Por Isabel Molina Estrada
¿Qué importancia tiene para usted su parentesco con los tres pastorcitos?
Jacinta: Aunque somos pecadores, tener santos en la familia significa que todos somos candidatos a santos. Soy sobrina nieta de santa Jacinta y san Francisco, y llevo también el apellido de sor Lucía. Tengo la gracia de ser pariente de tres santos, porque, aunque sor Lucía es sierva de Dios, para mí ya es santa. Y no fueron santos por ver a la Virgen, sino porque vivieron todo lo que Ella les pidió. Aprendieron el sentido del sacrificio y la necesidad de conversión. ¡Qué importante es su mensaje para el mundo de hoy!
Si tuviéramos que resumir este mensaje de Fátima en tres palabras, ¿cuáles serían?
Nuno: Las palabras centrales se resumen en la sigla COR (del latín, ‘corazón’). La C es la conversión, una invitación a vivir el Evangelio. La O significa ‘oración’, particularmente el rezo del Santo Rosario. La Virgen no pidió rezar la Lectio Divina o la Liturgia de las Horas, sino una oración “común”, que tanto los instruidos como los poco instruidos pudiesen rezar. Y la R es la reparación que el Ángel pidió, y en la que la Virgen insistió en Cova da Iria y en Pontevedra con la devoción de los Cinco Primeros Sábados.
¿Cómo podemos reparar?
Nuno: El padre Manuel Formigão, primer sacerdote que acreditó las apariciones, decía que “reparar es amar”. Podemos reparar con nuestro amor y entrega total de vida.
Se cumplen 100 años desde que la Virgen pidió los Cinco Primeros Sábados para reparar las ofensas a su Inmaculado Corazón. ¿Por qué practicar esta devoción?
Nuno: Porque contiene la gran promesa de Fátima. La Virgen dice a sor Lucía que Ella estará junto a las personas que vivan esta devoción en la hora de su muerte, dándoles todas las gracias necesarias para su salvación.
Jacinta: Nuno es enfermero, y en el hospital ha visto a personas –algunos de más de 90 años– llamando a su madre en el momento de la muerte: “Mamá, mamá”. Ante los grandes sufrimientos todos llamamos a nuestra madre. ¡Y qué mejor que tener a la Virgen al lado en ese momento!
¿Tenéis alguna anécdota que muestre que la Virgen cumple su promesa?
Nuno: Mis suegros, que practicaron esta devoción todos los sábados de su vida. Recuerdo que cuando mi suegro estaba agonizando, de repente miró hacia el infinito y nos dijo: “Estoy viendo a la Virgen”. Luego en su rostro se dibujó una sonrisa y al momento expiró. Algo similar le ocurrió a mi suegra.
¿Cuando ustedes eran pequeños se hablaba del mensaje de Fátima en sus familias?
Jacinta: Constantemente. A mí me crio mi abuela paterna, porque mis padres trabajaban. Ella y mi abuelo materno presenciaron el Milagro del Sol. Mi abuelo decía que aquel día no fue como se escribió: “El sol ha bailado en Cova da Iria”. Aquello no fue un baile bonito. Las personas pensaron que iban a morir. El sol se acercó muchísimo. La gente se arrodilló y comenzó a confesar sus pecados en alto para poder ir al Cielo. Mi abuelo recordaba haber escuchado la confesión de un hombre que clamaba: “Perdóname, Señor. He pecado contra Ti. He echado agua a la leche para vender más y que mis hijos no murieran de hambre”. Esos eran los pecados de esa época… Aquel testimonio marcó a mi abuelo. Él entendió que todos podemos distinguir entre el bien y el mal, y podemos elegir (o no) pedir perdón a Dios.
“Los pastorcitos no fueron santos por haber visto a la Virgen, sino porque vivieron todo lo que Ella les pidió”
¿Su abuela qué relataba de ese día?
Jacinta: Mi abuela tenía una fe recia, al igual que mis padres. Con ella aprendí a rezar y ella fue mi primera catequista. Una noche me dijo: “Jacinta, ¿tú me crees? Algunos no creen, pero te voy a contar algo: el día del Milagro del Sol yo vi a la Virgen”. Luego me juntó las manos así (como en oración) por encima de las mías, que eran pequeñas, y me dijo: “Yo vi a la Virgen así, con las manos unidas, en una nube y con el Rosario puesto. Luego la vi desparecer en el cielo”.
Usted acaba de pasar por un cáncer. ¿Tuvo presente a santa Jacinta durante su enfermedad?
Jacinta: La tuve presente todo el tiempo. A ella la Virgen le preguntó: “¿Quieres aceptar este sufrimiento para ayudarme a salvar almas del infierno?”. Y ella, que había visto el infierno al igual que los demás pastorcitos porque la Virgen se los había mostrado, dijo: “Sí”. Y calladita lo aceptó. Así que rechacé vivir mi enfermedad como un drama. Entendí que era la forma que Dios había encontrado para permitirme vivir parte de mi purgatorio en la tierra.
