Belén napolitano: el Misterio se hizo arte

El espectador contemporáneo puede sentirse incómodo ante la complejidad y el lujo del Nápoles español
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Por Rut Sanchez

Por Isabel Fernández, presidenta de Nártex (nartex.org) /  Fotografía Belén Napolitano del Palacio Real de Madrid

Este tipo de belén es una de las expresiones artísticas más valiosas del siglo XVIII. La mirada se pierde en mil detalles de artesanía delicada. De repente, algo inaudito capta la atención. En medio del bullicio, irrumpe, entre las ruinas de un templo romano, el más peculiar de los niños: el hombre Dios.

El belén napolitano se caracteriza por una escenografía espectacular y por la profusión de objetos y personajes. Tiene su origen en unas figuras de tamaño natural que adornaban los hospitales de Nápoles en Navidad. Al reducir el tamaño de las imágenes, los artesanos alcanzaron altas cotas de virtuosismo, dotando a sus personajes de gran expresividad.

La tradición del belén, que había nacido en el Medievo de la mano de San Francisco de Asís, se extendió a los hogares en el siglo XVIII, a través de la influencia de la Corte. El esplendor del belén napolitano empezó con el reinado español de Carlos III en Nápoles. En la Real Fábrica de Porcelana de Capodimonte, fundada por el propio rey, se crearon las primeras figuras. El monarca y su mujer, Amalia de Sajonia, participaban en la instalación del belén, y el palacio abría sus puertas para mostrar el resultado. Al llegar a España, la reina puso un belén en el Palacio del Buen Retiro con figuras traídas de Nápoles, y cuando falleció, sus hijos mantuvieron la tradición. 

Las figuras

Cabeza, cuello y manos son moldeadas con detalle; los ojos son de vidrio. El cuerpo, de alambre rodeado de estopa y cubierto por telas, permite una gran variedad de posturas. Jesucristo es uno de los nuestros, y en la Sagrada Familia podemos descubrirnos, inspirarnos e identificarnos.

El Misterio escondido

Los artistas napolitanos del s. XVIII –y cuantos adoptaron su visión– logran actualizar el Misterio. Cristo, que nació en Belén, también se había hecho Niño para ellos. Las respuestas a esa entrega divina están representadas en los distintos tipos de personajes: los más lejanos se distraen con la comida y la bebida. Otros, ensimismados en sus quehaceres, apenas se dan cuenta de que ha venido el Señor. Sin embargo, el Señor está cerca, y quienes lo descubren corren a adorarlo.

Las construcciones

Las casas tienen ventanas de vidrio, y la luz interior ilumina escenas domésticas e ingeniosas decoraciones. En lo cotidiano está Dios. La cabalgata de reyes es la excusa perfecta para introducir lo exótico, todo aquel mundo misterioso evocado por los mercaderes que llegaban a la ciudad.

El marco de la Sagrada Familia

¿Por qué la Sagrada Familia no se refugia en un establo, sino en las ruinas de un templo romano? Unas excavaciones de la época habían sacado a la luz las ciudades de Pompeya y Herculano. Los artistas cristianos tomaron ocasión del hallazgo para enriquecer su arte, y de ahí surgió una nueva enseñanza: El Hijo de Dios pone su hogar entre las ruinas del paganismo, de una civilización que no le esperaba. Él la renueva, la ilumina y la recupera para Sí.

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