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«Nefarious», un filme que desenmascara al demonio y saca a la luz temas cruciales de plena actualidad

Nefarious, nombre del demonio que habita en el recluso Edward Wayne, no es una película de terror sino que se mueve entre el drama y el thriller psicológico, y cuyos diálogos ponen sobre la mesa cuestiones de gran actualidad.

Por Juan Orellana

El doctor James Martin (Jordan Belfi) es un perito judicial al que encargan hacer un informe sobre un preso condenado a muerte, Edward Wayne (Sean Patrick Flanery). Si en la entrevista con el recluso el perito concluye que se trata de un enfermo mental, este no podrá ser ejecutado. Al comenzar la entrevista el condenado pone sobre la mesa una premisa: él es un demonio, Nefarious, que habita en el cuerpo del recluso. El perito, ateo y posmoderno, no acepta esa premisa bajo ningún concepto. Pero a medida que se va desarrollando la conversación irán haciendo crisis todas las convicciones ilustradas del Dr. Martin.

Chuck Konzelman y Cary Solomon escriben y dirigen este largometraje que se mueve entre el drama y el thriller psicológico. De lo que no se trata bajo ningún concepto es de una película de terror, como podría pensarse si hablamos de una cinta de tema demoniaco. El guion tiene una estructura teatral, ya que el eje absoluto del film es una conversación mantenida en una habitación con una mesa y dos sillas. Todo el peso recae en el diálogo, y para muchos eso puede resultar poco cinematográfico. Lo que compensa ese desequilibrio literario es la interpretación de Sean Patrick Flanery, formidable, frente a la de su antagonista, mucho más convencional.

La película es tan interesante como desconcertante. Es interesante por su premisa dramática: la confrontación dialéctica entre un complaciente ilustrado, positivista, inmanentista, ateo y cientificista, entusiasta de las supuestas conquistas sociales de nuestro tiempo, y un demonio que representa lo contrario, la existencia de un mundo trascendente que explica todo lo demás.

La paradoja está en que el único personaje que dice las cosas como son, el único que dice la verdad es el demonio, llamado Príncipe de las Mentira. Lo cual no tiene mucho sentido porque el perito se va a ir acercando a la Verdad gracias a Nefarious, quien en teoría debería hacer lo contrario. Por otra parte, el planteamiento es un poco maniqueo, como si la historia fuera una lucha entre dos rivales, Dios y Satanás, y los hombres fuéramos los peones de la contienda. Se echa de menos también alguien que represente un poco de luz y esperanza en ese duelo fatal entre los protagonistas. Es una cinta singular, en la que algunos verán la botella medio llena y, otros, medio vacío. Sin embargo, es una película que merece la pena ver ya que los diálogos ponen sobre la mesa cuestiones muy importantes del momento actual.

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