Deberes: ¿sí o no?

Hasta hace poco, los deberes eran un pilar indiscutible del sistema educativo, pero hoy su eficacia está en entredicho: ¿Son útiles? ¿Refuerzan lo aprendido? ¿Fomentan la desigualdad? ¿Agotan a los niños y a las familias? ¿Cuál es la solución a este dilema?

Por Marta Peñalver

En los últimos tiempos asistimos a un debate que divide a la sociedad entre prodeberes y antideberes. La discusión ha llegado, incluso, al Congreso de los Diputados, donde tampoco los políticos consiguen ponerse de acuerdo.

Hay quien ve hiperprotección en el afán de los padres por proveer la mejor formación para sus hijos, y hay quienes ven desidia en la creencia de que los niños deben disponer totalmente de su tiempo libre.

Los padres, a quienes los deberes afectan casi tanto como a los hijos, son los que más diferencias muestran en sus opiniones. Dos de las grandes asociaciones de padres de nuestro país, CONCAPA y CEAPA, defienden posturas diametralmente opuestas. El debate público sobre este asunto está servido.

Los padres, divididos

Pedro Jesús Caballero, presidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Alumnos (CONCAPA), asegura que “los deberes son necesarios para sellar lo aprendido en el aula”. Y defiende los deberes como un instrumento válido que favorece el desarrollo del niño, promueve la autonomía, el hábito de trabajo y la disciplina, y son necesarios en aprendizajes que se basan en la repetición, como el cálculo.

Sin embargo, para los contrarios a los deberes, esta práctica escolar tiene más perjuicios que beneficios, y en los foros y grupos antideberes se aducen argumentos como que generan ansiedad y frustración en los niños, son elementos de desigualdad para las familias con menos recursos y para los niños que tienen menos capacidades, y ocupan el tiempo familiar en el que deberían tener lugar otro tipo de relaciones.

Leticia Cardenal, presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA) afirma que  “los alumnos deben realizar las tareas en el horario lectivo”  y añade que “en caso de que sea necesario, se puede mandar un refuerzo puntual a un alumno que lo necesite, pero nunca deberes generalizados”.

Cardenal añade que “los equipos docentes no suelen coordinar los deberes, y los niños tienen una carga desmesurada que a veces implica trabajar hasta tres horas en casa”, y señala que  “lo ideal es que el profesor siembre la curiosidad por conocer más y sea el alumno quien, por iniciativa propia, dedique tiempo libre a investigar y ampliar información sobre lo  aprendido en el colegio”.

Los expertos, entretanto, optan por una vía intermedia: deberes sí, pero con cabeza.

Adaptarse a la edad

Mar García Sánchez, subdirectora del Instituto Valenciano de Pedagogía Creativa (IVAPEC), afirma que es necesario y positivo reforzar lo aprendido en clase, pero adaptando la tarea a la edad y a las necesidades de cada niño. Y añade que  “lo ideal es incluirlo en la rutina del niño y que tenga tiempo para todo. Los niños necesitan la rutina para sentirse seguros”. Y el estudio en casa, bien planificado, es un buen hábito.

García recomienda elaborar una pequeña tabla gráfica con la actividad que toca en cada momento. Así, el pequeño podrá ir a su cuadro de actividades y saber que tras la merienda llega el refuerzo, después tiempo libre, baño, cena, un rato de lectura y a la cama.

A partir de los 12 años, García es partidaria de adaptar las tareas para que no se conviertan en algo desagradable. Y pone algún ejemplo: “Podemos dejar que el niño elija un tema que le guste, recopile información y haga un resumen. Así le enseñamos técnicas de estudio de una manera entretenida”.

Dos modelos muy diferentes

Aunque la familia está en primera línea de batalla, la raíz del problema está en el colegio. Francisco José Fernández Cruz, maestro y doctor en Pedagogía de la Universidad Francisco de Vitoria, asegura que “existe una correspondencia entre los deberes y lo que profesor y alumno hacen en las aulas”.

Según Fernández, existen dos maneras distintas de trabajar en el aula. La primera es “la opción tradicional-memorística”, donde los deberes son necesarios para la repetición, mecanización y memorización de conocimientos. Sin embargo, esto solo permite fijar el aprendizaje durante un periodo de tiempo corto, y después se olvida fácilmente.

En la otra cara de la moneda está el aprendizaje fundado en la comprensión. Según Fernández, “si basamos la educación en aprendizajes significativos, comprensivos y aplicados, los deberes pueden fomentar el gusto por la escritura y la lectura, e impulsar a los alumnos a buscar respuestas y a formular preguntas”. De este modo, los deberes, en caso de ser necesarios, no son una carga.

Este modelo educativo favore­ce que el alumno adquiera más competencias en campos como “la investigación, la resolución de pro­blemas y situaciones reales, el trabajo cooperativo, la proactividad y el emprendimiento, el respeto hacia los que necesitan ayuda, el gusto por el arte, la intervención en el medio o la implicación social”, señala.

Técnicas de estudio: ¡toma nota!

1. Estar en buenas condiciones físicas: es imprescindible cuidar la alimentación y dormir una media de ocho horas al día.

2. Tener las ideas claras: establecer objetivos concretos.

3. Disponer de un lugar fijo: determinar un espacio de estudio con una mesa adecuada, buena luz, una silla cómoda y atril para no tener que agachar excesivamente el cuello.

4. Planificar el estudio: establecer un horario y dividir los contenidos entre el total de los días.

5. Realizar una breve prueba escrita: hacer una práctica preliminar de lo aprendido.

6. Comenzar con lectura comprensiva: el título del texto no siempre refleja el tema del escrito, por eso, es importante hacer un recorrido relámpago de subtítulos, resúmenes, preguntas de repaso, símbolos, cuadros, gráficos…

7. Realizar un esquema o resumen: hacer una síntesis propia una vez aprendida la lección.

8. Describir lo aprendido: al terminar de leer un capítulo o un subtítulo del mismo, cerrar el libro y repetir los conceptos con palabras propias.

9. Investigar acerca de lo aprendido: esta etapa pretende evitar el olvido.

10. Realizar la prueba escrita de lo estudiado.

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