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Maria Paula Aldana

María Paula Aldana: “Dios permitió que las tentaciones volvieran para sanar mis heridas de raíz”

En su juventud ya militaba en el feminismo por la liberación sexual de la mujer, defendía públicamente el aborto y compatibilizaba una vida de éxito académico con las fiestas, las drogas y la búsqueda desenfrenada de placer sexual. Sin embargo, en la universidad su vida cambió de rumbo tras un encuentro inesperado con el Señor. Hoy, Mapi, como se la conoce habitualmente, es una de las divulgadoras internacionales más reconocidas de la teología del cuerpo. Imparte conferencias y retiros por todo el mundo sobre identidad personal, sanación de heridas afectivas y consagración de la sexualidad.

Por Isis Barajas

Con apenas 31 años, esta colombiana ha llegado al corazón de miles de personas en todo el mundo. Tras su conversión a la fe católica, abandonó su sueño de ser una magistrada adinerada y fundó “Somos Suyos”, una plataforma de formación en sexualidad y afectividad que cuenta con más de 160.000 seguidores sólo en Instagram. Desde este apostolado, acude a eventos en distintos países y crea materiales escritos y audiovisuales para profundizar en la sanación de la sexualidad y la vocación al amor. Lleva años formándose en Teología. Estudió en el Theology of the Body Institute de Christopher West y actualmente completa sus estudios eclesiásticos en la Universidad de Navarra. Hoy nos cuenta cómo ha llegado hasta aquí.

¿Qué sucedió para que Dios entrara de tal modo en su vida?

Estaba en segundo de Derecho, cuando recibí una llamada angustiada de mi padre, diciéndome que por incumplir con el pago me habían cancelado el semestre en la universidad. Mi familia estaba en bancarrota y yo no me había enterado. Mis sueños se derrumbaron. Me di cuenta de que nada de lo que sostenía mi felicidad era permanente ni realmente propio. En ese estado interior recibí la invitación de una prima para ir a un grupo de oración. Entonces me acordé de la Virgen María. De niña, mi madre me decía que me había puesto mi nombre en honor a Ella y que era mi segunda mamá. Le pedí que me acompañara y por primera vez en mi vida reconocí que necesitaba ayuda: “Los amigos se van, el dinero se pierde, la droga y el sexo no ayudan… Si Dios existe, me tiene que ayudar”.

“Mis sueños se derrumbaron. Me di cuenta de que nada de lo que sostenía mi felicidad era permanente ni realmente propio”

¿Y qué pasó ese día?

Era un grupo sencillo de la renovación carismática de Colombia, donde nadie me conocía. Después de unos minutos se acercó a mí el líder y me dijo al oído que Jesús se alegraba de verme por fin porque había estado esperándome durante mucho tiempo. Me dijo que Jesús veía mi dolor y que me amaba. No le creí. Llevaba toda mi juventud pensando lo peor de la Iglesia católica. Pero ese “te amo” de Jesús quedó resonando en mi corazón. De nuevo me acordé de María y le dije: “Si lo que este hombre acaba de decir es cierto, si ese Dios es tu Hijo, háblame y le entrego toda mi vida a tu Hijo”. Y Ella me respondió. El hombre se dio la vuelta al instante y sin haber escuchado nada de mi diálogo interno me susurró al oído: “Mi Madre, la Virgen María, me habla de ti. Cree”. Y creí. Ese viernes empezó mi camino de entregarle toda mi vida a su Hijo.

¿Qué cambios se produjeron en su vida a partir de entonces?

Al principio no muchos. Dios tiene paciencia y cuidado con los tiempos de cada uno. Los primeros meses iba cada viernes al grupo con la droga en el bolsillo. Salía del grupo y me iba a fiestas a beber porque en mi conciencia no había contradicción entre amar a Jesús y pasarlo bien sin hacerle mal a nadie. Poco a poco, fui descubriendo que el Amor lo da todo y lo pide todo. Así llegué a cuestionarme mi vocación. Entré en un convento franciscano y pasé allí dos de los mejores años de mi vida. En el silencio, la oración y el trabajo, me descubrí totalmente suya. Descubrí esa identidad que no depende de lo que hago o de las circunstancias, sino de una realidad eterna: le pertenezco por entero a Jesús. Soy suya.

Sin embargo, el convento no era su sitio.

Pensaba que aquel era el lugar más santo donde podía estar, alejado del mundo y del pecado que tanto me cautivaban. Pero no era una elección libre, era más una vía de escape. La comunidad me ayudó a reconocer que mi vocación no era la vida consagrada, aunque sí había un llamado muy grande a entregarme por Jesús para llevarlo a muchos otros. Con esta convicción dejé el postulantado para iniciar los estudios en Teología. En el camino descubrí la teología del cuerpo, empecé a evangelizar en redes sociales y Dios me ha permitido llegar a muchos lugares, países y personas predicando esta verdad: somos suyos.

“Me iba a fiestas a beber porque en mi conciencia no había contradicción entre amar a Jesús y pasarlo bien sin hacerle mal a nadie”

¿Qué hábitos o heridas han necesitado un proceso de sanación más prolongado en el tiempo?

