Conoce la Biblia, te va la vida en ello

Es el libro más impreso y leído de la historia, y también el que se ha traducido a más idiomas. Pero la Biblia no es una novela ni un ensayo, es algo muchísimo más grande que puede cambiar vidas. Varios expertos nos explican cómo leerla bien y obtener de ella sus inmensas gracias.

Por Javier Lozano

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

“Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”, avisaba ya san Jerónimo en el siglo IV para advertir de la importancia de la Biblia para la vida del cristiano. De este convencimiento acabaría surgiendo de sus manos la Vulgata, la traducción que acabaría universalizando la lectura de la Palabra de Dios por todo el orbe.

La Biblia es un texto vivo que habla al que la lee, que puede iluminar y cambiar su vida. San Juan Pablo II exhortaba vivamente a acercarse a ella recordando su eficacia para saciar en todo hombre su sed de amor y libertad.

Germán García Velutini, banquero venezolano que fue secuestrado en 2009, es un claro ejemplo del poder real de las Sagradas Escrituras. Estuvo 11 meses retenido en condiciones infrahumanas y sin poder hablar con nadie. Una sola cosa pidió: una Biblia. Y se la concedieron. “Nunca imaginé en ese momento la maravilla que para mí iba a ser pasar esos meses escuchando a Nuestro Señor”, contaría más tarde en su libro Dios en mi secuestro (Distribuidora Estudio CA, 2012). Este contacto diario con la Palabra fue transformándole. 

“El solo hecho de abrir las Escrituras encierra en sí mismo un poder inmenso”

P. Francesco Voltaggio

Cuando decidieron liberarlo, los secuestradores le entregaron una nota de aviso: “Nada de venganzas ni persecuciones”. La respuesta de Germán vino marcada por su experiencia con la Biblia. Les devolvió el papel con una cita del Evangelio: “Pero yo os digo, amad a vuestros enemigos, orad por los que os persiguen”. Al leerlo, el secuestrador se acercó hasta él y le abrazo.

Sin miedo ni prejuicios

Existen muchas formas de conocer las Escrituras. Hay católicos que la leen en casa, pero también quienes participan en grupos de estudio bíblico. Además, existen ya numerosas aplicaciones para móviles que permiten disfrutar de ellas en cualquier lugar. Es más fácil que nunca poder acceder a la Biblia. Sin embargo, muchos creyentes aún no la conocen ni son conscientes de las gracias que se están perdiendo.

El sacerdote Francesco Voltaggio, doctor en Arqueología Bíblica, advierte de que “para nadar en el mar ilimitado y maravilloso de la Biblia hay que bucear”. Hay que lanzarse a sus páginas sin miedo. “No os desaniméis si no entendéis mucho al principio, es normal, la Palabra de Dios nos supera, y por eso lo más importante es buscar en la Iglesia un camino de fe e iniciación en las Escrituras”, explica este misionero en Tierra Santa a Misión.

Por ello, recomienda leerla “en cualquier momento, tanto como sea posible”, y si es a diario mejor, sabiendo que “el solo hecho de poseer y abrir las Escrituras encierra en sí mismo un poder inmenso” para lograr discernimiento y luchar contra el pecado.
En este aspecto, el padre Voltaggio incide en la gran diferencia que existe entre la Biblia y cualquier otro libro, y que es la relación indisoluble que se da en sus páginas entre la historia de lo que en ella se cuenta y el Kerigma: todo el que la lee y la escucha conoce la noticia más grande que puede recibir jamás: el anuncio de la salvación.

Un elemento que ayudará al que se acerque a la Biblia es conocer la “geografía de la salvación”: el lugar y el tiempo en el que se produjeron y escribieron sus relatos. Por eso Voltaggio recomienda al lector que “preste atención a sus aspectos históricos, culturales, lingüísticos, sociales y religiosos”. 

Respuesta a los desafíos

La Escritura da respuestas a los desafíos de hoy al igual que auxilió hace siglos a los cristianos frente a las tesituras de su tiempo. Ángel Barahona, director de Formación Humanística de la Universidad Francisco de Vitoria, cuenta a Misión que quien lee las Escrituras bajo este prisma puede verse reflejado “en cada pasaje y en cada relato” y hallar en él una luz a sus problemas, sufrimientos e inquietudes del día a día.

Para poder obtener estas gracias es necesario enfrentarse a su lectura con una adecuada disposición interior: con humildad. Advierte de que “comprender la misericordia que rebosa en cada página es imposible sin el conocimiento humilde de uno mismo”. Solo así uno puede sentirse reflejado en los personajes cuyas historias llenan las Escrituras.

“Las pautas que da la Biblia no pasan de moda, se actualizan porque son la revelación de Dios al hombre”

Ángel Barahona

Del mismo modo, Barahona re­cuer­da que la Biblia “no es una narrativa para ser interpretada libremente, ni un relato acomodable al modo en que cada uno entiende la vida”. Por eso recomienda contar con un “acompañamiento” en este proceso. La Iglesia –advierte– es el entorno adecuado para que “reunida invoque al Espíritu Santo en sus celebraciones, y que, a través de la tradición recogida en la historia de la Iglesia, nos la dé masticada y vivida”.

Leer la Biblia es, por tanto, una escuela de vida. “En cada uno de sus pasajes o personajes cualquiera puede encontrar inspiración y respuestas para prepararse al matrimonio, al noviazgo… Y también a la vida familiar, laboral y social. Sus pautas nunca pasarán de moda. Se actualizan permanentemente porque son la revelación de Dios al hombre para que nuestro éxodo terrestre termine en el cielo”, concluye Barahona.

5 consejos para leer la Biblia

Fray Nelson Medina, dominico conocido por sus vídeos de YouTube, ofrece unos consejos para aprovechar los frutos que pueden emanar de la lectura de la Biblia. 

1. Comienza con una breve oración. Que la oración preceda, acompañe y sirva de sello a toda lectura de la Biblia. Especialmente provechosa es la oración al Espíritu Santo antes de comenzar. San Juan Pablo II rezaba diariamente: “Ven, Espíritu Creador…”.

2. Recuerda su propósito. El principal motivo por el cual fue entregada al hombre fue para su salvación. Hay que acercarse a ella con el espíritu de dejar que su lectura nos guíe en el camino hacia Dios. ¡Cuán diferente hubiera sido la vida de la Iglesia si san Antonio, padre del monasticismo, no hubiera quedado conmovido tras leer el pasaje del mandato al joven rico: “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres, ven y sígueme”.

3. Léela a la luz de las enseñanzas de la Iglesia. La Biblia es alimento espiritual para toda la Iglesia, que es a su vez custodia y maestra. No se puede pretender imponer una interpretación personal de las Escrituras. En este aspecto, la unidad de la Iglesia Católica contrasta con la división en miles de grupos protestantes por obviar esta condición.

4. Ten un plan de lectura. El contacto asiduo con la Palabra es un elemento enriquecedor para el alma. Es fundamental tener un ritmo periódico, ya sea todos los días o todas las semanas, mejor que un solo atracón para luego dejar a un lado la Escritura.

5. No temas obedecer a la Palabra. Mantén una actitud de docilidad y una clara intención de llevar a la práctica lo que se lee y se reza. Un espíritu dócil considera lo que le sugiere la Palabra, aunque no necesariamente le guste.

Encuentra la Biblia leída por Fray Nelson Medina en este link: https://fraynelson.com/blog/365-dias-para-la-biblia/

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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