A primera vista, su perfil de Instagram podría parecer el de cualquier empresaria de éxito: enseña a sus seguidores cómo lucir los pendientes de su marca o comparte escenas del día a día. Pero, entre una publicación y otra, Casilda Finat ha dado un giro a su cuenta porque entendió que, si Jesús le había dado más de 300.000 seguidores, “no es sólo para vender mis pendientes, sino para llevarlos a Él”, afirma convencida. Vizcondesa de Rías –título que en 2018 le cedió su padre, Rafael Finat y Riva–, asegura que pertenecer a una familia aristocrática hoy “no supone nada”. Sin embargo, su trayectoria demuestra que, en pleno siglo xxi, esa herencia de prestigio y tradición puede ponerse al servicio del Cielo. “La Virgen hace hincapié en sus mensajes en que la vida, al final, son sólo dos días. Tenemos que vivir para el Cielo”. De ese impulso han nacido iniciativas como el Batallón de María (@batallondemaria), una comunidad de WhatsApp con más de 4.000 personas que rezan juntas por videollamada a lo largo del día.
Es sorprendente: en menos de un año, el Batallón de María ha convocado a miles de personas al rezo diario del Rosario. ¿Cómo nació esta iniciativa?
El año pasado, en Cuaresma, hice unos grupos que se llamaban Reto Cuaresma. Se apuntó mucha gente. Rezábamos el viacrucis, recordábamos los días de abstinencia… Cuando acabó, llegó el mes de mayo y vi que podíamos aprovechar esos grupos para que quien quisiera se consagrara a la Virgen. Esa consagración incluía el rezo diario del Rosario, pero como había gente que no sabía rezarlo hicimos una videoconferencia para enseñarles y la gente pidió continuar. A partir de ahí se ha formado esta comunidad preciosa.

Creció en El Castañar, una histórica finca en los Montes de Toledo. ¿Tiene algún recuerdo de su infancia que la haya ayudado a descubrir la fe que ahora comparte en redes?
De mi infancia recuerdo mucho los viajes con mi madre a Lourdes. Desde que éramos muy pequeñas nos llevaba a mi hermana y a mí todos los años, nos hablaba mucho de la Virgen y nos obligaba a meternos en las piscinas del santuario. También tengo el recuerdo de estar muchas veces en la finca, en medio del campo, mirando al cielo y pensando: “¡Ahí está Dios!”.
Su hermana Ana –a quien también hemos entrevistado– nos contaba que, a los 18 años, cuando llegaron a estudiar en Madrid, entraron en una etapa difícil. ¿Cómo la vivió usted?
En esas edades estamos todos en búsqueda, pero el mundo te lleva a buscar en los lugares equivocados: “Pásatelo bien”, “tienes que estar mona”… Yo iba a Misa los domingos, pero me fui alejando hasta que dejé a Dios en un plano recóndito. Es verdad que tampoco conocía al Dios que te reconforta y te acompaña, al que te incita a seguir el buen camino. Nadie me había dicho que para ser santo había que seguir a Jesús ni que Él se moría de amor por mí. Pensaba que yo era una hormiguilla que a Dios no le importaba.
“Nadie me había dicho que Jesús se moría de amor por mí. Pensaba que yo era una hormiguilla que a Dios no le importaba”
¿Qué papel jugó su hermana para ayudarla a acercarse a Dios? Ustedes han llevado vidas muy paralelas.
Yo estaba en mi época de máxima popularidad: me invitaban a todos lados y precisamente en un evento –porque Dios te busca donde haga falta–, unos amigos nos hablaron de un Seminario de Vida en el Espíritu. Cuando nos lo contaban, yo pensaba que tenía que ser una secta, sonaba todo muy raro. Sin embargo, les dije: “Al próximo me apunto”. Pero llegó el verano y me sentía vacía. Me dediqué a echar a perder mi vida: a ver series de Netflix y a comer chocolate. De repente, un día, mientras estaba en ese plan, recibí un mensaje: “Oye, ha salido la convocatoria del retiro del que te hablé”. Pensé: “Me apunto, que no pierdo nada”. Así que apunté también a mi marido, a mi hermana y a mi cuñado. No querían ir, pero llegó septiembre y allí nos fuimos. Ese retiro fue una confirmación de que Dios existe –porque en esa época yo tenía dudas sobre su existencia–, pero me gustó sin más. Fue mi hermana la que salió flotando. Desde entonces comenzó a invitarme a las alabanzas. Yo le decía que no podía por trabajo, pero algo cambió: empecé a rezar el Rosario.
¿Por qué el Rosario?
Desde siempre yo llevaba un rosario en la muñeca. Con él sentía la protección de la Virgen, aunque luego no hacía nada más. Después de ese retiro vi que tenía que rezarlo. Poco después me llamaron de la Macrofiesta del Rosario para rezar con ellos por Instagram. Es verdad que ya tenía una imagen de la Virgen en todas las tiendas, pero pensé: “Mis seguidores van a pensar que soy una rarita”. Sin embargo, acepté. No podía decirle que no a la Virgen.
¿Qué pasó entonces?
Fue muy fuerte. Recé con ellos y, al cabo de unos días, era mi cumpleaños: el 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario. Me llamaron y me dijeron: “Conéctate, que queremos felicitarte”. Me conecté un segundo y me preguntaron: “Cuéntanos qué te ha regalado la Virgen por tu cumpleaños”. “¡Vaya pregunta!”, pensé. Salí del paso como pude, pero después de colgar, recordé que, como era mi cumpleaños, había hecho una promoción en las tiendas y, además, por cada pedido online regalaba un rosario. Entonces me metí a ver qué tal había funcionado y vi que las ventas online se habían disparado. En un solo día habíamos hecho lo de todo un mes. ¡Ese fue el regalo de la Virgen! Sentí que Ella me decía: “Si te arriesgas por mí, yo voy a cuidar de ti”. Me dejó muerta, porque mi hermana ya estaba a full con Dios, pero yo seguía sin dar un sí rotundo.


