Ideas para convocar a la lectura en la familia

Miguel Sanmartín Fenollera, escritor y bloguero, propone una alternativa a las pantallas que acaparan la atención de tus hijos: los libros
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Por EditorAdmRev

Por Miguel Sanmartín Fenollera / Ilustración Emilia Armijo

En este tiempo de encierros y cuarentenas, los padres hemos podido constatar con preocupación el poder de esas brillantes pantallas que acaparan la atención y el tiempo de nuestros hijos, a veces hasta extremos obsesivos. Ante este escenario, muchos se han preguntado: “¿Qué podemos hacer?” .

La idea de un pequeño que crece con su biblioteca es hermosa, e incluso mágica

Lo primero que sugiero es proporcionar a sus hijos un medioambiente literario, ayudándoles a crear su pequeña biblioteca. Una especie de paraíso de la lectura por el cual puedan deambular libremente y, como en aquel añorado jardín perdido, cojan de los estantes los volúmenes que les apetezcan. La labor de buscar sus propios libros, ordenar o desordenar los estantes y ver crecer la biblioteca a medida que ellos mismos crecen, creará en los niños un fuerte lazo de unión con sus libros. La idea de un pequeño que crece con su biblioteca es hermosa, e incluso mágica.

El siguiente paso consiste en inculcar el hábito. Algo que, como saben, no resulta fácil. Lo ideal sería comenzar por el principio, y la lectura en voz alta desde los primeros años constituye ese principio. No obstante, cualquier momento es bueno para empezar a leer y ese tipo de lectura familiar será siempre provechoso. No se preocupen si en los primeros momentos el juego y la distracción priman más que la lectura. Ronald Knox, el sacerdote británico converso, contaba que en su infancia su madre leía en voz alta a Stevenson y a Kipling mientras dejaba que él y sus hermanos jugasen libremente por la habitación. Knox pensaba que aquellas veladas habían sido una suave forma de infundirles el amor por la lectura.

A partir de ahí, es conveniente tratar de crear, poco a poco, un vínculo físico entre los niños y los libros, forzando suavemente momentos de lectura.

“¡Ding-dong, hora de lectura!”. Con esta cantinela me dirigía a mis hijas cuando empezaron a sostener por primera vez entre sus manos un libro, convocándolas a un rato de lectura en familia. Es útil reservar unos momentos de lectura familiar en los que lean todos, grandes y chicos, a ser posible en un mismo lugar, unos a la vista de los otros.

Otro momento mágico para aprender a amar los libros es la hora de acostarse. Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, disfrutábamos de un tiempo de lectura en la cama antes de apagarse la luz, algo que he tratado de transmitir a mis hijas. Su madre o yo entonábamos todas las noches el consabido: “¡Venga, niñas, que hay que dormir!” . Con frecuencia, una de las dos, o ambas, asomaban su cabeza tras la puerta y rogaba: “Por fa…, un minuto más… ¡Es que no puedo ‘parar’ ahora!”. Y así continúan hoy, de manera que sin ese rato de lectura dicen que no pueden dormir.

Tengo que confesar que nos costó trabajo crear este hábito, pero también que valió la pena, ¡vaya si valió la pena! Porque es importante que los niños lean. Pero también lo es que no lean cualquier cosa. Y para ello hace falta encontrar los “libros adecuados”, que decía C. S. Lewis. Así que la siguiente gran pregunta es: “Pero ¿qué libros leer?”. Espero que me acompañen en busca de la respuesta…

4 claves para crear hábitos de lectura

1. Ayuda a tus hijos a crear su propia biblioteca de modo que tengan a mano los libros que son suyos, los que más les gustan y que, a la vez, logren crear con ellos un vínculo físico.

2. Para inculcar el hábito de lectura, la lectura familiar en voz alta -aunque a veces no se queden quietos o parezca que no prestan atención- es muy provechosa.

3. Convoca ratos de lectura familiar en la que grandes y chicos lean a la vista los unos de los otros. Que leer juntos se convierta en un ritual, en una práctica compartida.

4. La lectura a la hora de irse a la cama es un momento mágico. Déjales encendida la luz durante unos minutos previamente pactados según su edad.

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