Mike-Aquilina

Cómo redescubrir la Navidad de la mano de Mike Aquilina

La cultura secular ha vaciado de contenido la Navidad. Sin embargo, a Mike Aquilina, experto en patrística e Historia de la Iglesia, esto no le preocupa porque, tal y como explica a Misión “toda la historia anterior al nacimiento de Cristo apunta a Él, y la posterior no es más que una nota a pie de página de su reinado”.Está convencido de que la Navidad seguirá siendo “la fiesta de las costumbres más bellas; la fiesta de los sentidos”.

Por Isabel Molina

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Un año más llega la Navidad: tiempo de fiestas, regalos y reuniones con familiares y amigos.  Y aunque el espíritu se llena de ilusión, algunos se preguntan: ¿Lograré encontrar tiempo reposado para acercarme a adorarle, para entrar de lleno en el misterio de los misterios? Cabe la tentación de dejarse arrastrar por el carácter superficial de las  “fiestas”. Sin embargo, el estadounidense Mike Aquilina anima a los católicos a no desanimarse, a hacer las paces con la Navidad actual y saber ver también que en cada uno de sus detalles se esconde Cristo:  “Incluso en los lugares donde la fe ha desaparecido, ¡hasta las piedras siguen clamando la celebración del nacimiento de Jesús!”, reclama optimista. 

Este pródigo divulgador y prolífico autor, con más de 50 títulos publicados sobre espiritualidad y cultura religiosa, explica que por mucho que se intente tachar el nombre de Cristo de la Navidad, el mundo nunca podrá dejar de reconocer lo que realmente se celebra el 25 de diciembre:  “Que el Verbo se hizo carne, y que eso cambió radicalmente la relación entre Dios y el hombre, el cielo y la tierra, el espíritu y la carne”. ¡Que la Encarnación le dio un vuelco al curso de la historia de una vez para siempre!

Ramitas de acebo

 “Nos hemos apresurado a exaltar la queja, al mejor estilo de Ebenezer Scrooge -[protagonista de la Cuento de Navidad de Charles Dickens], pero tendríamos que hacer un esfuerzo consciente por recuperar para nuestra fe todas las decoraciones que se han secularizado”, reclama Aquilina. “¿Por qué rechazar los bastones de caramelo [o en España los turrones y el mazapán] si podemos acogerlos como una invitación a rezar el nombre de nuestro Salvador?”, se pregunta. Y lleva mucha razón. Basta indagar un poco para darse cuenta de que las decoraciones de los escaparates navideños son tradicionalmente cristianas. Lo que ocurre, advierte Aquilina, es que  “no recordamos su significado”. Para remediarlo él sugiere profundizar en el lenguaje navideño y redescubrir que  “cada rama de acebo intenta contarnos la vida de Jesús”. 

Por eso, propone que a medida que se acerca la Navidad nos empeñemos en redescubrir el origen de cada -símbolo navideño presente en tiendas y escaparates o en las letras de las canciones y lo convirtamos en oración.

Un bebé despierta el amor

 “La Navidad es la fiesta que reúne las costumbres más bellas; es la fiesta de los sentidos”, recuerda Aquilina. Los días se embellecen con tarjetas navideñas, villancicos y cookies, expresiones que producen gran deleite, a la vez que van cargados de una pedagogía de la fe.  “Los christmas nos presentan las interpretaciones que los grandes maestros del arte han hecho de las escenas del Evangelio. Los villancicos explican la doctrina de manera poética. Los dulces navideñosnos abren el apetito a algo más grande…”, comenta.

En la antigüedad, los judíos tenían la costumbre de alimentar a un niño con una cucharada de miel en el momento en que leía la Torá por primera vez para que su recuerdo de la Ley siempre fuera dulce. Aquilina explica que esto es justamente lo que produce la Navidad en nosotros con todas sus costumbres:  “Jesús capta toda nuestra atención porque nos cuenta una historia con un fascinante elenco de personajes: un rey loco, tres reyes magos, unos pastorcillos del campo, un coro de ángeles…Y hay efectos especiales: ¡ocurren prodigios y milagros!”.  Todo esto para resaltar el punto central del Evangelio: que la Palabra eterna se hizo carne para morar entre los hombres, hacerlos hijos de Dios y salvarlos del pecado.