Nuno, ¿en su familia también se vivía el mensaje de Fátima?
Nuno: Soy el menor de 12 hijos, y todos los días rezábamos el Rosario antes de acostarnos. Mi escuela fue la Virgen a través del Rosario.
¿Ustedes cómo se conocieron?
Nuno: En la universidad. Fuimos los mejores amigos durante ocho años, luego nos enamoramos, nos casamos, y nuestro matrimonio ha sido de la Virgen. Ella nos unió.

¿Cómo comenzasteis a profundizar en el mensaje de Fátima?
Jacinta: Antes de conocernos yo había profundizado poco, pero cuando Nuno entró al movimiento Mensaje de Fátima, comenzó a leer para preparar las actividades que hacían por todo Portugal.Yo iba asimilando lo que él me contaba, y lo enlacé con lo que me habían contado mi abuela y mi madre.
¿En qué se traduce la entrega de vuestro matrimonio a la Virgen?
Nuno: Pertenecemos a Peregrinos de la Eucaristía, un movimiento eucarístico y mariano que nació en Colombia con la Virgen de Fátima. Vemos que nuestra misión como matrimonio es ser testigos de cómo vivir el matrimonio cristiano, porque hoy la familia está muy amenazada. Además, como católicos que viven en Fátima, nos dedicamos a acoger a los peregrinos para que aquí puedan sentirse dentro del corazón de la Virgen, porque Ella dijo: “Mi Corazón es el refugio y el camino hacia Dios”.
“Nuestra misión como matrimonio es ser testigos de cómo vivir el matrimonio cristiano, porque hoy la familia está muy amenazada”
Jacinta: Además, en el hotel hacemos las camas, la comida… Somos las manos de la Virgen a través de estos trabajos. Ella hace el trabajo principal porque trae a los peregrinos, y nosotros hacemos el resto para que los peregrinos se sientan aquí como en la casa de la Madre.
¿Conviene atender la petición de la Virgen de consagrarse a Ella?
Nuno: Sin duda. En la aparición de julio de 1917, Ella pidió la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Sabía que el comunismo amenazaba al cristianismo. Pero, además, quería que cada uno de nosotros se consagrara porque quiere hacer su obra a través de nosotros. Además de la consagración personal, nosotros decidimos consagrarle nuestros hoteles. Ella es nuestra patrona y nuestra Reina.
“Ella hace el trabajo principal: trae a los peregrinos. Nosotros hacemos el resto para que los peregrinos se sientan aquí como en la casa de la Madre”
Ustedes le dan una un tratamiento especial a los sacerdotes en sus hoteles. ¿Por qué?
Jacinta: Mi madre decía: “Jacinta: no te puedes olvidar nunca de rezar por los sacerdotes”. En el hotel Santo Amaro una forma de rezar por ellos es acogerlos y hacerlos sentir como los hijos predilectos de la Virgen que son. ¡Son las personas más importantes que tenemos porque Jesús se hace presente entre nosotros a través de ellos!
¿Cómo vivir bien una peregrinación a Fátima?
Nuno: San Juan Pablo II decía que los santuarios marianos son antenas que nos ligan al Cielo. Y sor Lucía afirmaba que las personas vienen a Fátima para conocer a la Virgen y escucharla; quieren saber lo que la Virgen espera de ellos y hacerle la pregunta: “Madre, ¿qué quieres de mí?”. Esta es la pregunta que todos los peregrinos, al venir a Fátima, tendrían que hacerse.
“‘¿Qué quieres de mí?’ Esta es la pregunta que todo peregrino que viene a Fátima tendría que hacerse”

DOS JACINTAS UNIDAS PARA SALVAR ALMAS
Lleva el mismo nombre que Jacinta Marto porque antes de nacer el médico le había advertido a su madre de que no podía tener más hijos: “¡Ni se le ocurra volver aquí embarazada”, le dijo. Había pasado partos muy difíciles y tenía tres niñas. “Cuando se quedó embarazada conmigo pasó los nueve meses llorando, pues pensaba que iba a morir. Así que le prometió a la Virgen que si vivía y tenía una niña, se llamaría Jacinta, y si tenía un niño, se llamaría Francisco. Y nací yo”, relata Jacinta Marto dos Santos. Ella cuenta que en estos últimos meses en los que ha atravesado un cáncer, su relación con santa Jacinta ha crecido en hondura y cercanía. “¡La he tenido muy presente pues tuve que marcharme a Lisboa, al igual que ella, para ser tratada! Santa Jacinta sufría de pleuresía, yo sólo de un cáncer… Ella fue operada casi sin anestesia, ¡hizo un acto heroico para salvar almas del infierno! Yo sólo tuve que ser operada, y tuve anestesia, pero también ofrecí todo por la salvación de mis hijos espirituales, ya que Dios no me dio hijos carnales, para que vean la Verdad, que es Jesucristo, y se sepan amados por Él”.





