Por Francisco Javier Villar García / Nártex
Dedicado al precursor de Cristo, san Juan Bautista, el baptisterio se encuentra adosado al duomo paduano. Este magnífico ejemplo del románico lombardo está constituido por una planta cuadrangular con un enorme tambor que sostiene la cúpula, así como por una serie de arcos ciegos en los muros y lesenas. Pero lo más llamativo en él son los frescos que cubren todo el monumento. Narran escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento que convergen en el Paraíso representado en la cúpula, recordatorio imperecedero del destino del cristiano: la santidad.
1. Obra maestra de la geometría. Organizada en cinco circunferencias concéntricas, en las tres primeras están los santos, y en las últimas, rodeando a Cristo, hay ángeles aureolados. El tamaño de los personajes desciende conforme se acercan a la imagen del Santo de los Santos. Muchos ven en esta disposición una clara influencia de la comprensión del Paraíso de Dante en la Divina Comedia.
2. Gradación del color. El artista maneja a la perfección los volúmenes gracias a un magistral uso de la gradación del color. Los cambios de colores en las túnicas de los santos nos recuerda que en el Cielo cada uno brillará por el carisma que el Espíritu Santo le suscitó en su vida. Y, como en el arcoíris, ningún color sobra. Todos están en perfecta armonía.

3. Signos de la divinidad. El Cristo Pantocrátor, situado en el centro de la cúpula, es el origen de la santidad de la Iglesia: “¡Santo, Santo, Santo, el Señor de los ejércitos! ¡Llena está toda la tierra de su gloria!”, cantan los ángeles. De clara influencia bizantina, este Cristo de grandes ojos almendrados sostiene con su mano izquierda el Libro de la Vida. Él es el Señor de la Historia. Y con la mano derecha bendice a su pueblo. Endosa una túnica púrpura, signo de su realeza y de su Encarnación, y un manto azul abraza su hombro izquierdo y rodea su torso, significando su divinidad. Además, su imagen está nimbada con una aureola cruciforme dorada y, a su vez, Él se encuentra en una mandorla mística circular, ambos símbolos para reforzar su identidad divina.
4. María Resucitada. La Virgen María, situada en el centro del Paraíso, destaca en eje simétrico con su Hijo, de quien recibe su propia santidad. Se encuentra también en una mandorla dorada, soportada por querubes, signo de su especial posición de Reina del Cielo. Viste túnica púrpura como Reina, y manto azul como Madre de Dios. Y mientras todos los santos están entronizados, Ella se encuentra de pie como signo de que ya ha resucitado: ¡está viva, intercediendo de continuo por cada uno de nosotros!
Artículo publicado en la edición número 77 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





