobreza” y con la grandeza del amor de Cristo.
Para más información sobre Cristo de la Calle: www.soymisionero.es
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





