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María Lacalle, Vicerrectora de Profesorado y Ordenación Académica en la UFV: «En este siglo de ideologías totalitarias, las universidades somos más relevantes que nunca»

Nos recibe en su despacho en la zona de rectorado de la Universidad Francisco de Vitoria. Se ve que su mente está en plena ebullición. Ya está pensando en el próximo congreso internacional que va a organizar en 2024. “Será sobre ecología integral, porque tenemos que superar el reduccionismo del ecologismo radical, para poner a la persona en el centro”, explica contundente.

Por Isabel Molina Estrada / Fotografía: Dani García

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Tiene una larga trayectoria en la Universidad Francisco de Vitoria. Dirige el Centro de estudios para la familia, es profesora titular de Filosofía del Derecho, y desde hace ocho años es vicerrectora de Profesorado y Ordenación Académica. Ha dirigido congresos que han marcado hitos académicos –como el de  “Mayo del 68: Una época de cambios, un cambio de época” –. Y, por si fuera poco, está al frente del Instituto Razón Abierta. Aunque esos  “encargos de gestión y de servicio han ido llegando”, María Lacalle se considera ante todo y sobre todo profesora:  “Mi forma de estar y de entender la universidad es como profesora. Eso me ayuda en este vicerrectorado, porque conozco los retos de los profesores y puedo ayudarles a desempeñar su misión”. 

¿Qué desafíos enfrentan las universidades actualmente? 

El principal es que el alumno es distinto; tiene una forma diferente de aprender. No estamos hablando solo de alumnos de 18 años, ya que existe todo un mundo de formación permanente. Además, el profesorado tiene que desarrollar competencias digitales y pedagógicas en un entorno diferente. Las nuevas tecnologías nos llevan a modelos híbridos de aprendizaje, que combinan lo presencial con lo virtual.

¿Algo más? 

Cada vez hay más entidades no educativas que ofrecen formaciones muy especializadas, con un alto nivel de empleabilidad. La pregunta entonces es: ¿qué valor aportamos las universidades? Nos toca discernir en qué innovar y qué  “esencias” conservar para no perder nuestra identidad. 

Hablando de preservar identidades, ¿está la universidad católica en España siendo fiel a su misión? 

Hace unos años asistimos a un congreso en la Santa Sede para conmemorar el 25.º aniversario de Ex Corde Ecclesiae, la constitución apostólica de Juan Pablo II sobre las universidades católicas. Convocaron a mucha gente y dieron datos del número de centros católicos –escolares y universitarios– en el mundo entero. ¡Son miles y miles!  Yo me planteaba: si todos esos centros fuéramos lo que tenemos que ser, prenderíamos fuego al mundo y, sin embargo, parece que nuestra actividad no impacta tanto. Es cierto que en España muchos estamos haciendo un esfuerzo muy grande para que la inspiración católica impregne todo nuestro quehacer universitario, ¡pero tenemos que hacer más! 

María-Lacalle
María Lacalle tiene ahora poco tiempo para dar clase, que es lo que más disfruta. Sin embargo, sigue impartiendo algunas asignaturas, como en el módulo de Bioderecho en el máster de Bioética.
¿Qué hace falta? 

¡Valentía! No valentía para enfrentarnos al mundo, porque estamos en el mundo, pero sí para mostrar la belleza de la propuesta cristiana. 

¿Cautiva esta propuesta a jóvenes que han crecido en un mundo anticatólico? 

En los años que llevo como profesora he visto una evolución. Al principio muchos alumnos venían de centros donde habían sido “catequizados” y llegaban llenos de prejuicios. Ahora vienen desde el desconocimiento absoluto. Por supuesto que hay católicos, pero la mayoría nunca ha oído hablar de Dios. ¡Parece increíble en la “España católica”! Sin embargo, para ellos el kerigma es una novedad tan grande que les impacta. En ese sentido, es más fácil porque nunca se han planteado la pregunta sobre Dios. Aquí muchos estudiantes se han bautizado, confirmado… 

Además de su ineludible vocación docente, ¿cuál es el sello que intenta imprimir a este vicerrectorado? 

En los últimos años la Universidad ha ido crecido muy deprisa. Ya tenemos más de mil profesores. El reto es tener el claustro que necesitamos para hacer las cosas bien. Hemos establecido un modelo de dedicación y de reconocimiento de perfiles, porque no todos los profesores somos iguales. Los hay más investigadores, más “alumneros”… y hay que dar espacio para que cada uno se desarrolle allí donde más puede aportar. Es un trabajo que, poco a poco, va consolidando una forma de ser profesor UFV.  

¿Logra mantener una relación  cercana con los profesores?

