Por Isabel Fernández Abad
A la muerte de su esposa Alma, con la que tuvo ocho hijos, Carl Bloch quedó sumido en una profunda tristeza. Durante este duelo experimentó una profunda transformación que le hizo centrarse en su obra religiosa, abandonando otros temas más costumbristas. Es entonces cuando pinta su más famosa serie de escenas de la vida de Cristo. Veintitrés de ellas adornan la capilla del palacio Frederiksborg en Hillerød, Dinamarca, todas frecuentemente utilizadas para ilustraciones de los evangelios. Una de ellas es Las negaciones de Pedro.
- Patio del sumo sacerdote. El artista nos sitúa en un marco arquitectónico clásico, un lugar lo suficientemente sencillo como para que nos resulte familiar, un recurso para colocarnos en la piel de Pedro. Es también un lugar en la morada de nuestro corazón, donde muchas veces, apesadumbrados y avergonzados, nos cuesta mirar a Cristo.
- Brasas encendidas. Los criados se calentaban junta a unas brasas y Pedro estaba con ellos cuando por tercera vez lo reconocieron. A la derecha una de las criadas le señala con el dedo y Pedro parece sentirse desnudo, descubierto por aquella certera acusación.
- El último canto del gallo. Tres gallos aparecen en la escalera, seguramente de aquellos que vendían en las inmediaciones del templo. Pedro recordaría entonces las palabras del Maestro: “Antes de que cante el gallo…”. Era su tercera negación. Su corazón traspasado desfallece y parece transformado en esas brasas. Avergonzado, no es capaz de levantar la mirada.
- Pero tú eres Pedro. Empujado por una muchedumbre, Jesús es conducido a presencia del sumo sacerdote. En medio de la marabunta se gira y mira directamente a Pedro, que, encerrado de su dolor y vergüenza, no es capaz de levantar la mirada. Sin embargo, Jesús está ahí como si dijera: “ Tú eres Pedro, y sigues siendo Pedro y a pesar de tu debilidad mi Iglesia será sobre ti construida”.
- Simón, ¿me amas? Jesús no cesará en su empeño de buscarle. De nuevo en Galilea, en una de sus apariciones, vuelve a regalarle esa mirada y le pregunta hasta tres veces si le ama, en una clarísima alusión a este pasaje. Sólo este Dios hecho hombre es tan grande que puede sanar el corazón roto de Pedro, que amará después hasta entregar su vida a imagen de su Maestro.
Artículo publicado en la edición número 75 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





