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Cómo gestionar las primeras salidas nocturnas de tus hijos

Las primeras salidas nocturnas pueden ser un quebradero de cabeza para los padres. Es normal que existan temores y dudas ante una situación que no llegan a controlar del todo. Celia del Rincón da para Misión algunos consejos que pueden ser de gran utilidad.

Por Marta Peñalver

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

En  verano muchos padres afrontarán esta situación: un hijo que en plena adolescencia les pide salir por primera vez de noche con sus amigos. Y aunque el criterio de unos padres que conocen mejor que nadie a su hijo es la principal directriz que deben seguir en estos casos, hay ciertos aspectos que deben tener en cuenta.

En primer lugar, los padres deben aceptar que su hijo está cambiando y que en la adolescencia poco a poco van a necesitar más espacio. Romano Guardini, al describir las etapas de la vida, señala la adolescencia como un momento de cambio profundo y de crisis en el que la persona toma conciencia de ser alguien distinto de los demás. “Así, se inicia un proceso de salida hacia el mundo en el que la independencia, la autonomía y la responsabilidad son cada vez mayores. La distancia que el joven va adquiriendo -progresivamente es necesaria para descubrir la propia identidad”, explica a Misión Celia del Rincón, psicóloga sanitaria del Centro de Atención Integral a la Familia de la Universidad Francisco de Vitoria y del COF de Cuenca.

El verano es excepcional

Por otro lado, el hecho de que estas primeras salidas se den en verano puede ser muy beneficioso si se trata de un ambiente conocido. “En verano suele haber eventos a los que pueden asistir también los padres y, aunque el menor tenga libertad para estar con su grupo de iguales, será más fácil supervisar. También puede haber facilidades para encontrar un ambiente más familiar y con personas conocidas, como puede ser el pueblo de uno de los padres. Sin embargo, habrá que evitar las grandes fiestas en las que de antemano sabemos que el ambiente será claramente perjudicial”, señala. Por otra parte, si las primeras experiencias se dan en el periodo de verano, se asociarán más fácilmente al descanso y las vacaciones, y no se incorporarán tan fácilmente a su rutina. De esta forma empezarán siendo la excepción y no la norma.

Madurez más que edad

Aunque la edad es orientativa, no debe ser el criterio principal. Los padres deben tener en cuenta cómo es su hijo, sobre todo si es responsable. “Es bueno dar un voto de confianza y ofrecer oportunidades para que puedan confirmarnos, o no, esa madurez”, sugiere Del Rincón. También habrá que considerar la capacidad que tiene para diferenciarse del grupo y decir que no. 

En este sentido, los padres deben también valorar si su hijo está preparado para manejar adecuadamente situaciones concretas a la que se va a enfrentar, así como la sinceridad y confianza que muestra para hablar con los adultos sobre lo que va descubriendo y probando. “Lo más importante es ir educando en una sana libertad, en la necesidad de tener un criterio propio: ‘lo que hacen los demás puede no ser bueno o no ser bueno para mí’”, explica Del Rincón.

Normas: son para cumplirlas

Como en cualquier otro aspecto de la educación, las normas son fundamentales. Según Del Rincón, “antes de concretar, es bueno recordar que las normas deben adaptarse a la persona y estar orientadas hacia el crecimiento y la educación del hijo. Es importante reflexionar acerca de quién es y lo que necesita cada adolescente, sin juzgarlo, sin compararlo con los demás y aceptando que seguramente haya una parte de misterio que tendremos que aceptar sin llegar a comprender del todo”. 

Y es que la adolescencia puede ser un momento difícil para los padres, y es normal que cuando el hijo empieza a alejarse del hogar en el que ha crecido, se despierten inseguridades y miedos. “Puede ocurrir que, casi sin darse cuenta, los padres impongan normas para mantener controlada la situación y así aliviar los propios temores. Sin embargo, la norma por la norma no favorece el verdadero desarrollo del joven”. 

Con la mirada puesta en el hijo, conviene explicar el sentido de la norma. Puede haber aspectos innegociables y otros en los que podremos contar con su opinión. “La clave del éxito es que se sientan escuchados, aunque no podamos darles todo lo que piden. Debemos mostrarnos disponibles para explicar lo que necesite, tratando de mantener una comunicación clara y calmada, sin entrar en luchas de poder.”

Eso sí, como en cualquier otra situación, el incumplimiento de las normas debe tener consecuencias. “Si cumplen con lo acordado, tendrán cada vez más libertad para decidir, aunque los padres sigan ejerciendo la autoridad que les corresponde. Pero cuando no lo cumplan, habrá que dar un paso atrás: no es necesario que se prohíban por completo las salidas, pero sí habrá que tomar medidas, como acotar la hora de vuelta, por ejemplo”. 

Ante los enfrentamientos
Aunque las primeras salidas se gestionen muy bien, aun así es normal que ocurran enfrentamientos con los hijos, pero al contrario de lo que pueda parecer, estos son buenos y denotan un correcto desarrollo en los jóvenes. “Que haya pequeños enfrentamientos no nos debe asustar”, asegura la psicóloga Celia del Rincón. El adolescente se opone a lo que viene de la figura de autoridad, pero esta actitud es una manera de forjar la capacidad de juzgar la realidad por sí mismo. “Un adolescente que está de acuerdo es probable que acabe siendo influenciable y termine cediendo más fácilmente ante lo que venga de fuera”. Es bueno, sin embargo, reconducir estos pequeños conflictos y convertirlos en ocasión de diálogo y reflexión, de forma que puedan desarrollar criterios propios. 
“A la hora de afrontar las conversaciones, es importante no criticar a los amigos, lo cual vivirían como un ataque. En su lugar, podemos señalar o corregir acciones concretas, tratando de ser objetivos y explicando los motivos por lo que algo no es bueno. De este modo se irá forjando un clima de confianza, en el que se pueden compartir las propias experiencias y reflexionar sobre ellas sin juicios rápidos”, sentencia.
Cuando aparezcan la rabia, el enfado, la frustración… habrá que acogerlos, tratando de comprender de dónde vienen. Junto con esto, los padres deben recordar cómo debe ser el trato hacia los adultos y las personas en general, corrigiendo cuando estén tranquilos. Del Rincón recomienda que “si en algún momento la relación se vuelve muy tensa y los enfrentamientos excesivamente violentos, habrá que revisar los límites y, probablemente, pedir ayuda a un especialista”. 

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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