¿Qué le faltaba para dar ese sí?
Estaba rebotada porque mi hermana y mi madre no hablaban más que de Dios y yo les decía: “Dejadme en paz”. Pero en la finca de Toledo tenemos una capilla que, aunque es privada, ha tenido culto toda la vida. Un domingo vino el sacerdote a celebrar la Misa y le dije: “Don Pedro, hice un Seminario de Vida en el Espíritu, ¿sabe lo que es?”. No me lo esperaba, pero me dijo: “¡Claro! En Toledo hacemos muchas alabanzas”. Entonces nos pidió a mi hermana y a mí que lo ayudáramos a recaudar dinero para un seminario que organizaba su parroquia para los pobres. Creé un fondo y recaudamos el dinero. Se hizo el retiro y salí de ahí feliz.
¿Ese retiro fue su punto de inflexión?
Seguía rebotada, pero distintas personas con las que me encontraba me hablaban de Dios. Me fui a Perú y, hablando con la madre de unos amigos, le pregunté: “¿Cómo has hecho para educar tan bien a tus hijos?”. Y me contestó: “Porque rezamos juntos todos los días”. Así que le dije a Dios: “Deja de perseguirme”. Justo entonces hubo otro retiro. Ese sí fue mi punto de inflexión porque en la oración empezaron a decir: “Te puedes esconder en sitios recónditos, irte a otros países, pero no voy a parar de buscarte hasta conseguirte”. Dejé de resistirme.
¿Qué cambió desde entonces?
Empecé a ir a Misa todos los días y a acudir a un sacerdote que había conocido en el segundo retiro para que me ayudara a resolver mis miles de preguntas. Luego descubrí las capillas de adoración, a las que hoy soy adicta.
Usted ha fundado una firma muy exitosa. ¿Qué giro dio su negocio tras su conversión?
Consagré mi negocio y todas mis tiendas al Sagrado Corazón, y luego renové esa consagración con His Way at Work (hwaw). Y me llevé a este amigo sacerdote por las tiendas para que las bendijese. También consagré a mi familia al Sagrado Corazón y entronicé su imagen en la entrada de mi casa.
¿Algo más?
Saqué de mis tiendas todos los amuletos. Tenía muchísimos y no les daba importancia: manos de Fátima, ojos turcos, elefantitos, serpientes. Cualquier cosa dudosa la quité. No fue fácil porque suponía una pérdida económica, pero me dio igual. No quería tener nada que no agradara a Dios. Luego empecé a utilizar mis tiendas para acercar a la gente a productos religiosos bonitos: medallas de san Benito, de la Virgen Milagrosa, rosarios. Me di cuenta de que muchas personas no tienen un rosario ni saben cómo conseguirlo. También comencé a enviar detentes con los pedidos y creé una sección de productos solidarios, porque a raíz de aquel retiro para los pobres nació Familia Anawim, mi segunda familia.
“Saqué de mis tiendas todos los amuletos. No quería tener nada que no agradara a Dios”


