Por Javier Lozano
Fotografía: Cortesía de Familia Misionera
Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Para cientos de familias católicas su “planazo”de Semana Santa no será viajar a un destino turístico para descansar, sino acudir a distintos rincones de la España vaciada para hacerse misioneras. Los matrimonios junto a sus hijos ayudan a los párrocos, visitan a los vecinos y los invitan a participar en las celebraciones religiosas. Además de evangelizar, estas familias se lo pasan bien juntas, en un ambiente de convivencia entre ellas, y “desconectan” de la rutina diaria, ¡pero no de Dios!
Hijos misioneros
Las misiones de Semana Santa son una de las señas distintivas de Familia Misionera, un apostolado del Regnum Christi que lleva más de 20 años ayudando a que muchas personas en los pueblos puedan vivir en plenitud el misterio pascual. “Es una respuesta que surgió a la llamada de san Juan Pablo II a la nueva evangelización”, explica a Misión Jorge Barco, responsable de Familia Misionera en España, quien explica además que esta iniciativa está abierta a todas las familias que deseen participar. Su propia familia es ya una veterana, pues lleva dos décadas haciendo misiones. Sus hijos han crecido viviendo así la Semana Santa y ahora son ellos los que participan en otras acciones evangelizadoras. “Estas misiones revierten sobre la propia familia, porque los hijos ven a sus padres dar testimonio, y esto los ayuda en su propia fe”, señala.
“Las misiones revierten sobre la propia familia porque los hijos ven a sus padres dar testimonio de su fe”
Barco explica que esta actividad misionera tiene dos patas: una evangelización hacia dentro y otra hacia fuera. Las primeras evangelizadas son las propias familias, que a su vez llevan su luz a los vecinos de los pueblos de Castilla, Asturias o Aragón. En general, se trata de localidades pequeñas con una población bastante envejecida y dispersa, en los que hay pocos sacerdotes para atender a muchas localidades.
Al servicio del párroco
Cada unidad misionera se pone al servicio del párroco del lugar, al que asisten en sus necesidades, que se incrementan durante la Semana Santa. “Nos organizamos en torno a una necesidad que nos plantea el párroco: visitar a los vecinos o a los enfermos; organizar la Cena del Señor, la Vigilia Pascual, o la Hora Santa…”, explica.
Uno de los mejores recuerdos que Barco guarda de las misiones es de su segundo año, en Asturias. Recuerda estar agobiado para poder responder a las peticiones del párroco, pues era una zona con la población dispersa entre montañas y no muy religiosa. “La gracia vino cuando nos dimos cuenta de que somos meros instrumentos, y entonces pudimos ir por las casas alegres sabiendo que lo único que teníamos que hacer era tocar las puertas y esperar a que el Señor actuara. Tuvimos una respuesta fantástica. Ponerme en Sus manos me ayudó a entender estas misiones”, concluye.
HACERSE COMO NIÑOS
Mención especial merecen los niños. El responsable de Familia Misionera, Jorge Barco, reconoce que los más pequeños “son los que más tiran y los que mejor se lo pasan. Nos enseñan con naturalidad qué es la misión: llaman a las puertas, invitan a la gente a ir a la iglesia y muestran la sencillez de la fe”.
Para más información e inscripciones:
www.soymisionero.es
Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





