Los tíos solteros: un bien para las familias

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Tíos solteros

La soltería no es un estado de vida estéril y menos aún cuando se tienen sobrinos. Los tíos solteros pueden ser unos aliados perfectos en la educación de sus sobrinos, además de mediadores en las relaciones familiares.

Por Begoña Aragoneses
Si bien es cierto que hay quienes eligen no casarse  “para poder cuidar a sus padres, o sus hermanos y hermanas”  o por algún otro  “motivo digno”, tal y como explica el Catecismo (CCE 2231), la soltería es una etapa transitoria que supone un discernimiento de la propia vocación. Pero, mientras dura este estado, se le puede sacar bastante jugo estando disponible para los demás.
Si tienen sobrinos, los tíos solteros pueden hacer mucho por ellos: desde llevarlos de museos o a una cita médica, compartir sus aficiones, o ayudarles en sus deberes. El psicólogo Sergio García explica que pueden incluso ser mediadores entre los miembros de la familia: padres, hermanos y sobrinos.
Con los padres, en concreto, juegan un rol importante para ayudarles a flexibilizar las normas que dictan a sus hijos. No se trata de suplantarles, sino de servirles de  “sostén para reforzar el cumplimiento de esas normas, sin ser estrictos”. En este sentido,  “los tíos deben ir un paso por detrás de los padres para ser esa figura que representa flexibilidad y cercanía en las relaciones familiares” , añade.

“Una de las tareas más difíciles en esta etapa es asimilar y adecuar gradualmente la propia vida a la vocación recibida”

La excepción viene de la mano de la confianza que tengan con sus hermanos :  “Cuando hay buena relación, pueden decir ciertas cosas. Y, en caso de dar algún consejo, siempre se hará con educación y respeto, por supuesto, sabiendo si el hermano lo tolera bien”. De todos modos, lo importante es que los tíos logren contribuir a la vida de sus sobrinos y, a su vez, que los sobrinos se beneficien de su presencia.
Un camino propio
Cuando los tíos son solteros, quizás exista la inclinación natural de volcar todo el afecto que quisieran dar a unos hijos en los sobrinos. En estos casos, García explica que esto puede llevar a una afectividad desmedida. Por eso el tío o la tía solteros han de buscar su propio camino de entrega. Y aunque la espera hasta que lleguen sus propios hijos se haga larga, hay que evitar a toda costa que este tiempo sea  “estéril”.
Carmen Álvarez, experta en Teología del Cuerpo, explica que “la soltería es un estado civil, no un estado eclesial, que coincide con una etapa de la vida cristiana de búsqueda y de discernimiento de la propia vocación”. Cuando ese proceso de discernimiento se concreta en una vocación, será el momento de vivir de acuerdo a esa vocación: “No puede seguir viviendo anclado en la fase anterior”.
En este sentido, Álvarez explica que “esta es una de las tareas más difíciles durante esta etapa: asimilar y adecuar gradualmente la propia vida a la vocación que se ha recibido y que se ha asumido. Hay que entrar en el matrimonio, en la consagración o en el sacerdocio aceptando un cambio de identidad”. No quiere decir que la capacidad de entrega a la familia disminuya o que las circunstancias vitales se impongan: hay matrimonios que acogen a sus sobrinos como hijos ante una orfandad repentina o consagrados que participan de su acompañamiento.
Seguir discerniendo la vocación
Alentar a las personas solteras a prestar un servicio a la familia no implica animarlas a instalarse en este rol. El soltero tiene la tarea de discernir su vocación. Pero ¿por qué se quedan anclados en esta situación muchas personas? “Habría que ver en cada caso concreto –explica Carmen Álvarez– qué motivos llevan a una persona a dejar de discernir o de buscar la luz necesaria para encontrar su vocación.
No se pueden dar aquí recetas universales, porque lo que existe es la persona concreta, no el perfil universal de soltero. Pero, desde luego, por parte de Dios no podemos decir que no llame a alguien a nada”. A todos nos llama a una entrega total en una vocación concreta.
Puedes encontrar este artículo en el número 57 de la revista Misión.
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