La revista más leída por las familias católicas de España

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Imaginación

Cómo fomentar una sana imaginación en los niños a través de la lectura

Cultivar una sana imaginación en nuestros hijos les ayudará a crecer en la virtud. Y para ello no hay nada mejor que los cuentos y aventuras que ofrecen los clásicos.

Por Miguel Sanmartín Fenollera

Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Vivimos en medio de un complejo universo. Un inmenso mundo que percibimos a través de nuestros sentidos, mediante un tipo de conocimiento objetivo, concreto y específico. Sin embargo, en nuestra relación cotidiana con ese mundo, hacemos uso también de otro modo de conocer, de un algo misterioso que traemos de fábrica, y que llamamos imaginación. Se trata de una facultad del alma por medio de la cual formamos imágenes mentales, o fantasmas –como diría santo Tomás–, de lo que sea hayamos percibido.

Como por arte de magia, mediante su ejercicio podemos traer al presente una imagen de algo vivido en el pasado, e incluso imaginar cosas que en realidad no hemos experimentado, aunque siempre estarán compuestas de retazos de percepciones previas. Esto da a la imaginación un carácter subjetivo y creativo, que la distingue de la objetividad de la experiencia sensorial.

Atracción hacia la belleza

Todos vivimos en el mismo mundo, pero cada uno tiene su propia imaginación. Y así, nuestra vida es un constante discurrir entre lo percibido y lo imaginado. Existimos aquí y ahora, pero también allí y entonces, en otro lugar y en otro momento, en el mundo de nuestra imaginación. De ahí su importancia. Tanto es así que, de cómo sea ese otro mundo imaginario en el que vivimos dependerá, en gran parte, tanto nuestra formación como personas, como la condición de nuestra misma existencia. Chesterton lo lleva hasta el extremo de afirmar que  “no podemos crear nada bueno hasta que lo hayamos imaginado”. Hemos de tratar de cultivar, en nosotros y en nuestros hijos, una sana imaginación. Y digo sana, porque esta podrá ser buena y hermosa si es alimentada convenientemente de cosas buenas, hermosas y verdaderas, pero podrá volverse mala, pobre y perniciosa si esa alimentación es dañina. Y ello adquiere un relieve extraordinario en el caso de los niños.

Ya Platón y Aristóteles pensaban que, dado que los más pequeños viven casi totalmente en un mundo imaginario, una de las funciones de la educación debería ser el dar a su imaginación el conveniente alimento. Pero ¿cómo? Según ellos, atrayendo a los niños hacia lo verdadero y lo bueno por medio de la belleza; la música y la literatura son el cauce adecuado para esa formación inicial en la virtud, en la que el cultivo de la imaginación jugaba un papel crucial. No es un mal consejo. Como padres, no solo deberemos preocuparnos de nutrir el cuerpo de nuestros hijos, sino también su espíritu. 

Es urgente rescatar a la imaginación del estado maltrecho en el que hoy se encuentra. Y para ello, no es mala idea seguir el consejo de los clásicos, y comenzar a cultivarla sanamente,con cuentos, rimas y canciones, con leyendas, aventuras y romances clásicos. 

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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