No llegué solo a la conclusión. Cada vez con más frecuencia se leen opiniones autorizadas que denuncian el naufragio de la formación reglada, asfixiada por unos criterios pedagógicos absurdos y por una sociedad que no valora ni la sabiduría ni el sentido ni el esfuerzo ni la autoridad. A la vez, de esos panoramas desoladores surge la esperanza en padres, profesores y alumnos que resisten y se organizan.
El último aliento está en el libro Un tiempo nuevo (Ediciones CEU, 2025) de Kevin D. Roberts. Según él, las instituciones académicas más prestigiosas están absolutamente incapacitadas para dar una buena educación a sus alumnos. Considera que hay que perder toda esperanza… en ellas. Y, por tanto, tenerla en las nuevas escuelas y universidades de educación clásica que se van creando.
¿No es la tradición un elemento esencial para educar a los jóvenes?, preguntaría yo de inmediato. ¡Por supuesto! Pero la tradición no estriba en el nombre prestigioso o el edificio antiguo, siendo ambas cosas bellísimas, cuando se tienen. La tradición consiste en la línea de pensamiento clásico y de creación que incluye los nombres venerables de Homero y Aristóteles; los estoicos y san Agustín; Chrétien de Troyes y santo Tomás; Dante y Jorge Manrique; Shakespeare y Cervantes…
Quizá mis hijos no puedan estudiar en Oxford, pero pueden leer a Tomás Moro, a Newman, a Tolkien y a Lewis
Gracias a las espléndidas ediciones de bolsillo, el mejor claustro de profesores está al alcance de cualquier economía y de cualquier familia que se interese por la verdad y la belleza. ¿Es o no es un baluarte de esperanza? Quizá mis hijos no puedan estudiar en Oxford, pero pueden leer a Tomás Moro, a Newman, a Tolkien y a Lewis. ¿A ver si los estudiantes actuales de Oxford, entre tanta consigna políticamente correcta y el monocultivo obligatorio de la diversidad, alcanzan esa altura?El porvenir de la educación depende de la resistencia social y el porvenir de la sociedad de la resistencia educativa. He rehecho mi diagnóstico.
Lejos de abandonar a la sociedad en su conjunto y a la educación general a su deriva descendente, estos alumnos de las nuevas escuelas tradicionales (¡no es oxímoron, sino rebelión!) y de los programas universitarios de grandes libros y educación del carácter irán reconquistando las viejas instituciones progresistas (no es oxímoron sino sumisión).
Compartiendo el análisis de Kevin D. Roberts, somos todavía más esperanzados. No damos nada por perdido o, mejor dicho, por permanentemente perdido. Cero rencor ni envidia a Harvard u Oxford o cualquier otra universidad. ¡Fueron tan buenas y hermosas…! Y lo serán de nuevo, reconquistadas para la causa de la verdad y la luz que alguna vez fue la suya, como campa en sus lemas de antaño, cargados de futuro.
Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





