Por Javier Lozano
El verano es un tiempo propicio para descansar tras un curso extenuante y para disfrutar en familia. Sin embargo, lo que para muchos es un momento de dicha, para otros se acaba convirtiendo en una pesadilla. De hecho, las estadísticas muestran que tras la vuelta del verano son numerosas las rupturas matrimoniales.
Pero las vacaciones estivales no son la causa de estas rupturas, sino el detonante, el último eslabón de una situación ya de por sí frágil. “El verano es un tiempo en el que la convivencia aumenta y los conflictos que subyacen a lo largo del tiempo salen de forma más explícita a la luz”, explica a Misión Teresa Barrera, psicóloga y terapeuta familiar. Para explicar el porqué de esta situación, esta experta recuerda que “la intimidad, que es el espacio donde uno se muestra como es, manifiesta la realidad de un matrimonio”. De este modo, añade que es “en la convivencia donde uno muestra sus fortalezas y vulnerabilidades, por lo que, si la estructura de la relación es insana a mayor convivencia, mayor posibilidad de conflicto y bienestar”.
Puede darse el caso que durante el curso el matrimonio llegue a tener una convivencia muy escasa debido a que uno de los miembros o ambos pasen muchas horas fuera de casa trabajando, por lo que en la práctica la relación matrimonial se va convirtiendo en una convivencia de “compañeros” que, además, se comunican poco.
Por eso, advierte Barrera, si la relación no está sanamente constituida, lo que en principio debería ser un tiempo de descanso puede provocar “un aumento del estrés, poner en jaque el falso equilibrio y generar facturas que desencadenen la posibilidad de una separación”.
De cara a este verano, esta terapeuta familiar invita a trabajar en la relación matrimonial para que la familia tenga una estructura sana que se sostenga a pesar de los conflictos. Porque, como afirma a Misión, “la prevención de una separación después del verano está en hacer un trabajo previo”. Y para ayudar en esta prevención, ofrece 11 breves consejos.
- Sé prudente. Procura que “las vacaciones sean coherentes con las necesidades del matrimonio”. Si, por ejemplo, la relación entre suegra y nuera no es la mejor, lo más conveniente no es que paséis juntos un mes en la playa.
- Cuida las necesidades básicas. Parece algo obvio, pero no por ello menos importante: encuentra momentos para el reposo, cuida el sueño y la alimentación, haz ejercicio y busca ratos para compartir. El estado anímico, la salud y el bienestar de cada uno repercute en el matrimonio.
- Para a tiempo las discusiones. Este es un punto de vital importancia: “Cuando una discusión sube de tono, es mejor dejar de lado el tema y volver sobre él en otro momento, sin tanta implicación emocional”, afirma Barrera.
- Vuelve al origen. Barrera recuerda que el matrimonio es una vocación y, como tal, los problemas son mucho fáciles de afrontar si se entiende que “el sacramento del matrimonio participa de la gracia sacramental”. Recordar esto, que con frecuencia se olvida, puede ayudar a elevar la mirada “para vivir las dificultades propias de este estado de vida”, asegura.
- Revisa tu “apuesta”. Para que un matrimonio marche bien –explica esta psicóloga– es fundamental que “exista un compromiso libre”. De este modo, indica que “es necesario poner toda la voluntad para que las cosas mejoren”. Y recomienda revisar de 0 a 10 cuánto estás apostando por tu matrimonio. Hay que elevar las apuestas, aunque falten las fuerzas.
- Pon en juego tu libertad. Barrera recalca que el matrimonio es una donación de uno mismo. En este caso, considera que “es necesario estar dispuesto a renunciar en muchas ocasiones a los propios gustos”, y siempre desde la libertad, que no significa dejar de “hacerse presente cada uno”.
- Acepta tus propias limitaciones. Todas las personas tienen limitaciones y pasan por dificultades. En muchas ocasiones –avisa esta experta– la resolución de los conflictos en el matrimonio comienza con los de uno mismo. Cada cónyuge debe aprender primero a perdonarse y aceptarse a sí mismo y, luego, a hacerlo con los demás.
- No busques siempre culpables. Ante la típica pregunta “¿de quién es la culpa?”, pregúntate mejor: “¿qué puedo hacer yo para mejorar la situación?”. Reformular las preguntas puede suponer un punto de inflexión para afrontar bien una situación.
- Habla, habla y habla. Barrera insiste en que “nadie puede adivinar lo que piensas o sientes, y es necesario que el otro conozca tus necesidades para poder resolver los conflictos”. Por eso recomienda hablar al otro desde el propio yo, es decir, expresar cómo te sientes tú ante una situación concreta.
- Genera expectativas realistas. Lo mismo que ocurre con la publicidad pueda pasar con el matrimonio: “lo que se anuncia parece mejor que la realidad”, advierte la psicóloga. Sin embargo, “si tus expectativas son realistas, la experiencia será buena”.
- Pide ayuda. Para concluir, esta psicóloga anima a los cónyuges a luchar: “El matrimonio está hecho por y para las personas. Se puede salir adelante y merece la pena”. Y si ves que las dificultades no se logran solucionar, urge pedir ayuda profesional. Pero, además, Barrera recomienda no esperar a que la situación esté al límite, puesto que el coste para el matrimonio podría ser muy alto.
Artículo publicado en la edición número 76 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





