La revista más leída por las familias católicas de España

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Ayunio a pan y agua

El ayuno: la mejor defensa y combate para este momento de la historia

Parece que el sentido del ayuno ha caído en el olvido. Sin embargo, cada vez más católicos dan testimonio del “poder del ayuno” en estos tiempos de “guerra espiritual”.

Por Isabel Molina Estrada

Artículo publicado en la edición número 67 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Hay demonios que solo pueden ser expulsados con oración y ayuno” (Cf. Mc 9:29). Estas palabras de Jesús se hacen eco en la mente de Lara Morera cuando le preguntamos por qué comenzó a ayunar… Tras vivir una conversión hace diez años, pedía a Dios la conversión de su novio –hoy su marido–. “Él era ateo”, nos cuenta. Lo cierto es que, tan pronto Lara recibió el don de la fe, también recibió “el don del ayuno”. Comenzó a tomar únicamente pan y agua dos veces por semana y a ofrecer ese sacrificio por el chico del que estaba enamorada.

La conversión de Mikael no se hizo esperar. Lara recuerda el día en que él se confesó por primera vez. Y al poco tiempo, también él comenzó a ayunar. Desde entonces los dos ayunan todos los miércoles y viernes, con excepciones concretas a lo largo del año: “En Pascua descansamos dos semanas, y en verano igual, pues vamos de peregrinación al Camino de Santiago. Pero reconozco que cuando dejo de ayunar estoy mucho más débil”, cuenta Lara a Misión.

Los inicios

El padre Justo Lofeudo, misionero de la Santísima Eucaristía y gran promotor de la Adoración Eucarística en el mundo, también practica el ayuno a pan y agua, aunque admite que los inicios no fueron fáciles: “Tenía dolores de cabeza. Pronto noté que no había correlación entre el ayuno y aquellas cefaleas. Estaba clarísimo que se trataba de una lucha espiritual. Así que decidí imponerme ayunar”.

Gracias a esta experiencia, que comparte generosamente con Misión, ha podido aconsejar a muchos católicos. “Hay que superar el posible malestar inicial y las tentaciones que vienen durante el día. El consejo es perseverar y alinear nuestra voluntad con la gracia que Dios nos dará para poder ayunar. Esos dolores de cabeza con el tiempo desaparecen”, asegura.

No es una dieta

Hoy los ayunos con fines dietéticos y terapéuticos son una práctica ampliamente extendida. Sin embargo, nada tienen que ver con el ayuno cristiano. “Los ayunos terapéuticos pueden ser necesarios para la salud corporal y, por supuesto, no son condenables en sí, pero son muy diferentes al ‘ayuno del corazón’”, explica Lofeudo.

El ayuno cristiano es ante todo un sacrificio: “Tiene un carácter oblativo y penitencial. Está en otra dimensión: la sagrada”, puntualiza. De hecho, “la palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa hacer sagrado”, recalca.

Justamente porque no se trata de una dieta, sino de un sacrificio, el ayuno ha de ir siempre unido a la oración: “Un ayuno sin oración sería como negar su carácter religioso, de ofrecimiento a Dios”. Por otra parte, “a la voluntad de ayunar conviene sumarle la súplica a Dios para que nos conceda la gracia de ayunar. Y a la vez, gracias al ayuno la oración se vuelve más potente”, asegura Lofeudo.

Los dos, ayuno y oración, “son necesarios para el combate espiritual contra las fuerzas del mal, esos enemigos que llevan a la perdición del alma: Satanás, el mundo –en cuanto hostil a Dios– y la carne, en cuanto hostil al espíritu”. En resumen, oración y ayuno son inseparables: “Ayunar no es otra cosa que hacer que el cuerpo participe de la oración”, concluye Lofeudo.

El combate actual

Tanto Lara como el padre Lofeudo reclaman la necesidad imperiosa de ayunar, especialmente en estos tiempos: “Si somos conscientes del momento del mundo y de la Iglesia en que vivimos vemos que el ayuno es prioritario. Estamos ante una guerra espiritual. Es el tiempo de falsos magisterios, de deserción de la fe verdadera y única, del engaño religioso. Es el tiempo del culmen del misterio de la iniquidad, y tenemos que estar preparados para la defensa y el combate”, advierte Lofeudo, quien asegura, además, que hemos llegado a este estado de apostasía por muchos factores, “entre ellos por el olvido del ayuno”.

Por su parte, Lara está convencida de que ante este fuerte ataque actual a la fe, “con ir a misa los domingos no basta para soportar la embestida del enemigo y la corriente del mundo. El ayuno es una protección imprescindible para los apóstoles actuales, sacerdotes y laicos. Ellos son los más atacados por el demonio”.