¿La gente le agradecía los detalles religiosos que les enviaba?
Algunos se quejaban: “¿Por qué me mandan esto?”, pero eran los menos. Muchísimos más me decían que habían vuelto a rezar. Como siempre he sido muy natural, a mí no me importaba contarle a la gente: “He empezado a ir a Misa y estoy feliz”. Pensaba que si Dios me había dado estos seguidores no era sólo para vender mis pendientes, sino para llevarlos a Jesús.
¿Es ahora una “influencer católica”?
¡Estos términos me dan pereza! Pero es verdad que tengo Instagram por mi negocio y lo aprovecho para llevar a mis seguidores a Jesús. Si no necesitara vender, no lo tendría. De hecho, en medio de mi proceso, recuerdo que en una alabanza vi que Dios me pedía que me lo quitase. Yo le decía: “¡Pero, Señor, van a quebrar las tiendas!”. Y Él: “Confía en Mí”. Desaparecí un verano sin dar explicaciones. Pasé los tres meses más felices de mi vida. Me acerqué muchísimo a Dios. Fue un regalo.
También decidió prescindir de la agencia de publicidad. ¿Por qué?
Quise dejar de hacer un Instagram mundano, centrado en eventos de influencers o en publicidad de agencias. Además, no quería anunciar marcas que ni conocía: una crema equis, que no había probado en mi vida, me pagaba por contar que me quitaba las arrugas. En ese momento lo veía como un trabajo, pero me di cuenta de que era una mentira. Dios te ordena la vida. Antes acudía a eventos no sé cuántos días a la semana, a una hora sagrada –las ocho de la tarde– en la que tenía que estar con mis hijos. Vi que los eventos me alejaban de Él. Iba a un evento y no salía igual: salía mundanizada. Nada de eso me ayudaba.

¿Nota que las críticas le afectan?
Las críticas hacen daño, aunque digas que no, pero aprendes a que te den un poco igual. Con quien quiero cumplir es con Dios, no con el mundo. Todo el tiempo me pregunto: “¿A quién sirvo: a Dios o a mi amor propio? ¿A Dios o a mis seguidores?”. Y le digo: “Señor, ayúdame a tener mis prioridades claras”.
¿A qué atribuye su acercamiento a Dios? ¿Se lo ha preguntado?
Lo he pensado mil veces y creo que fue por las oraciones de mi madre. También por las de mi hermana, que al principio me echaba para atrás. Me lo has preguntado antes… Al final, es verdad que ella me acercó a Dios.
Ha mencionado a la Familia Anawim. ¿En qué consiste este proyecto?
Es una asociación de la Iglesia, en Ocaña, que acoge a personas con problemas de adicción, soledad, depresión… Les da un hogar y les ayuda a sanar, poniendo a Dios en el centro. Van a Misa todos los días, rezan y viven de la Providencia. Es una labor preciosa. También organizan retiros abiertos a personas que vienen de fuera. Mi hermana y yo les llevamos gente. Estar ahí es como ir al Cielo porque ves sus vidas transformadas por el Señor.
¿Cómo es su vida de piedad cada día?
Voy a Misa, voy a las capillas de adoración, rezo el Rosario y rezo varias coronillas de la Divina Misericordia: una por mi marido y una por cada uno de mis hijos, porque escuché en Lourdes a un sacerdote decir que hay que rezarla cuando hay hijos con problemas. Mis hijos todavía son pequeños, pero la rezo para que se acumule para el futuro, por si llegan los problemas. Mi tentación es pensar: “¿Habrá valido esta coronilla o este Rosario?”. Porque a veces rezo fatal, pero Jesús y la Virgen no están ahí señalando: “Te has saltado un Avemaría”.
En su Instagram también ha habido publicaciones muy virales, como la que hablaba de la confesión. ¿Por qué decidió hablar de este sacramento?
Un día vi muy claro que tenía que llevar a la gente a la confesión. Entonces le pedí a Dios: “Sírvete de mí”, y fíjate lo que me pasó. A veces te piensas mucho cómo hacer un vídeo para que tenga éxito. En este caso, estaba de viaje y tenía que irme corriendo al hotel, así que grabé un vídeo en un minuto y se hizo viral. Contaba que un exorcista, cada vez que realizaba un exorcismo, pedía a varios hombres del pueblo que sujetaran al endemoniado. El demonio se dedicaba a decir en alto los pecados más vergonzosos de esos hombres, hasta que ellos le preguntaron al sacerdote: “¿Por qué de tus pecados no dice nada?”. Él contestó: “Porque me confieso y así Dios borra mis pecados”. Me pareció muy bonito.
Para terminar, ¿qué mensaje quiere dejar a nuestros lectores?
Me gustaría animarlos a llevar a Jesús al mundo, cada uno en su ámbito. No todo el mundo tiene seguidores en redes, pero todos tenemos a un compañero de trabajo, un primo o una persona a la que encontramos llorando por la calle… Vivimos muy centrados en nuestro trabajo, en cumplir los estándares que impone el mundo, y todo eso es solo humo. El día de mañana no nos va a servir de nada haber sido el CEO de una empresa ni haber sido un gran intelectual. La Virgen hace hincapié en sus mensajes en que la vida es dura, se sufre, pero al final son sólo dos días. Lo que cuenta es el amor que hemos dado y nuestra vida ofrecida a Dios. Tenemos que vivir para el Cielo.

Artículo publicado en la edición número 81 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





