Dios en la poesía actual

No tendría que chocarnos que los poetas, tan sensibles a la magia del mundo, hablen mucho de Dios, aunque hoy por hoy choca
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Por Enrique García-Máiquez / Ilustración María Olguín Mesina

Hasta 1970, a nadie en España se le había ocurrido antologar poemas contemporáneos que hablasen de Dios. Pero no porque fuese un asunto (un Asunto) insólito, sino por lo contrario. “Quien habla solo espera/ hablar a Dios un día”, había escrito Antonio Machado. Junto al tiempo, la belleza, el amor y la muerte, es uno de los temas eternos de la poesía. Ese año, sin embargo, Ernestina de Champourcín publicó una antología titulada Dios en la poesía actual (BAC, 1976), que tuvo algo de sorprendente y hasta de provocativo.No para los poetas. El ya citado Mario Quintana había explicado por qué: “Los poetas son los únicos que no pueden hablar contra los absurdos de la religión. Incluso aquellos que se juzgan materialistas deben sentirse ingenuamente aludidos: la poesía es un síntoma de lo sobrenatural”.

Y a este lado del Atlántico, Dámaso Alonso añadía: “Toda poesía es religiosa. Buscará unas veces a Dios en la Belleza. Llegará a lo mínimo, a las delicias más sutiles, hasta el juego, acaso. Se volverá otras veces, con íntimo desgarrón, hacia el centro humeante del misterio, llegará quizá a la blasfemia. No importa. Si trata de reflejar el mundo, imita la creadora actividad. Cuando lo canta con humilde asombro, bendice la mano del Padre. Si se resuelve, iracunda, reconoce la opresión de la poderosa presencia. Si se vierte hacia las grandes incógnitas que fustigan el corazón del hombre, a la gran puerta llama. Así va la poesía de todos los tiempos en busca de Dios…”

Resultó llamativo, en cambio, para el público, por el prejuicio de que los poetas actuales, como los intelectuales en general, son contrarios a la religión. Como ese falso tópico se ha extendido, aún más asombro han producido dos nuevas antologías últimas: La luz se hizo palabra (2019), de Antonio Praena, o la muy completa que han publicado en la colección Adonáis los poetas José Julio Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta con el mismo título de la de Champourcín: Dios en la poesía actual (Rialp, 2018). Su índice deja una cosa clara. No están todos los que son, pero casi. Muy pocos poetas españoles de hoy no han cantado a Dios. “Naturalmente –exclamarían al unísono Machado, Quintana y Alonso–, porque son poetas”.

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