Una chica se prueba ropa, pudor

El pudor: la primera forma de respeto al propio cuerpo

El modo de vestir, más allá de las modas o de los gustos, es un reflejo de lo que queremos transmitir a los demás de nosotros mismos. Y aunque hombres y mujeres percibimos el propio cuerpo y el del sexo contrario de maneras diferentes, al final todos buscamos lo mismo: amar y ser amados.

Por Marta Peñalver

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Eso  ya no se lleva”, contestó hace unos días una empleada de unos grandes almacenes cuando una madre le preguntó por un pantalón corto para su hija de 7 años, que cubriera hasta media pierna (y no uno de esos que deja entrever las posaderas, hablando mal y pronto).Y es cierto: cada vez es más difícil encontrar ropa adecuada y lo que abunda en las calles y en las playas son modelitos desprovistos de cualquier atisbo de pudor. ¿Pero qué es el pudor y por qué es tan importante mantenerlo?  

Una tendencia natural 

El pudor sexual es la tendencia natural que todos tenemos a ocultar los órganos sexuales que nos diferencian a hombres y mujeres. San Juan Pablo II escribía en Amor y Responsabilidad que “el pudor no se refiere al bien mismo cuanto al hecho de exteriorizarse lo que debería permanecer oculto: es esa exteriorización lo que se experimenta como un mal”. Es decir, que las diferencias sexuales son buenas, pero el hecho de mostrarlas públicamente, no. 

Giovanni Alario, psicólogo, especialista en afectividad infantil, explica a Misión que esta tendencia “va acompañada de la necesidad de ocultar también los pensamientos, las palabras… Pero más allá de la norma social o de un moralismo mal entendido, esto se debe a la necesidad del ser humano de crear su propio yo, de apropiarse de sí mismo y de su intimidad”. Y aunque es diferente en cada niño, Alario señala que lo normal es que comience a darse en la preadolescencia, cuando el niño comienza a marcar su propia identidad personal a medida que va adquiriendo conciencia de los diferentes caracteres sexuales. Sobre todo cuando empieza a ser consciente de que el cuerpo puede ser considerado por el sexo opuesto como objeto de placer. 

Además, el pudor  “no deja de ser una forma de comunicación”, señala Alario, ya que  “cuando alguien decide vestirse de una manera inapropiada está anulando al otro como interlocutor. Está diciendo: ‘me visto como quiero sin importarme lo que mi vestimenta pueda provocar en ti’”. Y asegura que  “así como cuidamos lo que decimos y cómo lo decimos, también debemos tener en cuenta qué transmitimos con nuestra forma de vestir”.

Eso sí, hombres y mujeres desarrollamos el pudor de formas muy distintas, porque también nos percibimos mutuamente de distinta manera.

Amar y ser amados

Wojtyla aseguraba en el libro citado que la mujer, al no encontrar en sí misma una sensualidad tan fuerte como la del hombre, en cierto sentido no es tan consciente de la necesidad de taparse y por eso “un conocimiento del psiquismo masculino es, por consiguiente, necesario para la formación del pudor en la mujer”. Por su parte, el hombre no tiene que “temer” la sensualidad de la mujer; en cambio, conocedor de su propia sensualidad, esta le hace sentir vergüenza. “Tiene vergüenza de su cuerpo porque tiene vergüenza de la manera como reacciona ante el cuerpo de la mujer”, explicaba.

Pero esta tendencia que observamos en los hombres y las mujeres de encubrir los valores sexuales tiene otro sentido más profundo. No solo se trata de evitar la reacción del otro, sino también la propia. En lo más hondo de nuestro corazón lo que queremos todos es amar y ser amados, no utilizados, y la base del pudor no es más que eso. “El pudor sexual no es una huida frente al amor, al contrario, es un medio para llegar hasta él. La necesidad espontánea de encubrir los valores sexuales es una manera natural de permitir que se descubran los valores de la misma persona. El valor de la persona está estrechamente ligado a su inviolabilidad, por el hecho de ser ella más que un objeto de placer”, decía Wojtyla.

A contracorriente

Todo lo anterior explica por qué la tendencia, que vemos en las calles o en las playas, a llevar cada vez menos ropa y a exponer casi cualquier parte del cuerpo a ojos de cualquiera, es tan dañina: estamos perdiendo el respeto a nuestro propio cuerpo y, por tanto, a nuestro ser más íntimo.

Pero ¿cómo explicar esto a los jóvenes (y no tan jóvenes)? Muchos padres lo pasan mal porque a la presión social hay que sumarle que cada vez es más difícil encontrar ropa respetuosa con el pudor personal. En las tiendas abunda la ropa  “que se lleva”  y dar con ropa adecuada es una misión difícil y muy cara. Y aunque a veces den ganas de tirar la toalla, Alario recuerda que los padres no deben cejar en el empeño de educar a sus hijos en el vestir adecuadamente y de forma apropiada para cada ocasión. Cuidar la vestimenta es el primer paso para respetarse, hacerse respetar y mostrar respeto ante los demás. 

3 pistas

1. Busca, busca y sigue buscando: No dejes que el cansancio por no encontrar ropa adecuada te haga desistir, ¡el que busca, encuentra!

2. Utiliza la picaresca: Si encuentras un traje de baño adecuado o un pantalón a tu gusto, cómpralo en varios colores. 

3. Aprende a coser: Ahora hay infinidad de tutoriales y cursos. Así podrás arreglar prendas e incluso ¡hacerlas tú mismo! 

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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