Por Carmen Seara
Fotografía: Cortesía de don Luis Redondo
Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Luis Antonio Redondo y José Benito Pérez Lopo son, respectivamente, capitán y comandante de las Fuerzas Armadas. Y, además, ambos son sacerdotes. Estos capellanes castrenses, conocidos popularmente como páter, adquieren la condición militar tras su jura de bandera y acompañan a los soldados allá donde estén destacados, ya sea en tiempo de guerra o de paz.
“Nuestra principal misión es dar un servicio religioso al militar creyente con los sacramentos, dirección espiritual, confesión… La vida de un capellán es itinerante y muy dinámica. Nuestra pastoral es aquella de ‘gastar suela de zapato’, hacerse el encontradizo, hacer pequeños guiños a los más alejados y no olvidar a los cercanos, como un padre, pero siendo amigo y compañero”, explica a Misión don José. Y recuerda que “los capellanes tenemos un gran camino recorrido ya que los grandes valores del ejército están, de una u otra manera, presentes en la vida cristiana”.
Allende los mares
Estos sacerdotes tan especiales realizan su labor por todo el territorio nacional –en cuarteles, bases, academias, escuelas, barcos, arsenales, hospitales, colonias, etc.– y en aquellos lugares internacionales donde se realizan misiones humanitarias y de paz. Con ellos comparten las alegrías y las penas, los peligros y también las satisfacciones por el servicio realizado.
Actualmente, hay capellanes castrenses españoles desplazados en Letonia, Turquía, Malí o Líbano, -además de los que se encuentran navegando en aguas internacionales.
“Los grandes valores del ejército están presentes en la vida cristiana”
La fe crece en las misiones
“Es curioso ver cómo en las operaciones se incrementa mucho más la demanda del servicio religioso. Los militares se acercan para profundizar en la fe y muchos incluso se abren a Dios sin miedo ni prejuicios. Incluso aquel que no practica o el que dice no creer, busca en nosotros una palabra de aliento, un consejo para actuar, una petición…”, añade el padre José, recién llegado de la misión en Letonia.
En esta misión –relata el capellán– les entrega a todos los militares el “Detente, bala”, que llevan encima voluntariamente, no como un amuleto, sino como algo que verdaderamente les protege. Recuerda que incluso cuando se deteriora, le solicitan uno nuevo y le dicen con cariño: “Páter, yo quiero el que lleva la Inmaculada en su reverso”. En los meses en los que ha pasado en Letonia, junto a la frontera rusa, este capellán ha bautizado y confirmado a cerca de 50 militares.

Servir a los que sirven
Por su parte, dando la vuelta al mundo en el buque-escuela Juan Sebastián de Elcano, se encuentra don Luis Redondo, quien define su experiencia a bordo como una escuela de vida. El día a día a bordo no es fácil, a las circunstancias ya complicadas de estar lejos de casa se suman las condiciones de vida en un espacio reducido y, con frecuencia, la mala mar. En la capilla de la Escuela Naval de Marín, donde se forman los futuros oficiales de la Armada, hay un letrero que dice: “El que no sepa rezar, que vaya por esos mares. Verá qué pronto lo aprende sin enseñárselo nadie”. Hace referencia a la gran ayuda que supone la fe en los momentos de dificultades, tan habituales cuando uno está a merced de los elementos.
“Los que merodean los abismos son conscientes del Misterio que nos envuelve y por ello los marinos suelen ser personas religiosas”, constata este sacerdote manchego. “Un barco es una ciudad a escala en la que conoces intensamente a las personas que hacen posible cada una de las cosas que disfrutas. Y en cuidar de ellas consiste mi trabajo. A veces es suficiente con -sonreír y escuchar sin prisa, con toda la atención, a alguien que te expone su vida. Pero cuando se me pide una respuesta doy la que considero la mejor, la del Evangelio de Cristo”.
“El que no sepa rezar, que vaya por esos mares. Verá qué pronto lo aprende”
En los siete meses de navegación a bordo, el capellán imparte catequesis de Confirmación, de Primera Comunión, cursos de Lectura de Biblia e incluso cursillos prematrimoniales. “El domingo debe romper la monotonía de los días y por eso me gusta mover el incensario por todo el barco antes de celebrar la Misa para que ‘huela a cofrade’, como dicen los gaditanos. El centro de la vida religiosa del barco es la misa del domingo, en cubierta, con nuestra banda de música y recordando a los marinos que a lo largo de la historia del Reino de España han dado su vida por nosotros y que ahora nos acompañan desde la profundidad de la mar”, comenta el capellán.
LA COMUNIDAD CASTRENSE
La comunidad católica castrense está encabezada por el arzobispo castrense, monseñor Juan Antonio Aznárez Cobo, y cuenta con unos 80 capellanes que atienden a los fieles a ellos encomendados, entre los que se encuentran los miembros de los Ejércitos (Tierra y Aire), Armada, Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía, a sus esposas, hijos y familiares que vivan en su compañía, y todo el personal seglar o religioso que preste sus servicios o resida habitualmente en cuarteles o dependencias militares. Estos sacerdotes pueden ser ordenados dentro del ordinariato castrense, o pueden ser sacerdotes seculares o religiosos que, sintiéndose llamados a servir al Señor en este ámbito y tras el permiso de su superior, ingresan en el Servicio de Asistencia Religiosa de las Fuerzas Armadas (SARFAS).
Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





