Por Javier Lozano
Ilustración: María Olguín
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Bendecir la casa es una tradición que tiene su origen en la Escritura. Ya Cristo pedía a los apóstoles: “En cualquier casa donde entréis, decid primero: ‘Paz sea a esta casa’. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros” (Lc 10, 5-6). A lo largo de los siglos, los ritos de bendición se fueron desarrollando hasta que llegaron a existir bendiciones particulares para las personas en diversas circunstancias (miembros de una familia, mujeres embarazadas, novios, catequistas, peregrinos…), los lugares (espacios de trabajo, campos, locales de asociaciones, seminarios…) y los objetos (herramientas de trabajo, vehículos, objetos de piedad…).
El padre Edward McNamara, LC, director del Instituto Sacerdos de Roma, especializado en la formación de sacerdotes, perteneciente al Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, cuenta a Misión que la Iglesia valora sobremanera estos sacramentales que nada tienen que ver con “una mentalidad mágica”. Y explica que estos sacramentales nos hacen recordar “que Dios es la fuente de toda bendición, y al consagrarle nuestra casa lo que hacemos es invitarle a Él y a su Iglesia a formar parte activa de nuestro hogar”. De este modo, las personas que allí habitan piden que bajo el techo que ampara a su familia se dé de continuo gloria a Dios.
Estaciones del peregrino
Bendecir la casa puede ser una oportunidad propicia para iniciar un camino de conocimiento más profundo de Dios en la familia, y más cuando en muchos hogares el vínculo con la parroquia y con los sacerdotes es débil o inexistente. “Lo que quizás pudo comenzar como una bonita tradición puede ser el inicio de un camino pastoral”, señala este sacerdote.
“Cuando una persona invita a otra a entrar en su casa es un signo de confianza”, subraya McNamara. Por eso él aconseja al sacerdote que acude a realizar la bendición del hogar que responda a ese signo de confianza sembrando allí la semilla del Evangelio: “Puede darse cuenta de que hay una persona anciana que desea recibir los sacramentos o un niño en edad de catequesis. Puede también dejar una imagen sagrada o una oración”, agrega.
Ayuda frente al mal
También en la bendición del hogar –recalca este religioso– “se pide la protección de Dios contra todo mal”, además de otros beneficios espirituales y materiales para toda la familia. La acción del demonio no sólo se puede manifestar en las personas, sino también en objetos y lugares concretos. El padre McNamara recuerda, en primer lugar, que “todo sacramento y sacramental, al estar en el orden de la gracia, tiene el poder de alejar al demonio”. Por tanto, señala que la bendición del hogar es un signo claro de protección.
Aunque no es frecuente, es posible que una familia que llega a un nuevo hogar encuentre algún tipo de influencia demoniaca en el lugar. “No hay que atribuir a la acción del demonio todo lo que pueda pasar. Normalmente, el rito de la bendición de una nueva casa será suficiente para alejar estos influjos”, aclara el padre McNamara. Y dice “normalmente” porque, aunque son excepcionales, existen casos que pueden mostrar el influjo directo del demonio.
Este sacerdote cita distintos ejemplos: “Objetos que se mueven sin que los toque nadie, luces que se encienden o se apagan sin explicación, ruidos extraños, o fuertes olores sin causa aparente”. Son fenómenos poco habituales y suelen ocurrir –según explica– en lugares donde el demonio “ha sido de alguna manera invitado”, como, por ejemplo, en “casas donde se realizaron prácticas esotéricas [propias de las ciencias del ocultismo], satanistas [adoración al propio Satanás] o espiritistas [intento de ponerse en comunicación con los difuntos]”.
En estos casos graves es preciso reclamar la presencia de un sacerdote autorizado por el obispo o al propio exorcista de la diócesis, ministerio que el padre McNamara conoce muy bien, ya que el Instituto Sacerdos organiza cada año un Curso sobre el exorcismo y la oración de liberación que reúne en Roma a cientos de sacerdotes y expertos de todo el mundo.
Resistir y crecer en virtud
Para casos concretos de infestación diabólica, existen oraciones especiales en el apéndice del ritual de exorcismos. El obispo del lugar puede autorizar al párroco o a otro sacerdote a realizar este rito, siempre que tenga la certeza moral de que se trata de verdad de una acción del demonio.
Este religioso insiste en que “incluso en el caso de necesitar realizar estos ritos, la vivencia de los sacramentos y los sacramentales suele ser un fuerte apoyo para prevenir y proteger a una familia y a su hogar del influjo demoniaco”. Estas armas que facilita la Iglesia son, en definitiva, la ayuda más valiosa “para resistir la tentación y crecer en la virtud”.
CÓMO Y POR QUÉ BENDECIR UNA CASA
¿Por qué bendecir una casa? Para atraer sobre ella el favor de Dios y de su corte celestial, a la vez que expulsar a los demonios que impiden a quienes en ella habitan dar gloria a Dios en su vida diaria.
¿Quién puede bendecir? Preferiblemente un sacerdote, pero también el pater familias puede hacer el ritual de bendición de la casa y rociar agua previamente bendita en todas sus estancias. Si falta el padre, la madre puede bendecir a los hijos y la propia casa, empleando el rito correspondiente, ya que cada bendición tiene su rito propio.
¿Qué y a quién bendecir? Principalmente a las personas (a todos los miembros de la familia, a las embarazadas, a los enfermos…), a sus mascotas, los espacios (estancias de la casa, espacios de trabajo, la parcela…) y los objetos (de piedad, para el trabajo, el coche…).
¿Cómo se bendice una casa? El sacerdote comienza por bendecir el agua con la que rociará las estancias. La familia puede conservar el agua bendita y renovarla. Siempre que el agua permanezca en más de dos tercios de su cantidad, podrán añadir más agua y esta mantendrá su bendición.
¿Cada cuánto repetir la bendición? Es importante bendecir siempre los nuevos hogares, preferiblemente antes de entrar en ellos, y renovar la bendición de la casa una vez al año. Para la Epifanía se puede realizar también una bonita bendición propia de esta fiesta: con el rito correspondiente se traza sobre el marco de la puerta con una tiza la inscripción “20 + C + M + B + 25” (o el año en curso). Las iniciales indican Christus Mansionem Benedicat, es decir, “Que Cristo bendiga esta casa”.
DOS TIPOS DE BENDICIONES
Existen dos clases de bendiciones para las familias, la de la propia casa y una segunda de gran belleza, la bendición anual de la familia en su casa. “Forma parte de la peregrinación de esta familia hacia el Cielo y sirve para ratificar periódicamente su deseo de vivir la vida cristiana, por lo que el mayor beneficio es querer continuar invitando a Dios a nuestro hogar”, explica el padre Edward McNamara.
Artículo publicado en la edición número 73 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





