Por José Ángel Agejas
Covarrubias
En esta época del año, con días largos, apetece apostar por un fin de semana reposado, pues visitar las tres localidades en un solo día ya supone dejar a un lado uno de esos beneficios: cambiar el ritmo que nos impone el ajetreo diario. Iniciamos el recorrido remontándonos al nacimiento mismo de Castilla: en el año 978 el conde García Fernández funda el infantazgo de Covarrubias. La villa ha conservado todo el encanto de su pasado medieval que se disfruta paseando por sus calles contemplando, entre otros monumentos, el Torreón de Fernán González (s. X), la muralla, la excolegiata de san Cosme y san Damián (s. XV) y las plazas de Doña Sancha o Doña Urraca. Muy cerca están también las ruinas del famoso (y desamortizado) monasterio benedictino de san Pedro de Arlanza, uno de los más importantes en los orígenes de Castilla, fundado en 912 y que estuvo en funcionamiento hasta la ruinosa desamortización de Mendizábal en 1835.
Silos

Muy cerca de Covarrubias está Santo Domingo de Silos, un pequeño pueblo que casi se ha fusionado con su justamente afamada abadía benedictina. El majestuoso claustro románico, con dos niveles superpuestos, se construyó en dos períodos, entre los siglos X y XII. Si cada uno de los capiteles merecería un análisis detallado, no cabe duda de que los bajorrelieves de las esquinas causan asombro y llaman a la contemplación: meditaciones de una fe que transfigura la piedra. La abadía acoge hoy a una comunidad de cuarenta y cinco monjes. Conviene consultar el horario de las celebraciones litúrgicas en la iglesia abacial para elevarnos con su plegaria cantada en gregoriano y no limitarnos a la visita al claustro.
Lerma

Imposible que pase desapercibida la villa ducal de Lerma, tan cercana a la autovía de Burgos, presidida por el majestuoso y claramente herreriano Palacio Ducal, convertido hoy en Parador. Dejamos ya el período medieval, que en esta ciudad ha quedado reducido a un modesto rincón que nos recibe al entrar, y nos desplazamos al esplendor barroco de los Austrias. En lo alto del promontorio nada menos que tres conventos de religiosas de clausura (dominicas, carmelitas y clarisas, además de la tienda de las hermanas de Iesu Communio) siguen hoy invitando al viajero a la oración y a degustar sus elaboraciones artesanales. Por si estos fueran pocos conventos y dulces monásticos, a escasos kilómetros, otra joya románico-gótica nos recuerda el esplendor de la fe en estos parajes de Castilla: el monasterio cisterciense de Santa María la Real de Villamayor. Su claustro románico (s. XI) bien merece una visita. En el siglo XIII el noble García Fernández se lo compró a los monjes que lo habían fundado y lo colocó bajo la jurisdicción del monasterio de Santa María la Real de las Huelgas, nombrando abadesa a su hija Mencía. De esta época data la iglesia gótica, construida con la misma piedra y formas que las del monasterio de Burgos, aunque de menores proporciones. Una prueba más del esplendor de la fe y de una historia secular fundada sobre roca.
No hemos mencionado nada de la excelente gastronomía, de los vinos de la D.O. del Arlanza, de las rutas de senderismo y para los aficionados a la bicicleta de montaña… Es difícil aunar en tan poco espacio tanta variedad de paisajes, historia y monumentos a una fe que sigue elevando su espíritu y oración al limpio cielo castellano, como simboliza el ciprés del claustro de Silos, “enhiesto surtidor de sombra y sueño”, que cantara Gerardo Diego. Pero es que, además, este entorno esconde otro sinfín de insospechadas aventuras que parecerán sacadas de episodios de la serie El Ministerio del Tiempo que nos llevarán a encontrarnos nada menos que con un emperador romano, una delegación vikinga o un duelo entre forajidos del lejano Oeste.
¿A que no sabías que…

… cuando Galba recibió la noticia de que había sido elegido emperador de Roma, a la muerte de Nerón, estaba en plena Ribera del Duero?
En la ciudad de Clunia a la que, por ese honor, elevó a rango de colonia romana y le otorgó el sobrenombre de su familia, Sulpicia. Una ciudad en medio de la meseta castellana, aún por excavar, que llegó a tener treinta mil habitantes y fue una de las más importantes de la meseta norte de Hispania. Puedes visitar las ruinas de su imponente teatro (¡para diez mil espectadores!), del foro, las termas, de varias domus con sus mosaicos (en la temporada invernal están cubiertos, para evitar su deterioro) y del templo de Júpiter, y hacerte la idea de lo que de esa gran urbe no ha sido expoliado y está aún por excavar.
… en la cuna del condado de Castilla está enterrada, desde el siglo XIII, una princesa vikinga?
Una historia que suena a leyenda. Kristina de Tønsberg fue enviada por su padre, Haakon iv de Noruega, con un séquito de un centenar de caballeros y doncellas para casarse con Felipe, el hermano del rey Alfonso X el Sabio. El infante Felipe, abad de la colegiata de Covarrubias y que había sido elegido para la carrera eclesiástica para ocupar, entre otros cargos, la sede arzobispal de Burgos (su catedral gótica estaba a punto de culminarse), renunció a esos privilegios para casarse con la princesa venida desde el reino nórdico, cristianizado por el rey san Olaf, patrono de Noruega. El matrimonio se celebró en 1258 en Valladolid con grandes fastos y se asentó en Sevilla. Quién sabe si por melancolía o por el diferente clima de la ciudad hispalense, Kristina murió apenas cuatro años después y sin descendencia. Un sepulcro gótico esculpido en roca caliza en el claustro de la colegiata de la que su marido había sido abad recogió sus restos. Noruega ha levantado recientemente en las afueras una ermita a su santo patrón, san Olaf el Grande, recordando la promesa incumplida que hace ocho siglos hiciera a su princesa vikinga el infante castellano.
… puedes visitar el paraje donde se grabó el duelo final de El bueno, el feo y el malo?
Una silueta de Clint Eastwood te recibe al lado del árbol del ahorcado en el cementerio de Sad Hill, recientemente recuperado por los fans del famoso spaghetti western de Sergio Leone. Se excavaron cerca de cinco mil falsos túmulos formando un círculo que aún hoy marca el lugar. Y es que puedes saltar hasta los paisajes de Nuevo México que, en realidad, eran de la Sierra de la Demanda, al son de los compases de la épica banda sonora de Ennio Morricone, a un tiro de piedra de Silos.
Artículo publicado en la edición número 76 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





