La Tierra de Moisés y de Elías es un lugar donde conocer fascinantes rincones llenos de historia, de belleza y de profunda espiritualidad. Misión ha tenido la oportunidad de peregrinar a Jordania de la mano de Viajes El Corte Inglés, y descubrir un destino inigualable para sumergirnos en las raíces más hondas de nuestra fe.

Por Marta Peñalver desde Jordania

Fotografía: Álvaro Navarrete

La Rae define “peregrinar” como “andar por tierras extrañas”. Sin embargo, quien ha tenido el privilegio de peregrinar por tierras del Antiguo Testamento sabe que los cristianos podemos considerarlas de todo, menos “extrañas”.
Hablamos de la tierra de los patriarcas, de Moisés, del profeta Elías, de Lot, de Juan el Bautista y de tantos otros que precedieron a Jesús.
Un lugar que hoy se enmarca en el mapa de Jordania y que Misión ha recorrido junto a un reducido grupo de sacerdotes y seglares españoles.
Hemos podido conocer rincones que apenas ha pisado el hombre, celebrar la Santa Misa en enclaves descritos en la Escritura y orar con las comunidades cristianas que pueblan la zona y que son cada vez más reducidas.
  • El Río Jordán a su paso por el lugar del Bautismo del Señor. Misa en una Jaima en el desierto de Wadi Run. Restos de la ciudad romana de Gerasa
Entre las decenas de lugares considerados santos que se encuentran en Jordania. Uno de los más impactantes para los peregrinos es el Monte Nebo, el lugar desde donde Dios mostró a Moisés la Tierra Prometida. Desde su imponente cima se pueden vislumbrar Belén, Jerusalén o Jericó.
En este monte se alza una espectacular basílica consagrada al libertador del pueblo de Israel y que custodian los franciscanos. Francisco Cañestro, sacerdote y peregrino, asegura que visitar enclaves como este “te hace sentir una emoción interior difícilmente descriptible porque es una perfecta inmersión en el Antiguo Testamento”.
Otros de los personajes bíblicos que recorrieron hace miles de años estas tierras fueron Lot, sobrino de Abrahán y de quien descienden los moabitas y los amonitas. Ruth, la abuela del Rey David y, por tanto, antepasado directo de Jesús. O Jacob, a quien Yaveh renombró Israel en Jaboc, al norte del país.
Si hablamos de la Jordania bíblica no podemos pasar por alto que seis de las diez ciudades que formaban parte de la Decápolis romana se encuentran en territorio jordano.
Pasear por las calzadas excepcionalmente conservadas de la impresionante ciudad romana de Gerasa (Jerash), admirar las ruinas de Pella (Tabaqat Fahl) donde huyeron los primeros cristianos en el siglo I. O revivir en Gadara (Umm Qais) el Evangelio en el que Jesús salva a un hombre que está endemoniado son otras de las vivencias más sobrecogedoras de la peregrinación.
  • Unos camellos descansan en el desierto
Tras las huellas de Jesús
A pesar de ser considerada la tierra del Antiguo Testamento por excelencia, también transcurrieron allí muchos episodios de la vida de Jesús. La tradición milenaria afirma que Juan el Bautista bautizó a Jesús en lo que llamaban Betania al otro lado del Jordán, hoy en día territorio jordano.
Renovar las promesas bautismales en el lugar donde el Espíritu Santo se posó sobre Jesús es una experiencia inolvidable. El mismo Juan el Bautista estuvo preso y fue decapitado en Maqueronte, una fortaleza de la que apenas quedan unas columnas y que está situada en la antigua región de Moab.
¡Un marco incomparable
Además del interés religioso de la región, Jordania es un enclave geográfico, cultural e histórico excepcional. Su deliciosa comida, la amabilidad de su gente y un enclave privilegiado convierten la peregrinación en un viaje de diez.
Atractivos únicos como flotar en el Mar Muerto, la puesta de sol en la extraordinaria ciudad de Petra o la inmensidad del desierto del sur del país lo convierten en un destino más que recomendable.
Una tierra santa
A 30 km al sur de Amán, la capital, se encuentra Madaba, la ciudad cristiana por excelencia. Allí, la Iglesia de San Jorge alberga el mapa más antiguo que se conserva de Tierra Santa. Un espectacular mosaico que data del siglo XI, y que fue descubierto en el siglo XIX.
Para Nabil Sunna, guía cristiano de Jordania y uno de los mayores conocedores de la Jordania bíblica, “el hecho de que los cuatro últimos Papas hayan visitado esta tierra es la confirmación de que somos Tierra Santa”.
Jordania es un lugar para peregrinar, para vivir una experiencia de fe única. Un lugar para rezar, para aprender y comprender, pero, por encima de todo, un enclave único para ahondar en las raíces más profundas de nuestra fe.

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