Durante la mayor parte de la historia del cristianismo la gente no sabía leer. Aprendieron el Evangelio y lo transmitieron a través de las costumbres del hogar, del barrio, del pueblo… Queda claro que Dios sabía lo que hacía al hacerse carne:  “Se convirtió en un bebé porque los bebés despiertan el amor; saben llamar la atención con su llanto y su ternura”, apunta Aquilina.

Celebrar con otros

Por último, Aquilina hace una invitación especial a que todos celebren con empeño estas fechas, y que no lo hagan solos, que festejen con otros:  vecinos, compañeros de trabajo, amigos… Y que entreguen regalos, y dediquen tiempo a aquellas cosas que tradicionalmente se asocian con las vacaciones, para fomentar esos recuerdos entrañables.  

Y a los católicos les recuerda que  “no hace falta siquiera predicar: es suficiente con que otros noten la alegría que te trae la Navidad”  porque los primeros cristianos convirtieron al mundo a través de la amistad,  “y la Navidad nos brinda la insuperable oportunidad de imitar su ejemplo”, puntualiza. 

Destellos de luz para cuidar y preservar  

El portal de Belén. “Es una tradición universalmente reconocible. Incluso los protestantes que tienen miedo de las imágenes religiosas parecen estar de acuerdo con la escena del pesebre en Navidad. Tanto es así que en mi ciudad, Pittsburgh, EE. UU., tenemos un enorme Belén público, y la gente hace cola en el frío invernal para verlo. Es una maravilla artística y un motivo de orgullo cívico”, señala Mike Aquilina. Y añade: “Gran parte de la Escritura está capturada en la escena del belén. Me complace que cada año millones de personas pongan su belén. ¡San Francisco fue un catequista genial!”.

Los villancicos. El canto de villancicos es otra costumbre universal. “La música navideña suele transmitir una doctrina precisa, haciéndola memorable, con hermosas y sencillas melodías. ¡Nuestra tradición sagrada ha pasado de generación en generación a través de los villancicos!”, comenta.

Las tradiciones locales. Aquilina  también apuesta por fomentar las tradiciones propias del propio país: “Cada cultura tiene sus comidas típicas navideñas, sus canciones, sus bailes y poesías…”. En España las más populares son: poner el belén en casa, ir encendiendo las velas de la Corona de Adviento, disfrutar los dulces navideños (polvorones, mazapanes y turrones), la cena de Nochebuena y la fiesta de Reyes, con su típico roscón. Todas estas manifestaciones son maravillosas, dice Aquilina, porque “demuestran el principio básico que he querido resaltar: ‘¡La tierra siempre encuentra la manera de seguir celebrando la Navidad!’”.

El calendario, un catecismo

La descristianización de la Navidad comenzó en el s. xvi con la Reforma. Fue entonces cuando los católicos empezaron a perder el hábito de recordar: “Nos olvidamos de quienes somos porque se le quitó énfasis a nuestro calendario litúrgico. Lo primero fue suprimir las fiestas de los santos y, finalmente, los puritanos ingleses se deshicieron por un tiempo de la Navidad. La pérdida fue incalculable”, explica Mike Aquilina. Pero lo cierto es que, según indica, los judíos ortodoxos tienen un refrán muy sabio: “El calendario es un catecismo”.  Por eso, él aboga porque cada año los católicos celebren a conciencia sus fiestas, y muy especialmente el Adviento y la Navidad, y se empeñen en rememorar los misterios de la fe que encierra cada fecha. “El calendario de la Iglesia sacraliza el tiempo, lo santifica, y las costumbres estacionales van a lo esencial. A través de la liturgia tenemos recordatorios diarios de la historia bíblica y de las grandes hazañas de nuestros antepasados. Nuestras fiestas son refuerzo diario de nuestra identidad cristiana”. 

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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