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Giovanni Battista Draghi, llamado Il Pergolesi

El Stabat Mater de Pergolesi: una partitura para el Cielo desde el umbral de la muerte

Tísico y desengañado, el joven Pergolesi se retiró a un convento para prepararse a morir. Entre toses, fiebre y rosarios, compuso en sus últimos días el Stabat Mater más famoso de la historia, una partitura para el Cielo.

Por Rubén Risco / Ilustración: Javier Ugarte

Convento de los Capuchinos de Pozzuoli, Reino de Nápoles, marzo de 1736. Francesco di Feo, maestro de música, da un aldabonazo en la puerta. 

–Paz y bien– saluda el hermano portero mientras descorre los cerrojos, y al reconocerlo, le acompaña por la galería hasta la celda donde habita Giovanni Battista Draghi, llamado Il Pergolesi. Lo encuentran en la cama, con papel pautado en las manos escribiendo pausadamente, interrumpido sólo por la tos propia de la tuberculosis terminal que padece. Al lado, la escupidera; en la mesita, el rosario que pidió al llegar a la abadía y cuyas cuentas pasa diariamente.

–Maestro, no deberíais trabajar tanto en vuestro estado –le recrimina Di Feo.

–Tengo que terminar este encargo; me pagaron diez ducados –responde cansado Pergolesi.

–¿De qué se trata?

–Un Stabat Mater para una confraternidad napolitana.

–¡Debéis cuidaros más, sólo contáis veintiséis años! –insiste Di Feo.

–Mi alma está serena y confiada en Nuestro Señor.

El drama divino

El maestro Di Feo regresó un par de semanas después, y se sorprendió al ver cómo la enfermedad lo estaba derrotando, las sábanas manchadas de hemoptisis y la respiración en un estertor sanguinolento. En la mesa, al final de la partitura leyó la sentencia: Finis. Deo Gratias.

–Hágame este último servicio. Llévela a Nápoles –musita Pergolesi entrecortadamente.

–¿Y usted, maestro? –pregunta Di Feo, mientras una lágrima se desliza por su mejilla.

–El Señor me concedió poder terminar la pieza. Estoy en paz. 

Se despidieron y dos días después el maestro entregó su alma a Dios. 

De familia humilde, empezó sus estudios musicales tarde, e intentó hacerse un nombre en el mundo de la ópera, mas sólo tuvo relativo éxito con un breve divertimento: La serva padrona. La tisis que le acompañaba desde la infancia le fue consumiendo, y decidió retirarse en el convento de Pozzuoli para prepararse a bien morir y terminar un último trabajo: un Stabat Mater, el texto por antonomasia que mejor engarza el dolor del sufrimiento humano con el drama divino.

La obra tuvo un éxito fulgurante y fue la más impresa del siglo xviii

Trigo que da fruto

Pergolesi divide su Stabat Mater en doce partes, con un elenco austero, soprano y contralto solistas, dos violines y bajo continuo. Comienza con el dúo Stabat Mater Dolorosa, del que Jean-Jacques Rousseau escribió:  “Es el dúo más perfecto y conmovedor salido de la pluma de cualquier compositor”. Continúa con armonías audaces y disonancias de gran patetismo, que contrastan con la serenidad con que muestra a la Virgen María, la madre que sabe, como el propio compositor, que tras el dolor y la muerte espera el triunfo de Cristo, y la vida eterna. Concluye con un amén que muestra la aceptación confiada de la voluntad de Dios. La obra tuvo un éxito fulgurante y fue la más impresa del siglo xviii, adaptada por Bach o Salieri entre otros, y su belleza y profunda espiritualidad siguen asombrando hasta nuestros días, mostrándonos cómo el trigo que cae en tierra y muere da fruto si está entregado a Dios. 

Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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