Lo que más me gusta de mi trabajo es precisamente esa cercanía con los profesores. Procuro estar muy disponible para ellos. La puerta de mi despacho está siempre abierta. Por eso, cuando Daniel Sada [el rector] me nombró le pedí que en la denominación del vicerrectorado el  “profesorado” fuera por delante de la “ordenación académica” –en otras universidades va al revés –, porque el pilar de una universidad no son sus edificios ni sus programas, sino sus profesores.

Comentaba que esta universidad ha crecido deprisa y sigue creciendo. ¿Qué atrae a tantos alumnos?

Dicen los que nos conocen que  “entras aquí y huele distinto”: a cercanía, acogida, amistad… Ese es un plus que atrae: la relación personal que se establece con el profesor. Nosotros hablamos de tres grandes esencias de esta universidad: la razón abierta, que es una forma distinta de abordar las disciplinas académicas; el acompañamiento; y la comunidad. Desde luego, acompañamiento y comunidad saltan a la vista y, por supuesto como universidad formamos buenos profesionales y ofrecemos una formación científica y técnica de calidad.

“En los centros católicos falta valentía para mostrar la belleza a la propuesta católica”

En un mundo cada vez más centrado en el conocimiento con fines utilitarios, una de las notas distintivas de la UFV es una presencia transversal del humanismo cristiano. ¿Qué motiva esta apuesta? 

Esa es la “razón abierta” que comentaba antes: cuando formulamos preguntas verdaderamente humanas, las ciencias particulares no nos dan respuestas, tenemos que buscar más allá: en la filosofía, en la teología. La formación humanista no es un  “pegote” que se añade, sino que se integra con la formación de cada ciencia particular. Ayer precisamente [el pasado13 de julio] el rey recibió a nuestros alumnos de Becas Europa. Fue precioso porque se expuso sin reparo a todas las preguntas. Y un alumno le preguntó qué formación se necesita para ser un buen rey. Habló de la importancia de saber Derecho, Economía, de conocer las instituciones del Estado… Y todo eso, dijo, impregnado por una visión humanista. ¡Pues eso es lo que creemos aquí!   

Fue una de las primeras voces que alertó en España desde el ámbito académico sobre la ideología de género. Hoy con la Ley trans se ve claramente que vamos adonde querían conducirnos… ¿Cuál es la vía de resistencia ante esta dramática realidad? 

La formación. No hay mejor campo de cultivo para cualquier ideología que una sociedad ignorante. Por eso, en este siglo de ideologías totalitarias, el papel de las universidades es más relevante que nunca. Hoy es fácil manipular a través de las redes y de información confusa, las universidades tenemos que enseñar a pensar. 

¿Qué aporte está haciendo la UFV en el campo de la promoción social? 

Queremos ser referente en ciencias y profesiones centradas en la persona; que nuestros alumnos ejerzan sus profesiones desde esa centralidad de la persona. No se trata solo de que hagan voluntariado, sino de que vivan su profesión en todo momento con vocación social. 

Es especialista en filosofía del derecho y ha sido una gran defensora de la vida y la familia. ¿Qué traerá para España el hecho de que en EE. UU. el Tribunal Supremo haya restablecido la protección legal del no nacido al revocar la sentencia Roe vs. Wade?

Desde luego, es muy positivo, pero no hay que olvidar que la situación en Europa es distinta. En EE. UU., aunque fueron pioneros en legalizar el aborto, el debate nunca ha muerto. En Europa, en cambio, no hay debate. La sociedad ha aceptado el aborto y se considera un asunto cerrado. Pero no solo con el aborto, también con cuestiones como el proyecto de la llamada Ley trans que está ahora en trámite en el Congreso. ¿Dónde están los colegios de médicos, las asociaciones de pediatras…? Apenas se oyen. Siempre recuerdo lo que decía el filósofo irlandés Edmund Burke: “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada”. No hacer nada es ponerle alfombra roja a estas cuestiones. La sociedad tiene que reaccionar.  

¿Cómo quisiera terminar esta entrevista?

Me gustaría resaltar que las universidades del siglo xxi, y especialmente las de inspiración católica, estamos llamadas a arriesgarnos, a salir de la zona de confort. Recuerdo las palabras de san Juan Pablo ii cuando decía que las universidades católicas tienen que abordar las dificultades de su tiempo y atreverse a proclamar la verdad, aunque sea incómoda. Eso es para mí un leitmotiv. Tenemos que abordar los problemas de nuestro tiempo desde la formación y la investigación, y atrevernos a hablar, aun a riesgo de tener problemas. 

¿Ayudaría sumar fuerza entre universidades católicas?

Ese es uno de los lastres del mundo católico en general: que somos como francotiradores. Pero cada vez somos más los que nos damos cuenta de la necesidad de trabajar juntos, y no nos cansaremos de intentarlo. 

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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