Sus dos últimos largometrajes rompieron todos los tópicos sobre la industria audiovisual. Tanto La última cima (2010) como Mary’s Land (2013), respectivamente, fueron las cintas con más espectadores por copia exhibida en salas comerciales españolas, y ambas se han estrenado en más de veinte países. Un caso, cuando menos, llamativo, ya que la temática principal de sus trabajos es la acción de Dios en el mundo de hoy. A Él está dedicada la productora fundada por Cotelo: Infinito más uno.

Por Jesús García-Colomer
Fotografía: Alexis Martínez

¿Desde pequeño le gustaba el cine?
Como aficionado, pero no como profesión. Mi padre fundó el primer estudio de sonorización y doblaje de España, pero nunca me sentí llamado a trabajar en él. Era una labor técnica, y yo era más de contar historias.
Estudió Periodismo, ¿cómo fue su transición de las noticias al cine?
Mi trayecto profesional y mi curriculum han ido tomando forma más por los trabajos que he ido dejando que por los que he mantenido. Al acabar la carrera, empecé a trabajar en una agencia de noticias. Allí conocí el mundo audiovisual y pensé que aquello era lo mío, pero me di cuenta de una cosa: que aunque parezca mentira, no podía contar las historias que yo quería contar. Si ves un telediario de hace 25 años y otro actual, verás que las noticias son iguales. Para mí era frustrante. Yo tenía claro que quería contar historias, pero no las que contaba todo el mundo.
¿Pensaba ya en historias sobre Dios?
Ni se me pasaba por la cabeza. Eso fue años después. Empecé a trabajar también delante de las cámaras, como actor, y cinco años después escribí y dirigí mi primera película.
Actuó en series españolas como Los Serrano y Compañeros. ¿Cómo fue la experiencia?
Muy buena. Disfruté y aprendí mucho, a parte de que me encanta ser actor. Sin embargo, no me conformo con actuar y pasarlo bien. Necesito que la historia que se cuenta sea enriquecedora a un nivel superior al puro entretenimiento, y sentía que necesitaba “algo más” que nunca llegaba.
¿Cómo llegó?
Tenía 39 años cuando un señor de Valen­cia me encargó hacer un documental sobre mártires valencianos del siglo xx. Cuando me lo propuso, intenté convencerle de que eso era un fracaso asegurado, de que a nadie le interesaría un documental así.
¿Lo hizo?
Sí, y aquello supuso el inicio del cambio en mi vida de fe.
¿Pero ya tenía fe?
A mí la fe me viene de cuna. Mis padres ya rezaron por mí antes de nacer. La piedad siempre fue una práctica normal en mi casa y en mi vida. Nunca me costó ir a Misa, nunca me costó rezar. Llegué a ser lo que podría decirse un católico satisfecho con su estado de fe, que es lo más peligroso que le puede pasar a un cristiano. Era un teórico de la fe.
¿Qué pasó con ese documental?
Este hombre me dejó un par de libros de mártires. A los veinte minutos de empezar a leer uno de ellos, estaba fuertemente impactado, y me dije: “¡Esto es una bomba! ¡Hay que contarlo!”. Yo estaba acostumbrado a leer otro tipo de libros espirituales, pero aquello eran testimonios de personas que no contaban nada sobre cómo vivir la fe, sino que la hicieron vida. Una vez que enseñé el documental a amigos míos que no tenían fe o que no la entendían, y vi su reacción, me di cuenta de que a eso era a lo que me quería dedicar toda mi vida.
¿Hay espacio para Dios en cine o televisión?
¡Sin duda! El público quiere ver a Dios, y si no lo ven, es porque nadie se lo ha dado. ¿Dónde está el público? Frente al televisor, en las salas de cine, viendo lo que le pongan. Esto que digo ahora, se ha confirmado con el tiempo a través de la productora Infinito más uno. No te imaginas cuántos que se presentan como ateos o agnósticos nos agradecen nuestro trabajo.
¿Fue después de hacer ese documental sobre los mártires cuando se fundó Infinito más uno?
No fue tan sencillo. Yo tenía la idea muy clara, pero no tenía compañeros de viaje. Encontré muchas personas que aplaudían la idea, pero que no estaban dispuestas a arriesgar un céntimo por ello, ni tampoco su imagen. Me propusieron muchas veces hablar de “valores cristianos”, pero me recomendaron no hablar de Dios. Tenían pánico a hablar de Dios directamente. Se sentían más cómodos hablando de humanismo cristiano, cristianismo, amor, paz, familia… Pero sin mencionar expresamente a Dios. Finalmente, Dios fue muy explícito conmigo.
¿De qué modo?
Lo empecé a escuchar. Me di cuenta de que yo, que tenía fe, no estaba educado para escuchar a Dios, y sí para hablarle y pedirle. Tenemos que escuchar a Dios, porque Él no para de hablar. Mi relación con Él había sido siempre una especie de monólogo. Pero un día me di cuenta de que lo que Dios me pedía no era encontrar a la persona que pusiese en marcha esta empresa, sino que la pusiese en marcha yo. En ese momento dejé mi trabajo de profesor en la Universidad y decidí dedicarme únicamente a esto. Quería meter a Dios en las salas de cine.
¿Fundó usted solo la empresa?
Sí. Me fui una mañana a ver a un notario y le dije que quería un CIF para una empresa. “¿Cuál es el nombre?”, me preguntó, y le dije: “Infinito más uno”. No tenía plan de negocio, ni diseño empresarial, ni logotipo, ni proyectos, ni nada. Pero fue dar ese paso de confianza en Dios y comenzaron a aparecer las personas que necesitaba en cada momento.
Cualquier consultor le diría que estaba abocado al fracaso…
Bueno, eso podía parecer, pero el fracaso real es no cumplir la voluntad de Dios. Yo la conocía desde hacía muchos años atrás, pero como te digo, dejaba pasar aquello. Con el tiempo he ido aprendiendo que Dios trabaja con todos, pero algunos aceptan dejarse servir por Dios, y otros no. La invitación es universal.
Después llegó el éxito de La última cima.
Yo tenía otro proyecto. Quería contar la historia de un boxeador converso, pero ganaron las ideas de Dios y no la mía. Más que éxito, La última cima fue, para mí y para los que confiaron en lo que yo decía, una confirmación de que esto es verdad, de que Dios cuenta con nosotros. Contigo, conmigo. No de forma retórica, sino auténtica, y además cuenta con nosotros para cosas grandes. Una lección que he aprendido es que si trabajas en Dios, no debes sorprendente de nada, todo puede pasar. Y al mismo tiempo, cuando las cosas parezcan torcerse, no pierdas la calma. Es Dios el que lleva tu vida.
¿Por qué luego Mary’s Land?
Fue idea de Dios. Yo quería hacer el documental sobre el boxeador, pero fui a Medjugorje y me di cuenta de que Dios me estaba hablando de nuevo. Me decía: “No, el boxeador no. Mi Madre”. Entonces hicimos Mary’s Land.
Habla de escuchar la voz de Dios como si tal cosa…
Si haces oración y abres los oídos del corazón, podrás oír como te susurra.
¿Qué veremos próximamente?
Tenemos muchos proyectos, y todos me parecen importantes y urgentes. Quisiera hacerlos todos. Al final, es Dios mismo quien va marcando el ritmo.

 

 

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