Al irme al convento, pensé que ya todo en mí había sido sanado. Tenemos una idea un poco “mágica” de Dios; creemos que el deseo de santidad nos evita el camino de purificación. Por eso fue un shock para mí que volvieran con más fuerza que antes todas las tentaciones, deseos y pensamientos sexuales que yo creía que habían quedado atrás. No sabía si desilusionarme de Dios porque no me había sanado realmente o si rendirme por estar fuera del alcance de su acción sanadora.

María Paula durante una conferencia

¿Qué respuesta encontró?

Dios había permitido que estas manifestaciones volvieran para darme la oportunidad de dejarle sanar mi historia y mis heridas de raíz. Es fácil pensar en la conversión como un “dejar de pecar”: “Yo antes hacía esto, pero Dios me tocó y ahora jamás lo haría de nuevo”. Pero el hombre viejo vive en constante lucha en nuestro interior. Si no enfrentamos nuestra historia y no le permitimos a Dios entrar hasta la raíz, será cuestión de tiempo que estas heridas vuelvan a abrirse. Dios me había mostrado el gozo del silencio, la oración y la castidad, pero también debía mostrarme el camino interior para alcanzarlos. Quería mostrarme que detrás de mi intento desviado de satisfacer mis deseos había una búsqueda de algo realmente bueno y santo: Él mismo.

¿Cómo seguir creciendo en la vida espiritual cuando uno se siente abatido por sus heridas?

Si algo he aprendido después de 13 años caminando con Jesús en medio de mis heridas, es que subestimamos el poder del pecado en nuestras vidas. Nuestras heridas tienen capas profundas que extienden sus tentáculos en nuestra personalidad, nuestros patrones aprendidos, nuestros deseos y recuerdos vitales. Lo primero que te diría es que las tentaciones y abatimientos en la lucha espiritual te están mostrando dónde hay otra capa por desvelar, otro recuerdo por sanar, otro deseo por redireccionar. En la pedagogía divina nada se desperdicia. Hasta los pecados que más nos humillan nos permiten reconocernos hijos dependientes, débiles y necesitados del Padre. Por otro lado, así como subestimamos el peso del pecado, también subestimamos la fuerza omnipotente de la gracia divina. Su gracia es capaz de revelar la verdad de nuestra naturaleza y elevarla hasta los mayores grados de santidad. Si cooperamos con Dios, Él es capaz de transformar incluso el corazón más herido y débil.

¿En qué momento reconoció que el Señor le llamaba a una misión de evangelización?

Para mí siempre ha sido una sorpresa la llamada de Dios, pero me he dado cuenta de ella porque ha sido consistente en el tiempo y porque no ha dependido de mí. A mí no se me ocurrió un día volverme evangelizadora, tener muchos seguidores o hacer de esto una carrera. Cuando empecé a estudiar teología del cuerpo, una amiga me pidió que le enviara las reflexiones que yo hacía sobre el Evangelio en audios. Luego me pidió que lo hiciera en vídeos y me propuso abrir una cuenta en Instagram. Y acepté. Yo me dedicaba a grabar los vídeos y ella era la que manejaba la cuenta. Tres años después, ella se fue a servir en otro apostolado y me dijo: “Ahí tienes una cuenta de 80.000 seguidores”. No tenía ni idea de lo que significaba eso. Mientras me dedicaba a mis estudios, fui aprendiendo y compartiendo. Me di cuenta de que estaba resonando en la gente y llegaron las invitaciones a conferencias, a eventos… A pesar de que muchas veces no he sabido cómo, el Señor me sigue mostrando que confía en mí para esta llamada. Así surgió “Somos Suyos”, que sigue creciendo.

“La gracia es capaz de revelar la verdad de nuestra naturaleza y elevarla hasta los mayores grados de santidad”

¿Cómo evitar que esta misión pueda convertirse en una búsqueda de reconocimiento?

Este es uno de los misterios más grandes que he descubierto porque no hay un manual, nadie te enseña a evangelizar y menos en el mundo digital. Gracias a Dios, hemos ido aprendiendo mientras caminamos a poner al Señor el primero en todo, ayudados también por los consejos de pastores. Cada vez que tenemos una conferencia, un taller, un retiro… lo ponemos en manos del Señor y buscamos que sea siempre Él nuestro mensaje. Para mí lo más importante ha sido dar de lo que tengo. Por eso, hay periodos en los que estoy muy ocupada estudiando o siento que necesito recibir más del Señor. He procurado tener límites respecto a los tiempos, a no depender de modas o del algoritmo, sino simplemente dar de lo que yo estoy recibiendo en el corazón. Si por alguna circunstancia, el Señor me ha pedido parar, lo he hecho. Y si me pide seguir, sigo. Para mí es un regalo formar parte de esto.

La raíz de las heridas
Mapi asegura que ninguna persona es un caso perdido, que las heridas no nos definen y que es posible emprender un proceso de sanación integral que abarque cuerpo, alma y espíritu. “Cristo no vino a salvar almas, mentes o cuerpos; vino a redimir a la totalidad de la persona”. Para ello, es necesario recorrer un camino de sanación integral que comienza por identificar y reconocer las propias heridas, abriendo así cauce a la gracia divina. Con este propósito, desde hace tres años Somos Suyos organiza en Bogotá (Colombia) el Congreso Internacional RenaSER, un espacio de formación en afectividad y sexualidad que aborda estas cuestiones desde la teología, la psicología y la neurociencia. En su última edición, celebrada en julio, participaron más de 800 personas.

Artículo publicado en la edición número 81 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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