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670.000 españoles están registrados como usuarios de juego online; cada vez son más jóvenes y también son más rápidos sus procesos de adicción. La trampa de las apuestas por internet es tan peligrosa que tan solo el número de jóvenes adictos a las apuestas deportivas aumentó en un 20 por ciento en el último año.

Por Blanca Ruiz Antón

“Puedo dejarlo cuando quiera”, “es solo una mala racha”, “voy a recuperar el dinero”… Estas son frases que Bayta Díaz, psicóloga y coordinadora del equipo técnico de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL) escucha todos los días. Esta asociación, dedicada a la prevención y ayuda al ludópata, es tan solo una de las muchas que hay en España y en la que, desde el año 2007,  “no ha parado de crecer el número de socios”. Un preocupante aumento, pero también una victoria, porque el día que la persona entra por sus puertas comienza a ganar la partida de su vida: contra la adicción.
El juego de los famosos
El juego online, sea a través de apuestas deportivas, ruleta, máquinas de azar o póker, es tan accesible como encargar comida para llevar o comprar ropa desde el móvil. Y aunque la publicidad del juego presencial está prohibida desde hace años, la que respecta al juego online goza de gran permisividad: patrocina clubes de fútbol, organiza eventos deportivos, se anuncia en programas de máxima audiencia y cuenta con famosos como el presentador Carlos Sobera, actores como José Coronado, y futbolistas como Casemiro o Neymar en sus anuncios. Algo que ha llevado a la  “normalización social del juego”.
Para Elena Arderius, psicóloga sanitaria del Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de la Universidad Francisco de Vitoria, la presencia de estos famosos en anuncios de apuestas o juego online es clave a la hora de captar clientes, ya que son  “personas de prestigio y, por tanto, referentes, que hacen más atractivo jugar”.
Según la Dirección General de Ordenación del Juego, dependiente del Ministerio de Hacienda, más de 670.000 españoles apuestan al año. De ellos, más del 30 por ciento tiene entre 26 y 35 años. Se trata de negocio floreciente: solo las apuestas deportivas movieron en España 1.400 millones de euros en el segundo trimestre de 2017. Y en paralelo, como es lógico, se incrementa año tras año el número de adictos al juego online, especialmente entre los jóvenes.

Con acceso a internet y una tarjeta de crédito, puedes jugar 24 horas al día, los 365 días del año

Jóvenes en riesgo
Como precisa Arderius, “las personas más proclives a caer en esta adicción tienen cierta vulnerabilidad psicológica y social, estrés, baja autoestima, sensación de vacío, dificultad en las relaciones, ausencia de apoyo familiar y social…”. La inmadurez propia de los jóvenes es también un factor de riesgo. Pero lo que comienza como un juego suele acabar como una pesadilla. Como explica Díaz, el detonante de la adicción es el día en que ganan una cantidad considerable de dinero:  “Ven que con una apuesta de 2 euros consiguen 100, y eso les parece un chollo. Por eso comienzan a apostar más a menudo, al principio con amigos y después en solitario. Las apuestas online les permiten estar comiendo o duchándose y apostando: solo necesitan internet y una tarjeta de crédito”. Cualquiera puede jugar 24 horas al día, los 365 días del año, y sin tener que justificar ser mayor de edad, como sí haría, por ejemplo, si intentara entrar en una sala de bingo y el portero le pidiera el DNI.
Díaz asegura que en APAL han atendido incluso a jóvenes de 16 años adictos al juego:  “No es habitual que sean tan jóvenes, pero hemos tenido casos de menores que llevan años enganchados. De hecho hemos notado que se han acortado los tiempos en que se desarrolla la adición: antes tardaban entre ocho y diez años; ahora, con uno o dos ya hay un nivel de adicción muy alto”.
Tretas para captar
Según un estudio de la Dirección de Ordenación del Juego, el 81 por ciento de los adictos al juego tienen entre 18 y 45 años, y el 85 por ciento son hombres. La accesibilidad y la inmediatez de la apuesta-recompensa crean un cóctel explosivo, que prende su llama con las tretas que utilizan las casas de apuestas para que se comience a jugar, como permitir el juego sin dinero para animar a los usuarios a hacer apuestas de riesgo –justo antes de empezar con dinero real–, o retrasar el cobro para fomentar que sigan apostando.
Esta llamada al  “dinero fácil”  y las facilidades para conseguir crédito rápido en momentos de  “corazonada”  dan lugar a la  “tormenta perfecta”.

Antes del juego online, la adicción tardaba entre 8 y 10 años en asentarse. Hoy solo tarda entre dos y tres años

Sin embargo, la espiral de las apuestas conduce a un laberinto de pérdidas, en el que todo cambia cuando apostar ya no es divertido, sino que se hace para salir de una situación límite: “Puede que hayan empeñado una joya, o que tengan ya una deuda que no pueden pagar. Piden créditos rápidos con intereses del 30 por ciento, y piensan que no pasa nada porque ‘van a ganar’… pero no es así”, dice Díaz.
El golpe de suerte
Los adictos buscan ayudas como las de APAL cuando la situación es límite, y en muchas ocasiones presionados por su familia. Ahí comienza su verdadero golpe de suerte: cuando con el trabajo de especialistas dejan de pensar que  “ha sido una mala racha” y abandonan la falsa sensación de control que perpetúa la adicción. “Llegan asustados. No quieren afrontar las consecuencias de su problema, pero les concienciamos de cómo han llegado ahí y de lo que han dejado por el camino: dinero, amistades, familia, incluso el trabajo…”, explica la psicóloga de APAL, que desarrolla terapias individuales, en grupo y con los familiares para afrontar todos los aspectos de la adicción.
Recuperar la dignidad
El sacerdote Gerardo Dueñas, subdelegado de Pastoral de la Salud de la diócesis de Madrid, explica a Misión, desde su propia experiencia en el acompañamiento a adictos y ludópatas, que el primer paso para desengancharse es  “que reconozcan que hay un problema y que la adicción es una enfermedad”. Después, “hay que ayudarles a recuperar su dignidad y su libertad; recordarles que son hijos de Dios y que Dios los quiere no por lo que hacen o tienen, sino por lo que son”.
Según explica Dueñas, es frecuente que se rebelen contra Dios y le pregunten por qué les ha mandado esa dependencia: “Es su grito de dolor. Por eso les explico que Dios no nos manda una adicción, pero que comprende nuestra enfermedad y da sentido a ese dolor”. Además, es decisivo, afirma, “que se reconcilien con su pasado. Dios los perdona siempre, pero, a veces, lo difícil es que se perdonen a sí mismos”.  Aunque también eso es posible. Porque al juego y a las apuestas online se les puede ganar la partida.