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La infertilidad, un problema creciente en la sociedad de hoy

En España casi el 20 por ciento de los matrimonios afronta problemas para poder tener hijos. En Occidente, donde menos niños nacen, es además donde más palpable y notorio es el aumento de la infertilidad, debido también en buena parte a elementos culturales y sociales.

Por Javier Lozano

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

La infertilidad es un problema creciente en todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en torno a uno de cada seis adultos experimentan infertilidad en algún momento de su etapa reproductiva. Tanto su prevalencia como sus causas varían de un lugar a otro del planeta. Por ejemplo, en España, entre el 15 y el 20 % de los matrimonios soporta problemas para poder tener hijos, lo cual genera gran sufrimiento y frustración en personas que desean dar vida, pero no pueden.

En una sociedad sin hijos como la española, el aumento de la infertilidad es un verdadero drama, pues impide a quienes quieren tener niños el poder realizar este anhelo tan profundo. Y a las causas naturales que han existido desde siempre se están uniendo otras culturales relacionadas con el estilo de vida que están agravando aún más este problema.

En los últimos años factores como el estrés, la mala alimentación, el sobrepeso o el sedentarismo han contribuido a aumentar la tasa de infertilidad en las sociedades occidentales.

Retraso de la maternidad

Sin embargo, el doctor Luis Chiva, director del Departamento de Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra, apunta para Misión una clave que está disparando los problemas para concebir:  “La causa más objetiva en el primer mundo es el retraso en la búsqueda del primer hijo, que viene de una confianza ciega en la posibilidad de conseguir un embarazo más adelante. A lo largo de la historia las personas han empezado a tener hijos muy pronto, cuando empezaban a ser fértiles. Ahora hay muchas más madres primerizas por encima de los 40 años que por debajo de los 24”.

De este modo, este experto advierte de que cuando muchas mujeres españolas toman la decisión de ser madres su reserva ovárica ya está disminuida, por lo que tendrán menos posibilidades de ser madres que sus abuelas. Por este motivo, el doctor Chiva señala que  “la infertilidad en la sociedad occidental está siendo más notoria y palpable”, aunque alerta que los patrones del primer mundo son ­copiados más adelante por los países con menos recursos.

Los estragos del estrés

Unido al retraso de la maternidad están también otros elementos culturales y sociales que afectan sensiblemente a la fertilidad. Se trata de los estilos de vida actuales. Entre ellos destaca el estrés y el ritmo vertiginoso en el que viven cada día millones de personas.

“El estrés afecta más que nunca a la fertilidad. La capacidad de reproducirnos es una función de lujo que sólo se da de un modo correcto cuando las circunstancias que rodean a la persona son propicias para que podamos tener descendencia”, señala el doctor Chiva.

Por todo ello, recalca que en situaciones de estrés severo, ya sea por trabajo, por alteraciones psicológicas o nutricionales, e incluso por ejercicio extremo, la capacidad de ovular, en el caso de las mujeres, se altera. Pero también afecta claramente a la fertilidad masculina. “Todos los aspectos relacionados con el estilo de vida que tienen que ver con hábitos tóxicos como el consumo excesivo de alcohol o tabaco, con alteraciones extremas de peso, con hábitos alimenticios inadecuados implican un riesgo incrementado de infertilidad”, agrega este experto. Y además añade un elemento más como gran factor de riesgo: la promiscuidad. Existe una asociación entre las infecciones de transmisión sexual y la infertilidad.

Problema no sólo femenino

A lo largo de la historia, la infertilidad se ha asociado principalmente a la mujer, y en un primer momento los esfuerzos de la ciencia se centraron más en ella. Pero la realidad, tal y como explica el doctor Chiva, es que cuando se analizan las causas “se aprecia que están bastante ­balanceadas y la infertilidad masculina y femenina están al 50 % del conjunto de las causas por las que no vienen los hijos”. Sin embargo, a diferencia de los hombres, cuyo periodo fértil es mucho mayor, en las mujeres empieza a disminuir lentamente a partir de los 25 años y marcadamente a partir de los 35.

En este sentido, este médico anima a vencer las corrientes actuales que empujan a retrasar la maternidad y la paternidad. Y además de cuidar unos buenos hábitos de vida, el doctor Chiva invita a descubrir la “realidad maravillosa” de la ventana de fertilidad.

“La mujer tiene una pequeña ventana de fertilidad cada mes cuando es fértil y esa ventana va desde un periodo corto de tiempo hasta un máximo de una semana. Es muy importante que la mujer desde el principio sea capaz de reconocer esa ventana que le puede facilitar la búsqueda y el encuentro del embarazo”, asegura.

Una ayuda natural y ética

Para afrontar un problema  que provoca grandes sufrimientos en muchos matrimonios sin acudir a atajos que atentan contra la ética, el doctor Luis Chiva habla de la “medicina restaurativa de la fertilidad”, que “es respetuosa con el embrión y con la relación sexual, y donde se subraya que un hijo no es un derecho, sino un regalo”. La clave, en su opinión, pasa por encontrar las causas que están generando la infertilidad para incrementar las posibilidades de que el matrimonio pueda tener un hijo, pero no a cualquier precio.

Uno de los ejemplos de esta medicina restaurativa es la Naprotecnología, gracias a la cual cientos de matrimonios han logrado concebir de manera natural y respetuosa con las relaciones conyugales. Y en caso de no lograrlo, la  mayoría ha podido conocer las causas de su infertilidad, lo que supone un descanso psicológico y emocional.

“Estoy convencido de que en la medida en que la ciencia vaya dando luz sobre los diversos aspectos de la reproducción será especialmente respetuosa con el embrión y la relación sexual”, agrega Chiva.

El peligro del camino más corto

Ante la dificultad de tener hijos, muchas personas son empujadas hacia la reproducción asistida, pero el doctor Luis Chiva alerta de que el peaje de esta técnica puede ser muy alto como consecuencia de la banalización de la procreación. Y recuerda las numerosas controversias éticas sobre el proceso de creación de la vida que se dan en la fecundación in vitro, donde el hijo no es llamado a la vida dentro de un acto de amor. Además, destaca que “en la mayoría de los casos se produce una poliovulación que es antinatural, del que se extraen múltiples óvulos que luego son obligados a fecundar cuando ellos jamás hubieran admitido a ese espermatozoide concreto. De hecho, se les obliga a ser fecundados mediante una microinyección, lo que se salta muchas barreras de seguridad, y además luego muchos son desechados”. Estas prácticas acarrean consigo que padres, y algunos muy mayores, tengan “hijos a la carta”, a lo que habría que sumar el mayor porcentaje de problemas médicos asociados a niños nacidos por fecundación in vitro y el desgaste psicológico y emocional que sufren muchos de los que optan por ella.

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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