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Nartex

La Virgen María de Sorolla

A simple vista esta “Virgen María” no parece de Sorolla. Sin embargo, se trata de una pintura de carácter solemne y a la vez doméstico que “el pintor de la luz” elaboró en su primera etapa para ser custodiada en un dormitorio.

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Por Patricia Barrero
Asociación Nártex

Artículo publicado en la edición número 69 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

I CENTENARIO DE LA MUERTE DE JOAQUÍN SOROLLA

Con motivo del centenario de la muerte de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923), numerosas instituciones se han volcado para dar a conocer la obra de uno de los grandes maestros de la pintura española de finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, conocido como “el pintor de la luz”. Menos conocida es la producción pictórica de su primera etapa en la que elaboró numerosas obras de costumbrismo religioso, otras de carácter historicista y también devocionales influidas por el Barroco, como esta imagen de la Virgen, realizada entre los años 1884 y 1887 durante su pensionado en Roma, que hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes de Valencia. 

Sorolla fue un gran devoto de la Virgen de los Desamparados, patrona de Valencia. Hay constancia de esta devoción en su correspondencia como, por ejemplo, en la intercambiada con su amigo Pedro Gil de Mora, quien le había consultado si podría realizar el  “medio pinto”  del camarín de la Virgen en Valencia, y Sorolla le responde:  “Encantado, y con un placer grande todo cuanto sea para mi adorada Virgen de los Desamparados. Confieso que en mi amor por Ella hay ya casi una exageración […], pero sin ella la vida me sería muchas veces insoportable”.

Este óleo sobre lienzo se enmarca dentro de un tipo de obras que comenzaron a proliferar en la pintura española a principios de la década de 1890, inspiradas en modelos italianos.
HUMILDAD

Joaquín Sorolla representa a una mujer joven, con atención y sentimientos dirigidos hacia lo más íntimo de su alma, quien reza humildemente cruzando los brazos. Nuestra Madre embarazada, con gran detallismo en su rostro, capta nuestra atención. Así, Sorolla nos traslada a la propia intimidad de la Virgen y nos conmueve con su modestia contenida e íntima. En Ella, el brillo de la unión con Dios y el resplandor del amor divino se manifiestan en forma de humildad, la cual es el reflejo vivo de su entrega total a la voluntad del Altísimo.

SANTIDAD

La imagen cuenta con un nimbo esférico que rodea su cabeza. Ella es la nueva Eva, “la llena de gracia”, la que dio su “Sí” cuando fue llamada a ser Madre de Jesús y de su esposa, la Iglesia. 

JUVENTUD

En esta obra se representa con mucha fuerza ese “Hágase” de María, quien a pesar de su temprana edad mostró su confianza total en el Señor. Siguiendo la tradición familiar, el pintor escogió como modelo a su propia hermana, Concha Sorolla, quien por entonces era una veinteañera. Está claro que Sorolla al imaginar a la Virgen seguramente pensaba en Ella como dulce y joven, con un rostro gentil, pensativo y tierno, como seguramente la imaginamos también nosotros.

Artículo publicado en la edición número 69 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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