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Eduardo Verástegui: “Si nuestra lucha no es por la libertad, mañana vendrán a por la tuya”

Más de 15 millones de espectadores acudieron a ver Sound of Freedom al cine en EE.UU.. Varios millones más lo han hecho en el resto de países donde se ha estrenado. Este 11 de octubre llega a las salas españolas este filme que ha sacado a la luz la gran lacra de la explotación sexual de los niños. Misión ha conversado sobre el fenómeno cinematográfico del año con su productor, el actor y activista provida Eduardo Verástegui, y con el director de la cinta, Alejandro Monteverde.

Por Javier Lozano

En la lista de grandes problemas de la humanidad nunca se cita la trata de menores ni la esclavitud de estos niños destinados a la explotación sexual. Es un negocio que mueve miles de millones, pero enormemente desconocido. Miles de niños desaparecen cada año y son utilizados como carne de cañón. Un día el actor y productor Eduardo Verástegui conoció esta terrible lacra y sintió una llamada de Dios para darla a conocer y luchar contra ella.

Verástegui conoció a Tim Ballard, un agente federal y padre de 9 hijos, dedicado a la lucha contra la pederastia pero que, ante la desaparición de tantos menores, decidió dejarlo todo para ir a su rescate. Este es el germen de Sound of Freedom, una película que ha roto cualquier tipo de previsión, y que pese a la dureza de la temática ha batido récords relatando la historia real de este agente federal norteamericano, interpretado por Jim Caviezel.

El filme, dirigido por Alejandro Monteverde, director de Bella y Little Boy, huye de cualquier tipo de sensacionalismo, pero logra mostrar lo que se oculta en las zonas más oscuras de la sociedad, donde miles de inocentes son cada día víctimas del mal. En esta entrevista, tanto Verástegui como Monteverde relatan a Misión cómo les ha transformado esta película y cómo Sound of Freedom puede ser una luz de esperanza para todo el mundo.

“Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”, dijo Edmund Burke. Viendo la película esta frase me venía una y otra vez a la cabeza. Eduardo, ¿la película busca remover nuestra conciencia?
Sí, pero matizo: “El mal triunfa cuando la gente buena se queda callada”. Y cuando la gente buena calla ya no es buena porque es parte del problema. Es muy importante entenderlo. Cuando uno recibe información como la de esta película si hace como que no ha escuchado nada y se cruza de brazos, es peligrosísimo. Si nuestra lucha no es por la libertad, entonces mañana vendrán a por la tuya. Si yo no lucho por tu libertad estoy condenado a tarde o temprano perder la mía.

¿Y usted que hizo?
Si recibes una información así es para hacer algo de inmediato, para prevenir. Cuando escuché en detalle lo que le hacen a estos niños para mí ya no fue un proyecto, fue una llamada. No puedes vacilar. Es una llamada más grande que tú mismo, tienes que seguirlo sin importarte las consecuencias. Cuando reaccionamos de esta manera no le permitimos al mal que se vaya apoderando de nuestra cultura. Estamos como estamos porque mucha gente en el pasado lo dejó pasar, y el silencio estimula, en este caso, al pedófilo, al perverso, al criminal, porque no hay consecuencias. Pero si enciendes la luz, la oscuridad no entra.

¿Por qué siendo una lacra tan terrible hay un ocultamiento tan grande?
Pueden ser muchas cosas. Puede ser ignorancia, ser miedo. Yo sólo te puedo hablar por mí. Llevo ocho años en esto y seguiré haciéndolo. Espero que esta película tenga el potencial de abrir ojos y, sobre todo, detonar este movimiento que busca erradicar la trata.

¿Dónde empieza este gran problema?
Empieza en casa, si el papá o la mamá están ausentes, ahí hay un vacío, una vulnerabilidad tremenda para que el mal entre en tierra fértil. Para el mal es más difícil si hay unos padres presentes, con una presencia de calidad. Pero si abandonas a tu hijo, alguien más estará pendiente, y si ese es el enemigo, pues perdiste a tu hijo. También en como enseñas a tus hijos a usar las redes sociales. Nadie de la noche de la mañana se convierte en un criminal perverso pedófilo. Siempre son pasos, y un paso te lleva a otro, y a otro, para el bien o para el mal. Si no le enseñas a un adolescente, a un niño, cómo usar internet irá de curioso y se va a topar con imágenes que generan adicción, y esas adicciones después los transforma en futuros clientes. Hay que estar pendientes por todas partes.

¿Algo más?
Los valores, que son frenos de mano para cuidar lo que vemos, lo que escuchamos, lo que decimos, cómo tratamos a los demás. Un país que permite el aborto ya es vulnerable. Por ahí entran otras cosas y luego otras, y nos convertimos en un país lleno de bestias matándonos los unos a los otros. Y para allá vamos si no le ponemos alto al mal.

¿Y la solución dónde empieza?
Muchas veces empieza con una persona que dice: “Basta ya”. No voy a ser mediocre, voy a ponerme en las manos de Dios y a obedecer lo que Dios me pide. Porque u obedeces o no obedeces. Si obedeces o no obedeces hay consecuencias. Son dos caminos, cada cual que se pregunte si construye o destruye, si sirve y ayuda, o si sirve y ayuda a costa de lo que sea. Cada uno tiene que contestarse y asumir las consecuencias.