Favores imposibles

Por último, conviene recordar los grandes favores que se obtienen gracias al ayuno. Lofeudo conoce muchos casos de madres que han rezado y ayunado para rescatar a sus hijos de las drogas, la pornografía y otros vicios aparentemente insuperables, y han visto verdaderos milagros. Y es que el ayuno “mueve el cobijo de Dios de manera extraordinaria”, añade Lara. “Tengo testimonios de nudos muy gordos desatados por los ayunos, como el de personas que han estado desaparecidas durante 20 años y han aparecido tras un ayuno de 40 días” , añade.

La alerta de este sacerdote y esta laica es clara: “Hay combates espirituales para los que no basta con rezar, ¡hay que ayunar!” . Y qué mejor tiempo que la Cuaresma para plantearse un compromiso de ayuno más recio.

A pan y agua

El ayuno se ha practicado desde los comienzos del cristianismo. “Es una de las bases de la piedad cristiana, que nos viene de la piedad judía: oración, ayuno y obras de caridad o limosnas”, explica el padre Justo Lofeudo. De ahí que en La Didajé, compendio del siglo I que recoge la doctrina de los doce apóstoles, se da al ayuno una relevancia crucial.

“Según La Didajé, los cristianos deben ayunar los miércoles y los viernes, a diferencia de los hipócritas, que ayunaban los lunes y los jueves”. Muchos católicos alrededor del mundo han retomado esta práctica centenaria de ayunar a pan y agua los miércoles y los viernes, tal y como también lo ha pedido la Santísima Virgen en distintas apariciones alrededor del mundo (algunas de ellas aprobadas por la Iglesia).

“La Cuaresma es el tiempo fundamentalmente penitencial para hacer ayuno, pero deberíamos recuperar el ayuno al menos todos los viernes y, luego, extenderlo a los miércoles en todo tiempo, excepto si coincide con una solemnidad litúrgica”, reclama Lofeudo. “En concreto el viernes porque rememoramos la Pasión y Muerte del Señor, y se cree que el miércoles se eligió porque fue el día en que Judas pactó la traición”.

Por último, Lofeudo recomienda reducir la comida, en los días de ayuno, “a lo absolutamente esencial: pan y agua”. Eso sí, preferiblemente con un pan integral, multigranos, de espelta o de avena, que tiene más nutrientes.

Provecho espiritual del ayuno cristiano

1. Desarrolla la templanza. Justo Lofeudo expone que con el ayuno se crece en templanza porque “se combate la concupiscencia”. La persona se ejercita en mantener los instintos y deseos a raya, para perseverar en el camino hacia Dios, fin y fuente de su verdadera felicidad.

2. Ayuda a despojarse de lo efímero. Quien ayuna se desprende de todo aquello que le distrae en el camino hacia Dios, se vacía de sí mismo. “Cuando renuncio a lo que me gusta, me estoy preparando para la lucha contra las cosas del mundo que me distraen, sacándome de lo verdaderamente importante para mi salvación y la salvación de otros”, puntualiza Lofeudo.

3. Vence al Demonio. Satanás siempre está al acecho seduciendo, y la voluntad debe estar fortalecida para rechazarlo. Lofeudo explica que la clave la da el Evangelio cuando muestra que el Señor dio ejemplo de cómo combatir las tentaciones de Satanás: “Voluntariamente decidió pasar cuarenta días orando y ayunando en el desierto. También así se preparó para la mayor obra de amor en la historia: la salvación de la humanidad”.

4. Combate el hedonismo. Esta gran enfermedad de nuestros días ha hecho que muchos ya solo persigan los placeres de esta vida y, por tanto, desechen el sacrificio, no solo el religioso, sino todo acto que suponga abnegación. “Quien solo se ama a sí mismo no concibe el ayuno ni, por supuesto, ningún acto de abnegación”, alerta Lofeudo. Por el contrario, el ayuno ayuda a los fieles a fortalecerse, renunciando a sus intereses y deseos, a través de la renuncia de las comidas y bebidas.

5. Purifica el alma. “El ayuno nos mantiene sanos espiritualmente y sirve a nuestra salvación y la de otras almas por las que pedimos y ayunamos”, dice Lofeudo. Él recuerda el caso de un chico que decidió ayunar mientras peregrinaba a pie por un amigo que había caído en la droga. Mientras peregrinaba, en medio de un gran llanto, descubrió que el Señor lo llamaba al sacerdocio. Hoy es sacerdote.

Artículo publicado en la edición número 67de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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