“Debemos cambiar de mentalidad: gastar dinero no da la felicidad”

Si no llegas a fin de mes o no logras ahorrar para irte de vacaciones, toma nota de estos consejos
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Por Rut Sanchez

Por Marta Peñalver

Llegar a fin de mes o contar con un colchón suficiente para cubrir imprevistos se ha convertido, en los tiempos que corren, en una misión imposible para muchas familias españolas. Según el INE, el 48 % de las familias en España llega con dificultad a fin de mes y una de cada 4 no se plantea salir de vacaciones por problemas económicos. ¿Existe alguna fórmula para que, cobrando lo mismo, nuestra economía experimente una notable mejoría? Lo has adivinado: la respuesta es… no.

Lo que sí podemos hacer es tomar las riendas de nuestras finanzas y ponerlas en orden. José Rodríguez Cuadrado, economista, profesor, padre de 4 hijos y miembro del Camino Neocatecumenal, explica en su libro Si no llegas a fin de mes es porque no quieres (Unión Editorial, 2020)cómo dominar tu economía y contribuir al bienestar familiar.

Tengo sueldo, pero no llego a fin de mes… ¿Qué hago?

La clave está en cambiar de mentalidad. Gastar dinero no da la felicidad, y muchos de los gastos que hacemos son innecesarios. Si interiorizamos que debemos gastar menos de lo que ingresamos y que no seremos más infelices por ello, habremos dado un gran paso. La clave para dominar tu dinero es aprender a diferenciar entre lo que necesitas y lo que te apetece.

¿Cómo se domina, desde cero, la economía familiar?

La motivación es fundamental y, como en todos los retos, es algo que va creciendo a medida que vamos consiguiendo nuestro objetivo. En primer lugar, debemos saber adónde va cada céntimo de nuestro dinero. Para ello hay que escribir en una hoja de papel o en un Excel todos los ingresos y gastos, y sentarnos a revisarlos a final de mes. Debemos tener en cuenta gastos e ingresos extraordinarios como el pago de algún seguro o un pago de Hacienda, pero también es importante anotar los pequeños gastos que, a priori, no parece que influyan mucho en nuestra economía.

Después debemos escribir un plan realista de lo que vamos a gastar el próximo mes, que podamos cumplir. Si te cuesta mucho al principio, puedes recurrir al viejo sistema de los sobres: mete en un sobre la cantidad que vais a gastar en comida, en otro lo que vais a gastar en gasolina…

¿A qué pequeños gastos se refiere?

A los que yo llamo “gastos invisibles”. Los gastos invisibles son pequeños gastos que pasan desapercibidos y que realmente no aportan demasiado a nuestra felicidad ni a nuestro bienestar. Si una persona, por ejemplo, desayuna todos los días en un bar antes de ir al trabajo, gastará 3 euros al día que, teniendo en cuenta los días laborables, suman más de 700 euros al año. Y con 700 euros uno puede irse de vacaciones unos días, o afrontar ese pago imprevisto sin tener que endeudarse. Es solo un ejemplo, pero hay muchos otros: tabaco, agua embotellada (en vez de agua del grifo o de garrafa), periódico… Si renunciamos a desayunar en un bar a cambio de desayunar en casa, un día quizá no nos convenzamos, pero sabiendo lo que gastamos en esos pequeños gestos durante todo un año la motivación cambia.

¿Cómo puedo saber cuánto voy a gastar?

La experiencia ayuda a hacerlo cada vez más acertadamente. Los primeros meses cuesta más, pero poco a poco este ejercicio se convertirá en algo casi automático. Debes incluir los gastos fijos y una estimación lo más aproximada posible de los gastos variables como comida o ropa. Eso sí, debe ser un plan realista y debes cumplirlo para que seas tú quien domina tu dinero y no al revés.

Si he conseguido gastar menos de lo que gano… ¿qué hago con el resto del dinero?

Cuando hemos dominado nuestros ingresos y nuestros gastos mensuales, el ahorro es nuestra máxima prioridad. Debemos fijar un objetivo de ahorro y planificar los gastos anuales. Más allá de posibles imprevistos, hay gastos que sabemos que van a llegar y para los que mucha gente nunca se prepara: la Navidad, el seguro del coche, el IBI… Si calculamos nuestro objetivo de ahorro mensual considerando estas variables, y lo cumplimos, llegará el día de pagar y lo haremos con la tranquilidad de saber que ese pago no nos va a ahogar.

¿Cabe el ocio o un capricho en esta forma de planificar?

¡Claro! Pero en su justa medida. Hemos convertido lo extraordinario en ordinario y, aparte de afectar a la economía familiar, ha hecho que lo extraordinario pierda valor. Comer en un restaurante, ir al cine o pedir comida a domicilio deberían ser excepciones, no lo habitual. Debemos devolverle el valor a lo extraordinario.

¿Hay algo más que podamos hacer para mejorar nuestra economía familiar?

Podemos incrementar nuestros ingresos con pequeños gestos como vender cosas que no utilizamos, realizar encuestas pagadas, apuntarnos a la moda del sharing (Airbnb, Blablacar…). Y, sobre todo, podemos reducir gastos con gestos como comprar ciertos artículos en el mercado de segunda mano; evitar comprar a la primera para no ser impulsivos y dejarnos llevar por la publicidad; no comprar porque algo está barato, sino porque lo necesitas; revisar con frecuencia los precios de los suministros (luz, gas, combustibles del coche…); si necesitas comprar algo, esperar a las rebajas o buscar outlets; buscar en webs que ofrezcan descuento… Las posibilidades son casi infinitas. Algo que te puede ayudar es calcular cuánto ganas por hora trabajada. Si tu sueldo es de 1.200 euros y trabajas 40 h, cobras unos 7,5 euros/hora. Así, cuando vayas a comprar algo por 30 euros, debes preguntarte: ¿merece la pena trabajar 4 horas para comprarme esto?

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