La inocencia de los niños debería ser sagrada y en la película se cuenta hasta qué punto se les arranca. ¿Por qué hay ese interés en robar la inocencia de los más pequeños?
¿Por qué hay gente que roba? ¿Por qué hay gente que mata? ¿Por qué un país declara la guerra a otro? Pues por la soberbia, por el pecado original. La razón habrá que preguntársela a ellos, a los criminales. Yo hablo de lo que estoy haciendo, porque quiero salvar vidas. Es una llamada porque mi fe me lo pide.

En la película hay una llamada a cambiar el mundo. Los espectadores que han visto la película, ¿qué pueden hacer?
No puedo decir qué es lo que tienen que hacer. Yo sí sé lo que tuve que hacer cuando escuché esta historia. Soy cineasta e hice una película. Cada uno debe preguntárselo. Yo no querría que alguien me dijera lo que tengo que hacer. Cada persona en su libre albedrío tiene que cuestionarse: “¿Quién soy yo y qué talentos tengo? ¿Qué me toca hacer?”. Mi invitación es que se conviertan en embajadores de la libertad con cosas muy concretas, porque está en sus manos, comprando una entrada a quien no pueda, hablando a alguien de la película… Si Dios le está llamando a hacer otra cosa, es una cuestión entre él y Dios. Si le pregunta qué puede hacer,  Él le va a contestar.

Tras el boom en EE.UU. e Iberoamérica, ¿la película ha dado frutos concretos? ¿Le han llegado a usted testimonios de personas tocadas por lo que se cuenta?
Todos los días. Desde cambiar la legislación en algunos estados de México, a padres de familia que tal vez antes no cuidaban bien a sus hijos y podían caer en las garras de internet y de otras personas. Gente que de pronto habla sobre lo que le pasó y que estaba callada desde hacía años. Una persona que trabaja aquí (habla del hotel en el que se desarrolla la entrevista) se me ha acercado a decirme: “Yo fui una de estas niñas, fui abusada y nunca lo quise hablar. Desde que vi el tráiler y entrevistas tuyas estoy hablando y llorando, pero sanando al mismo tiempo”. La película está tocando corazones y salvando vidas. Presenté un proyecto de ley en Washington, Secure Act. Va a ser de carácter bipartidista, y si se lleva a cabo se podrían encontrar 85.000 niños que no sabemos dónde están ahora, que entraron por la frontera de México a Estados Unidos.Este proyecto de ley está inspirado en Sound of Freedom.

¿Desaparecen miles de niños y no pasa nada?
Pero pasa en todos los ámbitos: político, religioso, empresarial, medios de comunicación, en las familias… Es un problema humano, global y perverso que tenemos que atacar todos antes de que sea demasiado tarde, si no lo es ya.

¿El éxito de la película le ha traído problemas?
Yo lo veo todo positivo. Me ha ayudado a que mi voz se escuche en más lugares para poder hablar de este tema y que más gente se entere. La película ha ido muy bien, ha tenido un gran éxito y es la primera vez en la historia del cine americano que una película independiente, hecha por mexicano, es el número uno el 4 de julio. Entonces todo lo malo que puede venirme, sea críticas, difamación, mentiras o calumnias, lo veo como algo positivo, porque se están salvando vidas.

Alejandro Monteverde, director de la película: “Los niños deberían ser protegidos por el mundo entero. Esa protección la tienen las ballenas”

¿Cómo conoció la historia de Tim Ballard, cómo se gesta Sound of Freedom?
Ya estaba escribiendo una ficción sobre esta temática y a los tres meses el productor me preguntó sí quería conocer a Tim Ballard. Era un experto, trabajaba para el gobierno federal, y pensé que sería una muy buena forma de investigación. Al conocerlo me di cuenta de que su vida sobrepasaba la ficción que llevaba tres meses escribiendo. Entonces hicimos un cambio de ruta y empezamos a escribir su vida.
¿Qué le llamó más la atención de la vida a Tim Ballard?
Ver que dejó todo: su familia, sus hijos, su trabajo, su seguridad financiera, todo, para ir a rescatar a otros niños que no son americanos. Su primera misión fue ir a rescatar niños en Colombia. Alguna vez Tim me dijo que los niños no deberían tener nacionalidad, que deberían ser protegidos, literalmente, por el mundo entero. Si un niño es violado en Haití, debe ser responsabilidad del mundo entero. Esa protección las tiene las ballenas, entonces ¿por qué no hacer eso mismo con los niños? Para él los niños son el corazón del mundo. Si no protegemos el corazón, pues nos puede dar un paro cardiaco.
¿Dirigir esta película le ha tocado interiormente?
Sí, a mí y creo que a todos los que trabajamos en la película. El simple hecho de colaborar en crear un espacio para poner una lucecita en esta oscuridad eso ya te empieza a cambiar. Pero sobre todo, hemos visto en cada presentación gran cantidad de víctimas que se abren tras verla. Sin conocerme sentían la confianza para contarme su historia.

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