Por Rubén Risco / Ilustración: Javier Ugarte
Praga, verano de 1877. La viruela acaba de llevarse la vida de Otakar, de 3 años, el último hijo superviviente de la familia formada por el músico checo Antonín Dvorák y su esposa Anna Cermáková. Un mes antes, su hija Ruzena había fallecido a los once meses después de haber ingerido fósforo accidentalmente; y su primera hija, Josefa, sólo había sobrevivido dos días después de nacer en 1875. Mientras musitan las oraciones en el velatorio, Antonín identifica en la figura desgarrada de su esposa un trasunto de la Virgen dolorosa al pie de la cruz, y le evoca aquel viejo proyecto comenzado con la pérdida de su primera hija, un Stabat Mater para coro y orquesta. Su profunda convicción de la correspondencia entre la fe y el arte ya la expresaba en una carta a un amigo: “No se extrañe usted de que sea tan piadoso, porque el artista que no lo es no consigue absolutamente nada”.
El Stabat Mater de Dvorák es una obra muy humana, viva y acongojante, pues refleja la pena de su propia esposa
La obra se estructura en diez secciones según las estrofas del texto latino. Comienza con una larga y dramática introducción instrumental en si menor, tonalidad asociada al sufrimiento en el barroco, que concluye con un cuarteto que canta la primera estrofa. Continúa con el resto de -secciones alternando coros, solos y dúos en un camino de la tiniebla a la luz que refleja ese salto de fe del dolor a la esperanza, concluyendo con un apoteósico amén.
Su biógrafo Václav Holzknecht explica así el sentido de la obra: “La Madre de Jesucristo le recordaba con gran semejanza su propia pena y la sentida por su esposa. A ello se debe que la obra sea tan humana, tan viva y tan acongojante. Expresa un sentimiento y una humildad profundos”. Y añade: “La música traduce la pena, la compasión y la resignación. Este tema bíblico (…) refleja la angustia del corazón y, para terminar, un apaciguamiento enteramente amasado de afecto”.
Una piedad sincera
Concluyó la obra en otoño del mismo año, 1877, con el mismo “gracias a Dios, gloria a Dios” con que firmaba J.S. Bach. Al año siguiente fueron bendecidos con la primera de seis hijos más que alcanzaron en su totalidad la edad adulta. El Stabat Mater fue estrenado el 23 de diciembre de 1880 en Praga con un gran éxito que fue replicado en Londres tres años después llevando a Dvorák a la fama. Su amigo Józef Zubaty corrobora la altura espiritual de este gran músico: “Su piedad era sincera, surgida del fondo del corazón”.
El Stabat Mater
Esta secuencia medieval atribuida al fraile franciscano Jacopone da Todi se adentra en los sentimientos de la Virgen al pie de la cruz. Por su emotiva conjunción del sufrimiento humano con el drama divino, ha llamado la atención de multitud de autores, hasta el punto de que se conocen más de 400 composiciones del texto, según la tesis doctoral de Jürgen Blume. Fue añadida a la liturgia en la baja Edad Media, expurgada por el concilio de Trento y restaurada en 1727 por el papa Benedicto XIII.
Artículo publicado en la edición número 75 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





