Por Santiago Menor / Asesoría: Padre Alexandr Burgos
Artículo publicado en la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Fondo dorado
Los iconos no son cuadros religiosos que se pintan para ser mirados, son como “ventanas” al Cielo, desde las que los santos nos miran a nosotros. Por eso el fondo es dorado, símbolo de la gloria de Dios, y la silueta es redondeada, como la de una persona a la que mirásemos con una potente luz detrás. Rezar ante un icono sería como rezar ante la mirada de la Virgen.
Madre de Dios
Las letras MR-ZY a ambos lados indican que se trata de María Theotokos, “Madre de Dios”, como la define la Iglesia desde antes del Concilio de Éfeso del año 431. Y Dios mismo, desde la Cruz, nos la entregó por Madre nuestra. La inscripción inferior indica la titularidad del icono: Santísima Virgen de Fátima.
Unidos
La inscripción “Toboiu Edinstbo” significa “En ti la Unidad”. El icono aúna la tradición católica y la ortodoxa. Tras siglos de distanciamiento, la Virgen Fátima fue nexo entre ambas Iglesias, sobre todo en los gulags soviéticos.
Corazón dolorido
Para los ortodoxos, representar un corazón resulta demasiado carnal. Por eso, el icono incorpora un medallón con la palabra sertse, que significa “corazón”, rodeado por una corona de espinas, por el dolor que siente la Madre al ver que sus hijos no corresponden a su amor entregado y fiel.
Rosario púrpura
El resumen del mensaje de Fátima: oración y penitencia. Las cuentas del rosario son púrpuras, tono de la penitencia por ser el color del manto con que cubrieron a Jesús en su Pasión. Al ofrecer nuestros sacrificios, nos unimos al sacrificio redentor de Cristo y así le ayudamos a salvar almas.

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